23/4/2017
Series

David Simon, el cronista de la zona sucia

En sus reportajes, novelas y series pone el foco en las sombras e imperfecciones del sistema

Jaime G. Mora - 23/10/2015 - Número 6
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David Simon, el cronista de la zona sucia
Murdo Macleod / Polaris / Contacto
Detrás de The Wire —una de las mejores series de la historia para los críticos, una película de 66 horas según su creador— hay años y años de periodismo: los 13 que David Simon pasó cubriendo la guerra contra las drogas para The Baltimore Sun, los dos que tardó en escribir Homicidio. Un año en las calles de la muerte (Principal de los libros, 2010), después de conseguir un acceso ilimitado a una unidad de homicidios, y los cuatro que empleó en seguir a las personas cuyas vidas secuestradas por la cocaína y la heroína relata en La esquina (Principal de los libros, 2011).

The Wire es también una crónica. Es el retrato de Baltimore, una ciudad donde hace parada el autobús de la Greyhound que une Nueva York y Washington. La ciudad que define el universo del creador de series más combativo. Las tensiones raciales, el tráfico de drogas en los guetos negros, la desigualdad, la corrupción, la falta de oportunidades y la cuestionable actuación policial son los temas que Simon ha abordado en todas sus series salvo Generation Kill (2008), que trata la guerra de Irak. Lo que hay en mi cabeza es lo que he cubierto, lo que vi como verdadero o fraudulento, lo que me hizo sonreír”, dijo a Slate.

Periodista de formación 

Nacido en 1960 en Washington D.C., y nieto de emigrantes, Simon creció en una familia acomodada. Con 6 años ya discutía sobre política mientras cenaba con sus padres y sus dos hermanos. Su padre era relaciones públicas y su madre, un ama de casa, se matriculó en la universidad al mismo tiempo que su hijo. Ella se graduó summa cum laude y él con aprobados raspados: pasaba más tiempo trabajando para el periódico universitario The Diamondback que estudiando. Sus compañeros le recuerdan por sus piezas humorísticas. La pluma se le afiló en The Baltimore Sun, al que se incorporó nada más graduarse. Se ocupaba de la sección de sucesos. Era un periodista cabezón, que apuraba la hora de entrega con textos largos. Escribió sobre el consumo de cocaína y sobre operaciones policiales. Una vez comparó a un traficante con el Ricardo III de Shakespeare.

Con 6 años, Simon ya discutía sobre política mientras cenaba con sus padres y sus dos hermanos 


En 1991 publicón Homicidio. Un año en las calles de la muerte, una crónica de 704 páginas del año que acompañó a los policías que se enfrentaban en Baltimore a una media de cuatro asesinatos a la semana por disparos, cuchilladas o golpes. En 1997, junto con el expolicía Ed Burns, lanzó La esquina. A partir del retrato de la familia McCullough, padre y madre drogadictos, un hijo traficante, muestran un Baltimore desolado. “Nuestra metodología era bastante simple y podría describirse como periodismo de ‘estar por ahí y observar’. Íbamos al barrio cada día con nuestras libretas y seguíamos a la gente”, dice Simon en un apéndice de La esquina.
 
La investigación comenzó en 1992, pero no empezaron a escribir hasta 1994: “Decidimos que primero debíamos seguir a nuestros personajes durante un año para captar mejor el sentido de todas sus experiencias. Si hubiéramos llevado una investigación más corta —dice Simon— este relato estaría lleno de errores. En lugar de eso, seguimos a nuestros personajes durante más de cuatro años: un tiempo demasiado largo como para que alguien pueda mantener cualquier falsedad en su vida”.

Cuando se publicó La esquina, Simon estaba de salida en The Baltimore Sun. Para un reportero que se veía gorroneando cigarrillos a los jóvenes reporteros a cambio de batallitas de viejo plumilla, la modernización que traían William Marimow y John Carroll, nuevos responsables del periódico, era una invitación a marcharse. Esa modernización consistía en hacer el periódico rentable, cuando los diarios empezaban a dejar de serlo. En palabras de Simon a Slate, pedir a 300 reporteros que hicieran el mismo trabajo que 500: “Pura mierda. 500 reporteros son 500, 300 son 300. No puedes cubrir la ciudad de la misma manera con menos gente”. La dirección respondió que el Sun hizo buen periodismo durante los años en los que Simon, “obsesionado”, decía que lo estaban destruyendo. Carroll dijo a The New Yorker que consiguieron reflotar un “ángel caído”: “Bill Marimow ganó dos premios Pulitzer como reportero policial; David, ninguno”.

Mientras tanto, la NBC adaptó Homicidio. La serie, que emitió 22 episodios en siete temporadas, de 1993 a 1999, usó los personajes del libro de Simon, pero este no se involucró en ella hasta la cuarta temporada. Cambiaba el periodismo por la televisión. Dejaba los sucesos para convertirse en un creador de series. De Tom Fontana, productor de Homicide, Simon aprendió a escribir guiones, a tratar con los actores y, lo más importante, que para proteger sus obras debía convertirse en productor. 

