24/10/2020
Política

CUP, anticapitalismo y desconexión

Francesc Arroyo - 23/10/2015 - Número 6
  • A
  • a
La Candidatura d’Unitat Popular (CUP) tiene, con sus 10 diputados en el Parlamento catalán, la clave de la formación de un nuevo gobierno en Cataluña, y de ella depende también el avance o el freno al proceso independentista. Muchos ciudadanos se preguntan “quiénes son estos muchachos que tienen en vilo a los partidos mayoritarios”. No son tan muchachos. La media de edad de sus cargos está en la cuarentena y algunos llevan años de ejercicio representativo. La primera vez que la CUP irrumpió en el panorama político catalán fue en las municipales de 2003. Participaba en una docena de listas y obtuvo 10 concejales. Desde entonces, su progresión ha sido meteórica: en el año 2007 duplicaron esa cifra logrando 20 ediles que, cuatro años más tarde, en 2011, se convirtieron en 101 (más otros tres en la Comunidad Valenciana). En las municipales del pasado mayo, la  CUP pasó a tener 372 concejales y 11 alcaldías.
 
El programa político de la CUP se resume en tres elementos: independencia, socialismo y participación democrática. La independencia la reclaman para los llamados Países Catalanes, que para ellos son Andorra, Comunidad Valenciana, Baleares y Cataluña. Por Cataluña entienden las cuatro provincias más los territorios de habla catalana del sur de Francia y de la franja oriental aragonesa. Estos territorios formarían una confederación republicana.

Los pasos para la secesión que recoge su programa son: una declaración de independencia que pondría en marcha un proceso constituyente con la participación de la ciudadanía, al tiempo que se potenciarían las estructuras de estado (desde una hacienda propia hasta la judicatura) y la desobediencia a las leyes españolas vigentes que entraran en contradicción con este proceso. Finalmente, la nueva constitución sería aprobada en un referéndum vinculante.

La coalición de la que depende el nuevo gobierno de Cataluña apuesta por abandonar la OTAN, la UE y el euro 


La CUP acudió a las elecciones del 27-S con la propuesta de efectuar una “declaración unilateral de independencia” si los votos a favor de las candidaturas independentistas tenían la mayoría absoluta de los votos (el 50% más uno). Al no ser así, sus dirigentes afirmaron la misma noche electoral que daban el plan por cancelado, aunque no el trabajo para llegar a la separación.
 
Previamente tienen que apoyar la formación de un gobierno de Junts pel Sí (CDC más ERC). El principal escollo aparente es que esta formación quiere que el presidente sea Artur Mas y la CUP lo rechaza porque, en su opinión, está directamente asociado a los recortes en servicios públicos, las privatizaciones y la corrupción.

Diferencias programáticas

Pero Mas no es el único problema. Los actuales presupuestos, por ejemplo, entran en abierta contradicción con los planteamientos de la candidatura radical. De momento ya han avanzado que exigen la retirada del proyecto Barcelona World (un centro de ocio con casinos) y también que se deje de litigar para lograr la privatización de Aguas Ter-Llobregat. No son las únicas diferencias, porque la candidatura radical tiene un programa definido por su voluntad socialista y su anticapitalismo. De hecho, en su programa se definen como socialistas, anticapitalistas, feministas, ecologistas y directamente vinculados a la radicalidad democrática y la lucha contra la corrupción.

Proponen salir de la Unión Europea, por considerarla opaca y antidemocrática, salir de la OTAN y del euro. Contemplan la nacionalización de la banca así como la del sector de la energía, el agua y las comunicaciones. Entre las medidas a adoptar destacan el aplazamiento del pago de la deuda, la implantación del aborto libre y gratuito y la instauración de una renta mínima.
El programa político de la CUP propone que el catalán sea la lengua oficial única de Cataluña y defiende “el respeto” a los hablantes del castellano —y el francés en el sur de Francia— , pero no prolongar los privilegios “derivados de otros momentos históricos” y que podrían, a su juicio, “perpetuar la situación de dominio en las nuevas generaciones”. Por consiguiente, el catalán pasaría a ser lengua vehicular en las escuelas y requisito para la publicidad en la vía pública y los transportes y medios de comunicación públicos.

Prohibir el ‘bou embolat’

Entre las medidas de menor calado pero, posiblemente, de mayor impacto sobre las tradiciones, la CUP propone la prohibición de las corridas de toros y del bou embolat (actividad muy extendida en las fiestas de localidades del sur de Tarragona que se realiza con un toro en cuyos cuernos se instalan hachones encendidos). En la misma línea, se suprimirán los circos que

La CUP incluye en la independencia la franja oriental de Aragón, Andorra, Baleares y la Comunidad Valenciana

pretendan exhibir animales y las atracciones de feria que también los incluyan, así como “cualquier otro acto que suponga sufrimiento físico o psicológico para los animales”, lo que permite suponer que prohibirían también los correbous, algo con lo que nunca se ha atrevido Esquerra Republicana para no enajenarse los votos de las tierras situadas en la desembocadura del Ebro.

El programa de las CUP incluye también referencias a los países y territorios que les sirven como modelos. Cita explícitamente Venezuela, Cuba, Colombia, Palestina, Sahara, Kurdistán y Euskalherria.

Las CUP no concurren a las elecciones españolas ni europeas al considerarse ajenas a sus instituciones. Con el mismo argumento, sus entonces tres diputados (que se convirtieron en 10 el 27 de septiembre) se abstuvieron el pasado año en la votación del Parlamento catalán en la que se decidía solicitar al Congreso la autorización para un referéndum en Cataluña. Su opinión al respecto es clara: la soberanía del pueblo catalán reside en Cataluña, no hace falta permiso alguno para ejercerla.