15/7/2020
Literatura

Contra las verdades asumidas de la retórica periodística

La economista e investigadora francesa diagnostica algunos de los problemas de la prensa escrita y propone algunas soluciones

La incapacidad de la prensa para encontrar un modelo viable tras la irrupción de internet, unida a la crisis económica y a los hábitos lectores que han traído las nuevas tecnologías han desatado la tormenta perfecta sobre los medios escritos: despidos, pérdida de calidad, de prestigio y de influencia. Además de un estado de depresión general que se ha mostrado en incontables campañas de crowdfunding para fundar medios con apelaciones tremendistas: sin periodismo no hay democracia, los demás medios no son fiables, el poder oculta verdades que solo unos pocos están dispuestos a contar.

Aunque hay algo de verdad en esos mensajes, las cosas son más complicadas, y tienen una causa más económica que política, pues el poder —cualquier tipo de poder— ha intentado siempre cooptar los medios. El poder ya no se formula ni se ejerce como antes y en esa transición los medios han perdido influencia de forma irreversible. Por tanto, si el diagnóstico de la crisis de la prensa es erróneo, es difícil que las soluciones sugeridas no lo sean también.

Salvar los medios comunicación, de la economista e investigadora francesa Julia Cagé (Metz, 1984), cuyo subtítulo da una idea de la relevancia que le concede la autora al debate: Capitalismo, financiación participativa y democracia es un análisis reposado que no pertenece a la tradición francesa del panfleto. No condiciona el análisis que la mayoría de los ejemplos que aporta sean de medios franceses o estadounidenses. Con sus matices, todos los medios escritos de los países desarrollados padecen problemas semejantes y afrontan los mismos retos, que pueden resumirse en la necesidad de ser económicamente viables manteniendo la calidad informativa.

Con matices, todos los medios escritos de los países desarrollados padecen problemas semejantes

Cagé argumenta contra algunas verdades asentadas en la nueva retórica periodística. Para empezar, esa que dice que cuantos más medios, mejor. Es lo que llama “los efectos perversos de la competencia”. “Más allá de cierto umbral, un aumento del número de medios puede contribuir a un descenso a la vez de la cantidad y de la calidad de la información producida por esos medios.” Si los periodistas son los que hacen la información y estos no aumentan sino que se reparten en más medios, la consecuencia es la pérdida de la calidad y el abuso del corta y pega de las noticias de agencia. Los periódicos se hacen más insustanciales y más parecidos. “Un mercado determinado solo puede soportar un número limitado de medios de comunicación”, escribe.

El formato no es inocente       

“Un lector en papel genera 20 veces más ingresos publicitarios que un lector en línea”, argumenta Cagé. Con escasas excepciones, de momento aún puede decirse de la prensa online lo que siempre se ha dicho de Brasil: que es el país del futuro y siempre lo será. Y no solo eso, sino que los estudios muestran que la información en papel suele ser de mayor calidad y el lector en dicho soporte y tabletas, más atento e informado. El formato no es, por tanto, una mera herramienta. La necesidad de tráfico genera noticias online que sería difícil imaginar en un periódico impreso, como la que este verano pudo verse en la home de un medio nacional respetable y online: “El PP de Jerez critica que la sala de estudio esté cerrada y el PSOE le responde que se entra por otra puerta”.

Los dos puntos anteriores llevan a la pregunta esencial: ¿han mejorado los nuevos medios escritos la información de que disponen los ciudadanos? Cagé se inclina por una respuesta crítica. En España es aún más evidente que la mayoría de los medios han sucumbido a los spin doctors de los partidos, algo que ha dado como resultado una inflación retórica en el debate que empobrece la calidad de la democracia.   

Las excepciones honrosas son importantes, aunque escasas. Los medios parecen confundidos, dando palos de ciego, y así lo harán mientras no encuentren la viabilidad económica. Algo que pasa, entre otras cosas, por desembarazarse de ilusiones que no volverán, como la influencia perdida o los elevados ingresos por publicidad.

Cagé apuesta  por redefinir las ayudas públicas a los medios y complementarlas con un nuevo estatus legal similar al de las universidades, con un modelo societario distinto, en el que el inversor no pueda retirar el capital y en el que el micromecenazgo se traduzca en poder accionarial. Más poder para trabajadores y suscriptores en detrimento del peso del inversor, que no iría en función del dinero aportado. Los votos se ponderarían para que el dinero fuera importante pero no determinante en las grandes decisiones del consejo de administración. Es decir, propone crear una estructura no cooperativista, societaria, pero matizada y corregida. 

“Un lector en papel genera 20 veces más ingresos publicitarios que un lector en línea”, argumenta Cagé

No obstante, dicha solución es la menos trasladable al debate español, pues no hay ni la conciencia social americana con el mecenazgo, ni la tradición cultural francesa. “La cuestión no es dilucidar si los medios de comunicación deben ser subvencionados o si deben recibir ayudas, sino permitirles beneficiarse de un estatus legal y fiscal favorable, en relación con su aportación a la vida democrática y, a ser posible, comparable al estatus del que desde siempre se benefician numerosos actores de la economía del conocimiento”.

Salvar los medios de comunicación
Salvar los medios de comunicación
Julia Cagé
Traducción de Joan Rimbau
Anagrama, Barcelona, 2016,
144 págs.