El camino a la televisión

The Corner (2000) es la primera serie con la marca David Simon. Se emitió en HBO, el canal por cable que ha avalado Los Soprano, A dos metros bajo tierra o Juego de tronos. En la serie adaptó el libro que escribió con Burns. En seis capítulos cuentan la historia de Gary McCullough, un adicto con el que Simon llegó a meterse en un picadero cuando era reportero. Cuando Gary murió por una dosis letal, David y Ed estuvieron meses sin poder escribir una palabra. “Acabamos preocupándonos por muchos de nuestros protagonistas”, escribió Simon. Fran Boyd, la madre del hijo de Gary, consiguió desengancharse y terminó casándose con el hombre en el que se inspiró Simon para crear a Omar Little, el personaje favorito de The Wire  del presidente Obama. Boyd hace un cameo en The Corner y otro de sus hijos consiguió un empleo en la producción de The Wire. DeAndre, el hijo de Gary y Fran, otro de los protagonistas de The Corner, apareció también en The Wire y trabajó en el equipo de seguridad para Treme (2010-13). Pero en Nueva Orleans también había esquinas y DeAndre no lo pudo soportar. Regresó a Baltimore, pronto se metió en problemas y murió de una sobredosis de heroína. “Ey, David. ¡Qué tal! Hoy cumplo 35 años. Nunca pensésque llegaría. ¿Qué te parece?”, le escribió DeAndre a Simon poco antes de morir. Simon lo conocía desde que tenía 15 años: antes de que traficara con droga, de que se enganchara, de que fuera encarcelado, de que tuviera un hijo… “A algunos de los que sobrevivieron los consideramos amigos cercanos y apreciados. Si esto es una afrenta al periodismo, entonces el periodismo es él mismo una especie de afrenta.”
 
En 2002, con The Wire, llegó la perfección. Pese a su baja audiencia y la indiferencia de la industria, que no la premió, la serie logró colarse en el grupo de las elegidas. Homicide y The Corner son la base de los 60 episodios que destaparon las vergüenzas de un sistema que empujaba a la destrucción a quienes nacían en la esquina equivocada. En The Wire, además de los políticos, quedan en evidencia jueces, policías, profesores y periodistas. “Soy alguien que está muy enfadado con la estructura política”, dijo Simon a Slate.

En The Wire, además de los políticos, quedan en evidencia jueces, policías, profesores y periodistas


Simon, Burns, George P. Pelecanos, Richard Price y Dennis Lehane eran los guionistas de la serie. Al lugar donde se reunían lo llamaban “sala de guerra” por lo detallista que era Simon. “Se llevaba un guion a su habitación cuando la fecha de entrega era esa misma noche”, dijo Pelecanos a The New York Times: “Se metía ahí, echaba el pestillo y reescribía el guion entero”. Según Price, “hacía falta una persona con una sensibilidad por encima, un editor implacable reescribiendo”. Y ese era el cronista Simon.

¿Qué haría Shakespeare?

De The Wire los críticos han dicho que es una serie shakesperiana —cuando los guionistas se atascaban en la “sala de guerra”, Simon gritaba: “¿Qué haría Shakespeare?”. También han comparado la serie con novelas victorianas, incluso con Tolstoi. “En nuestras cabezas —dijo Simon— escribíamos una tragedia griega, pero en lugar de los dioses malhumorados y celosos lanzando relámpagos a nuestros protagonistas, los dioses eran las instituciones posmodernas.”

Después de la miniserie Generation Kill, Simon lanzó Treme. La idea de hacer una serie sobre Nueva Orleans era anterior a The Wire. Durante el rodaje de Homicide, viajó varias veces a la ciudad para reunirse con un productor. Como en Baltimore, en Nueva Orleans había una enorme disparidad económica entre clases sociales, polarización racial, corrupción municipal e infraestructuras decadentes. El huracán Katrina agravó estos problemas. Simon tenía otra oportunidad de exponer el “declive del imperio americano”. Treme muestra la Nueva Orleans posterior al Katrina, la ciudad en la que lo único que quedó en pie fue la música. La música, y no el crimen, es el tema central de la serie. “Treme es el barrio de Nueva Orleans donde nació el jazz”, dijo Simon a The New York Times.
 
Cuando presentó su proyecto a los ejecutivos de la HBO, les detalló qué música debían escuchar mientras leían el guion. Como en todas sus series, en Treme hay multitud de personajes, diálogos certeros y una acción alejada de los tópicos de Hollywood. Según dijo Simon a Slate:  “El truco para hacer buen drama es que el drama se lo tiene que ganar. Tiene que haber momentos de antidrama. No puedes hacer una buena serie basada solo en la verosimilitud, que sea puro antidrama, pero debes mostrar la vida ordinaria. En televisión eso no se suele hacer”.

En Show Me a Hero (2015), su última creación, Simon se traslada a la Yonkers de los años 80, ciudad situada en la frontera con el Bronx, en Nueva York. La serie, con el libro escrito en 1999 por la periodista Lisa Belkin como referencia, muestra en seis capítulos los enfrentamientos entre los negros y los blancos por la construcción de viviendas sociales. Seis horas con todas las obsesiones de Simon: negros devorados por la droga, tensión racial, políticos irresponsables… “Mi idea es que cuando mires atrás y veas todo lo que he hecho puedas hacerte una idea de cómo era la sociedad, qué había en juego, lo que funcionó y lo que fracasó —dijo Simon a The Washington Post sobre todas sus series—. Así libramos la guerra. Nuestras ciudades eran violentas por estos motivos. Esto es lo que fuimos capaces de hacer en el cambio de siglo.”