21/11/2017
Periodismo

El 'Ahora' de Chaves Nogales

El rotativo, de cuyo primer número se cumplen 85 años, cultivó un periodismo riguroso, analítico, responsable y pausado. Ajeno a todo sectarismo, Manuel Chaves Nogales hizo en su periódico una constante defensa del ejercicio pacífico de la política

Pilar Mera Costas - 11/12/2015 - Número 13
  • A
  • a
El 'Ahora' de Chaves Nogales
Manuel Chaves Nogales.
El primer número de Ahora salió a la calle el 16 de diciembre de 1930, a tiempo para contar las fallidas sublevaciones de Jaca y Cuatro Vientos. Desapareció en 1939, aunque desde julio de 1936 los avatares de guerra, que lo convirtieron en el portavoz de las Juventudes Socialistas Unificadas, lo habían transformado. 

Contar su historia es contar la de la Segunda República, la de un amplio sector de la sociedad española que compartía la posición del periódico. Su público, no demasiado movilizado, sentía un gran interés por la política y se situaba en un espectro ideológico extenso y diverso, con simpatías repartidas entre las diferentes formaciones que ocupaban el espacio central del sistema de partidos. Es decir, el grueso que servía de puente entre las interpretaciones de izquierda y de derecha situadas en los extremos y que fueron resbalando cada vez más hacia ellos. 

En su primer número, Ahora se declaraba monárquico, más por respeto al sistema establecido que por convencimiento apasionado. Su postura ante los hechos de Jaca, por ejemplo, fue la de condenar todo tipo de violencia y mostrarse partidario de seguir las vías legales. En su opinión, cuando la mayoría de la población quería un cambio político, este se producía, pero las transformaciones no debían llegar de la mano de una minoría que se impusiese a los demás a través de la violencia.

Por esa razón, tras la proclamación de la República se mostró respetuoso con el nuevo régimen y se dispuso a mantener la misma actitud que había mostrado en sus primeros meses de vida hacia la monarquía. Reconociendo que no había participado previamente de la “fe republicana”, el mismo 15 de abril se comprometía a defender la legalidad del nuevo sistema. “Esta es la postura digna y patriótica que creemos nuestro deber adoptar. Nos opondremos, pues, enérgicamente a toda tentativa que pueda ser obstáculo al desarrollo normal del poder constituido que es, hoy por hoy, el Gobierno de España”, afirmaba su editorial del día.

Contar la historia de Ahora es contar la de la Segunda República y la de un amplio sector de la sociedad española

Esta declaración le valió las críticas de casi todos los demás diarios. Los de orientación monárquica lo tildaron de traidor, mientras que los de izquierdas desconfiaban de su nuevo republicanismo. Sin embargo, esta actitud sintonizaba con los sentimientos de una buena parte de la sociedad: los republicanos nuevos, aquellos que hasta ese momento no se habían sentido especialmente partidarios de esta forma de gobierno pero estaban cansados de los vaivenes monárquicos y creían que España necesitaba cambiar y avanzar.

La postura de Ahora reflejaba, pues, el pensamiento de esa España que se acostó monárquica y se despertó republicana. Quizás eso explique, en parte, su gran éxito de ventas. A pesar de sus pocos meses de vida, se convirtió en uno de los diarios más vendidos del país. Junto a ABC, Heraldo de Madrid y La Vanguardia, era de los pocos que superaba los 100.000 ejemplares de difusión consolidada. 
Durante la Segunda República, el periodismo vivió una etapa de auge y esplendor. Sin embargo, la mayor parte de los periódicos que nacieron en esas fechas tuvieron una vida breve.

Ahora y el diario catalán L’Humanitat, financiado por Lluís Companys, fueron las grandes excepciones. Sostener un diario con un mínimo de atractivo para el público resultaba a aquellas alturas una empresa demasiado costosa y era inviable elaborar algo con un poco más de calado que una hoja parroquial si no se conseguía, al menos, un equilibrio entre gastos e ingresos. Los años 30 supusieron un momento de cambio para la prensa. Aunque todavía convivían dos modelos de periódico, el de opinión y el de empresa, el primero estaba abocado a desaparecer.

Por el contrario, los grandes diarios sostenidos por empresas sólidas seguían una marcha ascendente, aumentando sus tiradas y su paginación, diversificando sus secciones y abriendo su discurso para captar a un público amplio y heterogéneo.

