21/8/2019
Política

Alemania, una cultura de grandes coaliciones

El primer gran acuerdo entre democristianos y socialdemócratas cosechó éxitos económicos e inició la apertura al Este, que facilitó la reunificación años después

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Alemania, una cultura de grandes coaliciones
La canciller alemana, Angela Merkel, y el vicecanciller y ministro de Economía y Energía, Sigmar Gabriel. SEAN GALLUP / GETTY
Sin llegar, ni con mucho,  al extremo de la vecina Austria, donde esa forma de gobierno ha sido la norma y no la excepción, Alemania tiene ya una sólida cultura de grandes coaliciones a nivel tanto federal como de los Länder o estados federados.

Hubo ya un equivalente en la República de Weimar, y también, aunque por solo un periodo de medio año, en la República Democrática Alemana, tras la caída del muro de Berlín y antes de la reunificación, cuando gobernaron juntos varios partidos de distinto signo.

En la República Federal, la primera gran coalición entre las dos familias políticas mayoritarias, los cristianodemócratas de la CDU —y su partido hermano de los cristianosociales bávaros (CSU)— con los socialdemócratas del SPD, se inició en diciembre de 1966.
 
Fue una decisión que en  su momento causó irritación en círculos progresistas y uno de sus mayores críticos fue el novelista Günter Grass, que, si bien por aquel entonces no estaba afiliado al SPD, dirigió una carta de protesta al propio Willy Brandt.

La gran coalición se acordó después de que se rompiera la anterior alianza entre la CDU/CSU y los liberales (FDP) que presidía el cristianodemócrata Ludwig Erhard por una cuestión relacionada con el aumento de los impuestos, al que se oponían los liberales. 

Animadversión personal

Aquel gran pacto fue posible pese a la animadversión entre el nuevo líder cristianodemócrata, Kurt Georg Kiesinger, y el socialdemócrata Brandt, dos políticos que no podían haber tenido vivencias más diferentes: el primero había militado en el Partido Nacionalsocialista Obrero alemán de Hitler mientras que el segundo había luchado contra los nazis desde el exilio en Noruega.

El jefe de gobierno Kiesinger y el ministro de Exteriores Brandt seguían manteniendo cierta distancia respecto a la alianza y fueron sobre todo los jefes de los respectivos grupos

Tras la primera gran coalición, la CDU perdió votos y ascendió el SPD de Brandt, que fue nuevo canciller

parlamentarios, el socialdemócrata Helmut Schmidt y el cristianodemócrata Rainer Barzel, quienes trabajaron más duro para que aquella gran coalición fuera un éxito.

La presencia de alguien con un pasado turbio como Kiesinger al frente del gobierno sirvió al mismo tiempo para alimentar a la llamada oposición extraparlamentaria (APO), integrada sobre todo por intelectuales y estudiantes universitarios como Rudi Dutschke o Daniel Cohn-Bendit. Estos protestaron en la calle, entre otras cosas, contra el derecho que se reservaba el gobierno de declarar el estado de excepción en caso de graves alteraciones del orden público así como contra lo que percibían como insuficiente “desnazificación” de los órganos del Estado o incluso contra acontecimientos exteriores como la guerra de Vietnam.

Éxito económico

Aquella primera gran coalición fue vista como un éxito en los aspectos económicos gracias, sobre todo, a la estrecha colaboración entre el entonces ministro de Finanzas, el bávaro Franz-Josef Strauss, y el titular de Economía, el socialdemócrata Karl Schiller, pero también a la “acción concertada” que contó  con la participación de los sindicatos, la patronal y el Estado a sus distintos niveles.

Al mismo tiempo, en su condición de titular de Exteriores, Brandt pudo sentar entonces las bases de la que sería la política de apertura al Este (Ostpolitik), tanto a los vecinos polacos como, sobre todo, a la Alemania comunista, sin la cual habría sido imposible años más tarde la reunificación del país.

Aquella gran coalición terminó con las nuevas elecciones de 1969, cuando la pérdida de votos de los cristianodemócratas y el ascenso de socialdemócratas y de los liberales —hasta ese momento en la oposición— permitió una nueva alianza de centro-izquierda entre esos dos últimos partidos, presidida por Willy Brandt.

