19/10/2019
Internacional

Bolkiah, el dadivoso déspota de Brunéi

El autócrata que paga 1,6 millones al año a su profesor de bádminton reformó la Constitución para introducir que “nunca se equivoca”

Georgina Higueras - 12/08/2016 - Número 46
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Bolkiah, el dadivoso déspota de Brunéi
El sultán de Brunéi, Hassanal Bolkiah, en su 68 cumpleaños en 2014. STR / AFP

Decenas de miles de banderas ondean desde el primero de julio sobre los edificios del diminuto sultanato asiático de Brunéi para festejar el 70 cumpleaños del déspota que lo dirige con puño de hierro envuelto en petrodólares. Heredero de la dinastía que gobierna el país desde hace cinco siglos, Hassanal Bolkiah ascendió al trono en octubre de 1967 tras la abdicación de su padre. Desde entonces se ha ganado la fama de ser el autócrata más dadivoso del mundo y el único que ha enmendado la Constitución de su país para introducir una enmienda que le declara “infalible”.

Vive en un palacio de 200.000 metros, 1.788 habitaciones, 290 cuartos de baños y un garaje con 5.000 coches

Buena parte de los 430.000 habitantes de Brunéi acudió a felicitar personalmente al monarca en las cuatro sesiones —una en cada distrito del sultanato— especialmente organizadas para ello. El 15 de julio, día del cumpleaños, Hassanal Bolkiah lo celebró en privado con solo unos cientos de invitados en el palacio de 200.000 metros cuadrados que mandó construir con 1.788 habitaciones, 290 cuartos de baños y un salón de recepciones con capacidad para 5.000 personas. El recinto también alberga algunos edificios gubernamentales como las oficinas del primer ministro y las de Defensa y Finanzas, cargos que el sultán ha ido acumulando.

Stephen Fry hizo campaña contra el nuevo código penal que prevé la pena de muerte para los homosexuales 

Después de que por sus fastuosas fiestas hayan desfilado divas como Faye Dunaway, Pamela Anderson o Raquel Welch, a las que agasajaba con valiosísimas joyas, el actor Stephen Fry inició en 2014 una campaña internacional de boicoteo a Hassanal Bolkiah y sus propiedades, incluidos los 10 hoteles de superlujo que posee en capitales occidentales. Fry respondía al llamamiento de Amnistía Internacional (AI) y otras organizaciones para impedir la entrada en vigor del nuevo código penal de Brunéi, que prevé la lapidación por relaciones extramaritales, la pena de muerte para homosexuales y abortistas, la amputación de extremidades y latigazos por delitos menores.

El sátrapa anunció en abril de 2014 que el país sería gobernado por la ley islámica, que introduciría en tres fases, la primera de ellas de forma inmediata. A partir de entonces es obligatorio el ayuno en Ramadán y asistir los viernes al rezo en la mezquita, y se prohibió la celebración de la Navidad y exhibir cualquier decoración que la recuerde. En un país multiétnico —66% de malayos, 11% de chinos y 23% de otras nacionalidades—, AI denuncia como “discriminatorias” esas medidas, ya que oficialmente los musulmanes ascienden al 78% de la población. Los cristianos suponen el 10% y los restantes se confiesan budistas, hindúes o de otros credos.

Con una extensión algo mayor que Cantabria, 5.765 kilómetros cuadrados, Brunéi ocupa el 0,78% de la isla de Borneo, situada en el sureste asiático, cuya soberanía también se reparten Malasia, que rodea por tierra el sultanato, e Indonesia. Su principal característica, sin embargo, es que se encuentra sobre una inmensa bolsa de petróleo y gas que convirtió al monarca en el hombre más rico del planeta cuando en 1973 los productores de crudo decidieron multiplicar su precio. Durante una década, Forbes lo mantuvo como el rico entre los ricos, pero hace tiempo que lo ha retirado de sus listas de millonarios sin dar explicaciones. La última vez que la revista lo incluyó entre las 15 familias reales más ricas fue en 2011. Entonces, tras atribuirle una fortuna de 18.000 millones de euros, indicaba: “Es uno de los escasos monarcas absolutistas aún en el poder”. Poco amante de la transparencia, todo apunta a que el sultán ha impuesto, al igual que otros millonarios de vieja alcurnia como los Rothschild y los Rockefeller, que Forbes le olvide. Bastante tuvo que exhibirse cuando en 2007 se vio obligado a recurrir al Privy Council, el tribunal británico de última instancia para Brunéi y otros países de la Commonwealth, para reclamarle a su hermano menor, el príncipe Jefri Bolkiah, la entrega de los 3.800 millones de euros acordados en el año 2000, un tercio aproximadamente de lo que sustrajo de las arcas públicas durante la década de los 90, cuando estuvo al frente del Ministerio de Finanzas. 

