16/6/2019
Política

Cataluña se apodera de la campaña

La declaración “de desconexión” de España ha colocado el desafío catalán en el centro del debate de las elecciones del 20 de diciembre y ha brindado a Rajoy la posibilidad de aparecer en el último momento como un hombre de Estado

AHORA / Rosa Paz - 06/11/2015 - Número 8
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Cataluña se apodera de la campaña
Rajoy en la rueda de prensa en la que anunció la convocatoria de elecciones para el 20-D. Sergio Barrenechea / EFE
Cataluña ha acabado por apoderarse de la campaña para las elecciones generales del 20 de diciembre. La celebración de los comicios catalanes el 27 de septiembre ya indicaba que podía ser así, pero la decisión de Junts pel Sí —la candidatura que engloba a Artur Mas y Oriol Junqueras— de aprobar de inmediato en el Parlament una declaración “de desconexión” de España cogió por sorpresa al Gobierno y a todas las fuerzas políticas. No solo situó el desafío catalán en el centro del tablero electoral, sino que ha llevado a que, por primera vez en la legislatura, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, aparezca como un hombre de Estado. Un favor que le han hecho Convergència Democràtica de Catalunya y Esquerra Republicana y sobre todo los anticapitalistas de la CUP, que son quienes han forzado la declaración rupturista como condición para la investidura de Mas, que todavía está en el aire.

Se retroalimentan

“En septiembre se decía que Rajoy, con su inmovilismo, dirigía la campaña de Mas y ahora parece que es Mas con su aventurerismo el que impulsa la candidatura de Rajoy”, comentan con ironía portavoces de los partidos de la oposición. De hecho, desde que el martes 27 de octubre Junts pel Sí y la CUP registraron en el Parlament la declaración, el presidente del Gobierno

El líder del PSOE sugirió a Rajoy que recibiera a todos los dirigentes, también a los emergentes

no ha dejado de aparecer en los medios reuniéndose en la Moncloa con los líderes del resto de los partidos, presidentes autonómicos y los representantes de la patronal y los sindicatos para transmitir la imagen de unidad frente a la secesión. Y eso que el primer día compareció para lanzar un mensaje que acabó siendo electoralista, porque dijo aquello de “mientras yo sea presidente se cumplirá la ley”, dando a entender que con otra persona al frente del Gobierno eso no ocurrirá.

Quien sugirió a Rajoy la conveniencia de recibir a todos los líderes de la oposición, incluidos los de los partidos emergentes que no tienen aún representación en las Cortes Generales, Albert Rivera de Ciudadanos y Pablo Iglesias de Podemos, fue el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, que llamó al presidente nada más conocer la declaración. 

Una iniciativa de Sánchez

El líder socialista trataba de evitar, precisamente, que Rajoy cayera en la tentación de utilizar el problema catalán para el interés electoral del PP. Empujarle a recibir a todos en busca de una respuesta conjunta es una manera de maniatarle en ese sentido y de evitar que acabe adoptando medidas unilaterales de difícil marcha atrás, como la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que supondría la intervención de la autonomía. “Existía el peligro de que el Gobierno tomara decisiones en función de lo que fueran pronosticando las encuestas”, explica un dirigente socialista que, no obstante, matiza que ese peligro “aún existe”.

La situación para los socialistas era complicada porque estaban convencidos de que el desafío independentista exigía una respuesta de todas las fuerzas políticas para garantizar a la ciudadanía que se van a respetar las leyes y las decisiones de los tribunales, pero sabían que la contrapartida era cederle el protagonismo a Rajoy a menos de dos meses de las elecciones, porque el liderazgo de esa reacción solo le podía corresponder al presidente del Gobierno. Así que han cedido el primer plano a su rival electoral, al que acusan además de haber dejado pasar cuatro valiosos años sin hacer nada para resolver el problema catalán e incluso de haber multiplicado con su inmovilismo el número de secesionistas.  
A juicio de los socialistas, y en eso coinciden el resto de los partidos de la oposición, a la respuesta común de garantía del respeto a la ley le falta, no obstante, la pata política: la invitación al diálogo y la oferta alternativa, que el PSOE concreta en una reforma de la Constitución, a la que se suma Ciudadanos y que Podemos plantea como un proceso constituyente.

Por sorpresa

El PP no ha desaprovechado la oportunidad que le han brindado los independentistas y que le ha llegado como un regalo inesperado. Aunque muchos de los candidatos de Junts pel Sí hablaban de la declaración unilateral de independencia, nadie, ni en Madrid ni en Barcelona, esperaba que fuera a plantearse tan pronto. Y de no ser por el mal resultado de esa candidatura, que necesita del voto de la CUP para la investidura de Mas, empeñado en seguir siendo presidente de la Generalitat, tampoco se hubiera producido de forma tan repentina.

Los partidos emergentes están aprovechando el protagonismo que han adquirido gracias a la crisis catalana 

Los populares, que tuvieron un pésimo resultado en las elecciones catalanas del 27-S, creen que ahora la situación les puede beneficiar electoralmente porque, si no cometen ningún error relevante, permite visualizar a Rajoy y a su partido como los garantes de la unidad y de la estabilidad institucional. Más aún cuando su estrategia de confiar todas sus expectativas electorales a la recuperación económica sigue sin calar en amplios sectores que siguen sufriendo las consecuencias de la crisis, los recortes sociales y, en particular, el paro, que subió de nuevo en octubre una vez acabada la temporada turística.

Así que para aquellos dirigentes populares que criticaban también la inacción y la falta de liderazgo de Rajoy, el desafío independentista ha supuesto un respiro porque, de pronto, permite presentar a su líder con unos perfiles políticos hasta ahora desconocidos y a ellos les devuelve la esperanza de mantenerse en el poder.
 
Los líderes de los partidos emergentes están aprovechando igualmente el nuevo protagonismo que han adquirido gracias a la crisis catalana y a sus visitas a la Moncloa. De no ser por la declaración de los independentistas hubieran tenido que esperar a que pasaran las elecciones del 20-D para aproximarse a la sede de la Presidencia del Gobierno. Pero ahora Rivera e Iglesias han adquirido visibilidad no solo como candidatos electorales, sino también como personajes necesarios para una respuesta de Estado. Los dos han sabido sacar partido de la situación, aunque cada uno en su estilo: Rivera presentándose como un político imprescindible para cualquier alternativa solvente e Iglesias marcando distancia con el bipartidismo, en particular con el PSOE, al exigir, como Alberto Garzón de IU, una consulta para que los catalanes decidan.

Además de las conversaciones con el presidente del Gobierno, los dirigentes de los partidos de la oposición también están manteniendo contactos bilaterales entre ellos, impulsados por Sánchez y Rivera, que están preparando un posible escenario posterior al 20-D.

Medirse en Cataluña

Más allá de las propuestas programáticas que están haciendo públicas estos días todos los partidos sobre multitud de cuestiones, desde la prostitución a las rentas básicas, sus líderes se han encontrado con más minutos en las televisiones y más fotografías en las primeras páginas de las que podían soñar. Y no van a dejar pasar la ocasión, azuzados, a su vez, por el empeño de los independentistas en marcar las elecciones del 20-D. Ellos también, salvo la CUP que no se presenta, están en una campaña difícil, porque al contrario que en los comicios catalanes, CDC y Esquerra concurren separados a las generales y podrán así medir su fuerza electoral. También Ciudadanos y el PSOE van a confrontar sus expectativas en Cataluña, donde el partido de Rivera obtuvo en septiembre su mejor resultado gracias al trasvase de votantes del PSC.