La segunda gran coalición, la que gobernó Alemania de 2005 a 2009, fue la encabezada por la cristianodemócrata Angela Merkel, quien pudo beneficiarse de las profundas reformas

Los críticos señalan que estos ejecutivos se escapan con más facilidad del control de la oposición

económicas y laborales acometidas por el socialdemócrata Gerhard Schröder para reducir el coste del generoso modelo social del país y que introdujeron, entre otras cosas, los minijobs y precarizaron el empleo.

Aquel nuevo gobierno, en el que los cristianodemócratas junto a los cristianosocialistas bávaros eran mayoritarios, y en el que el socialdemócrata Peer Steinbrück ocupó el ministerio de Finanzas, tuvo que hacer frente a la gran crisis financiera y bancaria y se fijó como objetivo el equilibrio presupuestario con medidas como la subida del IVA así como una nueva relación entre el Gobierno federal y los Länder

La tercera gran coalición

La tercera gran coalición, tras cuatro años de alianza entre los cristianodemócratas y los liberales, que resultó fatal para estos últimos ya que no consiguieron siquiera entrar en el Parlamento en las siguientes elecciones, se lanzó en 2013, otra vez con  Angela Merkel en la cancillería federal. Antes habían fracasado tanto la posibilidad de un gobierno de izquierdas con el SPD, los Verdes y Die Linke (La Izquierda) como la idea de que la CDU completase con los ecologistas la mayoría que le faltaba. Algo parecido había ocurrido ya en 2005, cuando habría sido aritméticamente posible  la constitución de una alianza de izquierdas que todos, sin embargo, rechazaron.
 
Pese a su posición minoritaria en el Gobierno de Angela Merkel, los socialdemócratas, con Sigmar Gabriel como vicecanciller y ministro de Economía, lograron al menos imponer un salario mínimo legal en todo el país de 8,50 euros por hora, así como algunas mejoras en las pensiones.

La tercera y actual gran coalición ha sido especialmente exitosa para la CDU de Merkel, quien, tras llevar a su partido hacia la izquierda, robó espacio a sus socios de Gobierno, que quedaron desdibujados hasta el punto de que hubo algún dirigente socialdemócrata llegó a afirmar que tal vez habría que renunciar a presentar a un candidato propio en las siguientes elecciones.

El problema de los refugiados

Esto ha cambiado, sin embargo, con la gestión que ha hecho Merkel del problema de los refugiados. La política de la Willkommenskultur (cultura de bienvenida) que trató de impulsar inicialmente se le ha vuelto en contra tras los sucesos de fin de año en la estación ferroviaria de Colonia, cuando numerosos inmigrantes, muchos de ellos borrachos, hostigaron sexualmente a las mujeres que se encontraban allí. Esos acontecimientos han causado consternación en toda Alema nia y han dado nuevos argumentos a los grupos xenófobos.

La gran coalición como sistema de gobierno ha tenido en cualquier caso siempre sus detractores. Argumentan sus críticos que, por muy justificada que esté por el deseo de estabilidad, crea un enorme  aparato de poder que apenas deja espacio para la labor de fiscalización y control que corresponde a la oposición, con lo que el gobierno no se siente en la necesidad de rendir cuentas de sus decisiones. Lo contrario de lo que sostienen quienes critican las mayorías absolutas.
 
En el caso de Alemania, por ejemplo, como denunció en su día el líder de La Izquierda, Gregor Gysi, un gobierno de gran coalición posibilita que los partidos mayoritarios se opongan a la creación de comisiones de investigación en el Parlamento, para lo cual se necesita un cuarto de los votos parlamentarios. Otros críticos señalan que la necesidad de llegar siempre a compromisos entre partidos en principio de distinta ideología hace que se diluya la política y que las medidas que se adoptan queden reducidas al mínimo común denominador, con el consiguiente peligro de que aumente la frustración en muchos ciudadanos y crezca el radicalismo entre los descontentos.