Un nuevo modelo de periódico

Ahora, que respondía al segundo modelo, formaba parte de una gran empresa gráfica impulsada por Luis Montiel Balanzat. El grupo comenzó con una fábrica de cartón que Montiel reconvirtió en productora de papel y que supuso el principio de Papelera Madrileña Luis Montiel S.A. Su segundo paso fue comprar Gráficas Excelsior y Sucesores de Ribadeneyra. Fusionó ambas compañías en una sola empresa. Por último, fundó una fábrica de tinta: CONISA (Compañía Nacional de Industrias S.A.).

A pesar de sus pocos meses de vida, en abril de 1931 se convirtió en uno de los diarios más vendidos del país

A partir de este entramado, con el que cubría casi todas las necesidades de producción, Luis Montiel sacó a la calle un buen número de publicaciones de corte variado, como la revista gráfica y literaria Estampa; el semanario de novelas cortas La Novela Mundial; la primera revista cinematográfica española, La Pantalla, o el periódico infantil dominical Macaco. A este grupo pertenecía también un periódico que ha llegado hasta nuestros días, el diario deportivo As, que por aquel entonces tenía periodicidad semanal.

La mentalidad empresarial que impulsaba a Ahora se dejó ver incluso en su estrategia de lanzamiento. Su salida, anunciada desde meses antes en Estampa, se fue demorando con la intención de generar expectación. También se caracterizó por la apuesta por los medios técnicos más avanzados para conseguir un producto final de calidad. En sus primeros días contaba con dos rotativas con capacidad para una gran tirada, listas para imprimir previamente las páginas de fotografía y unirlas en el momento final a las de última hora. El número de rotativas se duplicó tras la sublevación de Sanjurjo en agosto de 1932.

La demanda de información por parte de los lectores, ávidos por saber qué había sucedido y qué iba a pasar, llevó momentáneamente la tirada del diario a medio millón de ejemplares y quedó claro que la maquinaria que había no era suficiente si se aspiraba a más. La publicación siguió creciendo de un modo sostenido, por lo que en julio de 1936 se disponían a introducir una quinta rotativa. El golpe militar y la Guerra Civil frustraron esta intención. 

Su recuerdo parece haberse desvanecido,  también en los relatos de lo que fue la Segunda República 

La otra gran apuesta técnica del periódico de Montiel fue la fotografía, un elemento que sus competidores, excepto ABC, su gran rival, prácticamente descartaban, tanto por falta de medios para reproducir las imágenes con calidad como por considerar que carecía de importancia. En cambio, para Ahora se convirtió en una seña de identidad y le dedicaba sistemáticamente 12 de sus páginas: la portada, la contraportada y las páginas centrales. Las llamativas imágenes del tema del día con el que se abría el número y los reportajes sobre temas curiosos, deportivos, aventuras espectaculares, moda o entretenimiento que ocupaban las páginas centrales se convirtieron en las secciones favoritas de muchos de sus lectores. Y en otra de las claves de su éxito.

Variedad de firmas

El tercer elemento característico de Ahora, y que gozó de más predicamento entre su público, fue su variedad informativa y la calidad y diversidad de las firmas de opinión. El periódico contaba con un corresponsal y un reportero gráfico en todas las capitales de provincia, así como en las ciudades medianas con mayor población, lo que le garantizaba contar con información e imágenes de primera mano con la mayor rapidez.

Para la actualidad internacional se apuntaron un tanto gracias a su contrato en exclusiva con United Press, una de las agencias estadounidenses más importantes del momento. Además, contaban con corresponsalías en Europa y diversas poblaciones americanas, y para acontecimientos puntuales recurrían a enviados especiales que podían viajar a lugares tan remotos como Shangai.

Entre las secciones más destacadas estaban las que llevaban la firma del hombre clave de la redacción: su subdirector, Manuel Chaves Nogales, que se encargaba de gestionar toda la parte periodística y de contenido de Ahora, puesto que las labores de dirección que ejercía Luis Montiel, como en el resto de sus publicaciones, se orientaban más hacia las cuestiones empresariales y económicas. Chaves Nogales cubría con sus crónicas los hechos más importantes, a menudo de carácter nacional pero también internacional.