El tribunal falló contra el “príncipe playboy”, que se había autoexiliado en sus mansiones estadounidenses y ni siquiera se presentó al juicio, pero para que los jueces pudieran emitir su veredicto con conocimiento de causa el monarca tuvo que enviarles, según el diario The Independent, un informe de 50 páginas sobre los gastos de la corona. El documento daba cuenta de la generosidad del autócrata con su círculo más íntimo de empleados. Relataba que el primer supervisor del palacio ganaba 9,3 millones de euros anuales y el segundo, 8,4 millones. El sueldo de cada una de las cinco secretarias y encargadas de relaciones públicas ascendía a 7,5 millones de euros, aunque más llamativo era el pago de 1,6 millones de euros anuales al profesor de bádminton.

Brunéi se independizó en 1984 de la corona británica, de la que formaba parte desde 1888, cuando solicitó la protección de Londres contra los piratas y las potencias europeas que colonizaban la zona. El sultán proclamó entonces la filosofía del nuevo Estado, que denominó Melayu Islam Beraja o Monarquía Musulmana Malaya, prohibió el consumo de alcohol, impuso el velo a las mujeres y dejó claro, a través del consejo de ulemas que le asesoraba, que la religión estaba para servirle a él y no al revés. En 2006 fue más allá y reformó la Constitución de 1959 para introducir que Hassanal Bolkiah “no se equivoca nunca como persona privada ni en su capacidad oficial”. Brunéi es uno de los 10 países miembros de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN) y de los 12 firmantes del Acuerdo Transpacífico de Asociación Económica (TPP) que promueve EE.UU.

El tirano no admite disidencias

La repulsa que ha generado tanto a nivel internacional como nacional la decisión de imponer la sharía ha frenado de momento la implementación de la segunda fase, aunque públicamente nadie lo ha mencionado. El sultán ejerce su absolutismo repartiendo entre la población parte de los beneficios del crudo. Brunéi tiene la octava renta per cápita más alta del mundo, 72.000 euros anuales. La educación y la sanidad son gratuitas para todos. Existen además otras prebendas como la exención de impuestos personales, ayuda a la vivienda y subsidios a los precios del combustible y del arroz, principal alimento. Sin embargo, no hay libertad de expresión, los medios de comunicación están amordazados e internet, controlada. La divulgación de lo que el régimen considere como “noticias falsas” conlleva pena de cárcel.

El tirano no admite disidencias. Aunque los partidos políticos no funcionan propiamente, dos opositores fueron ilegalizados en 2007. El país ha permanecido décadas bajo la ley marcial después de que, en 1962, la oposición se hizo con la mayoría del Parlamento. Los resultados no se reconocieron, hubo un pequeño levantamiento y, una vez sofocado, se declaró el estado de emergencia.

Los caprichos del sultán van sobre ruedas. El garaje del palacio guarda unos 5.000 vehículos de lujo y superdeportivos tuneados y personalizados a su gusto, incluidos decenas de Aston Martin, el coche de James Bond. Destacan también 150 Rolls Royce, algunos con ornamentaciones en oro macizo, además de McLaren F-1, Ferrari, Maserati, Lamborghini y cientos de Mercedes-Benz, Bentley, BMW o Jaguar.

La reducción a 24 años de las reservas de crudo al actual ritmo de extracción y la bajada del precio han llevado a Hassanal Bolkiah a diversificar la economía. Entre otras iniciativas, quiere convertir el sultanato en centro mundial de distribución de productos halal para los 1.500 millones de musulmanes.

Padre de 12 hijos y casado tres veces, el sultán se separó de su segunda y tercera esposas y las despojó de todos los títulos que les había concedido. La primera sigue siendo la reina consorte.