Por ejemplo, fue el encargado de relatar la presentación de la República ante la Sociedad de Naciones, viajando a Suiza con Alejandro Lerroux, ministro de Estado del gobierno provisional. También publicó una serie de entrevistas a todos los miembros del gabinete durante diciembre de 1931, mes en el que se aprobó la Constitución republicana. Estas entrevistas tenían como objetivo dar a conocer a los diferentes ministros y sus proyectos. Su artículo sobre la Revolución de octubre de 1934, en el que narraba los acontecimientos y se manifestaba en defensa de la República y su orden constitucional, está considerado una de las piezas más destacadas del periodismo español del siglo XX.

Fue testigo excepcional de su tiempo y el reflejo de la sociedad que no tenía un partido que la representase

Chaves Nogales era un hombre de orientación liberal republicana, con simpatías hacia la Izquierda Republicana de Manuel Azaña. Desde la subdirección imprimió en la línea editorial de Ahora su pensamiento político centrista y democrático. Aunque los periódicos de empresa no fuesen portavoces de un partido y se autodenominasen diarios independientes, no carecían de una orientación ideológica. La de Ahora coincidía con los valores de Manuel Chaves Nogales, pero no se identificaba con un partido concreto, sino que ampliaba su arco también hacia el centro derecha.

Así, podían sentirse cómodos entre sus páginas desde lectores y opinadores afines a la parte más avanzada de la CEDA hasta los que simpatizaban con los sectores moderados del PSOE, pasando por quienes seguían a cualquiera de los partidos republicanos que se ubicaban entre ambos. La variedad era también una característica de la nómina de colaboradores del periódico, entre los que se encontraban Miguel de Unamuno, Pío Baroja, Azorín, Salvador de Madariaga, José Ortega y Gasset, Ramón Gómez de la Serna, Ramón María del Valle-Inclán, Niceto Alcalá Zamora, Gaziel…

Desde sus diferentes perspectivas, todos se ajustaban a una línea de pensamiento que apostaba por la tolerancia y la convivencia, denunciaba los extremismos y defendía la plena aceptación de las instituciones y de los principios del liberalismo y la democracia. Ellos y la línea editorial del diario eran especialmente críticos con las medidas que aumentaban el grado de disenso nacional, lo que les llevaba a rechazar actuaciones de los diferentes gobiernos de izquierda, centro y derecha o a denunciar la actitud y el discurso de los partidos de oposición. 

Aunque caía en cierto conservadurismo social, defendían las reformas que permitiesen avanzar hacia una sociedad más justa y, sobre todo, repudiaban cualquier tipo de revanchismo. Quizás el ejemplo más expresivo de esta actitud sea la portada que Ahora eligió el 14 de julio de 1936. Dividida en dos partes, presentaba una foto del teniente Castillo, asesinado por pistoleros de extrema derecha, junto a otra de Calvo Sotelo, asesinado en represalia por la muerte de Castillo, unidas bajo el titular: “Dos crímenes abominables”. 

Ahora fue un testigo excepcional de su tiempo y el reflejo de un gran sector de la sociedad que no tenía un partido que lo representase. Llevó a la práctica un proyecto periodístico de calidad: riguroso, analítico, responsable y pausado. Sin embargo, su recuerdo parece haberse desvanecido, como también parece difuminarse en los relatos de lo que fue la Segunda República y ese grupo social, político e intelectual que se movía en las coordenadas de un pensamiento liberal y democrático. Son casi anecdóticos los partidos políticos, movimientos, asociaciones, etc. que en la representación de la historia que elaboran desde el presente reivindican esta tradición político-intelectual.

Quizás se deba a la idea de que la simplicidad ayuda a la transmisión del mensaje y a que los símbolos rotundos y sin fisuras causan mayor impacto y movilización, a una visión romántica que se apoya en el blanco y el negro, en retratos estilizados de héroes de todo o nada. 

Merece la pena recordar que las ideas de tolerancia, el respeto por los valores democráticos o el principio de legalidad tienen una tradición en la prensa española. El propio diario se lamentaba de que recibir críticas feroces y contradictorias desde todos los rincones se convirtiese en la inevitable “tragedia de todo el que se esfuerza en mantenerse en una actitud comedida y serena en un país como el nuestro, que ama los extremismos desaforados y mira con suspicacia todo término medio”. Estaría bien que el presente consiguiese llevarle la contraria.