15/12/2019
En palabras

El ambiguo legado de Erdogan

Daniel Iriarte - 02/09/2016 - Número 49
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El presidente Recep Tayyip Erdogan va camino de convertirse en el líder turco que más tiempo ha permanecido en el poder desde el establecimiento de la moderna República de Turquía. Y dentro de poco superará incluso a su fundador, Mustafa Kemal Atatürk. En estos años, el mandatario ha superado una revuelta popular, un escándalo de corrupción de grandes proporciones y un golpe de Estado mientras ganaba referéndums y elecciones.

El AKP ha elaborado el programa “Nueva Turquía” para el centenario de la república, en 2023

Los comicios, en su mayor parte, han sido generalmente limpios, y los resultados dejan pocas dudas: si la mitad del país detesta a Erdogan, la otra mitad lo adora. A pesar del carácter cada vez más autoritario de su régimen, a la popularidad de Erdogan han contribuido muchos factores. Su Partido Justicia y Desarrollo (AKP) ha elaborado su programa alrededor de la idea de la “Nueva Turquía”, un proyecto de transformación del país de cara al año 2023, cuando se cumple el centenario de la república. Y ciertamente la Turquía que ambicionan sus líderes es un país más conservador y religioso, poblado por “una juventud piadosa”, en palabras de Erdogan, y donde las voces críticas estén reducidas a la mínima expresión. Pero también uno más moderno, dotado de infraestructuras de última generación y cuya economía se cuente entre las más robustas del planeta.

En ese sentido, las cifras aportan algunas claves: Turquía es un país diferente del que era en 2003, cuando Erdogan se convirtió en primer ministro. Aunque el crecimiento del PIB parece estancado —castigado por la fuga de capitales y la falta de inversión extranjera, consecuencia de la inestabilidad política, el aventurerismo militar y diplomático del Gobierno y el deterioro de la seguridad—, ha experimentado un auge sostenido durante una década.

En 2011, Turquía fue la tercera economía del mundo que más creció, solo por detrás de China y Argentina. De ese éxito económico se derivan gran parte de los logros de la gestión de Erdogan: la expansión del empleo, la mejora de los servicios públicos, las grandes obras de transporte y suministros, la mayor alfabetización. Incluso en áreas en las que los críticos de su Gobierno andan bien encaminados, como la discriminación femenina, el expediente de sus antecesores tampoco era muy brillante: en la Turquía de hoy hay más mujeres alfabetizadas, trabajando fuera de casa y haciendo política que antes de la llegada del AKP, a pesar de la promoción oficial de una ideología islamista que preconiza lo contrario, pero que no puede poner freno a la modernización que acompaña al desarrollo económico.

Turquía fue el país con más periodistas encarcelados en 2011, por delante incluso de China e Irán

Por eso muchos turcos están dispuestos a tolerar a Erdogan como un mal menor. Incluso tras una serie de operaciones anticorrupción contra el entorno del entonces primer ministro a principios de 2014, su partido arrasó en las elecciones locales, y él mismo fue elegido presidente ese verano con el 51,79% de los votos. Un argumento recurrente que se escuchaba en los colegios electorales es el de que todos los políticos roban, pero el partido de Erdogan, al menos, hace algo. No todos piensan así, por supuesto. La oposición al líder turco no ha dejado de crecer en estos años, pese a la represión cada vez más despiadada de la crítica. En 2011, Turquía logró el dudoso honor de ser el país con el mayor número de periodistas encarcelados, por delante incluso de China e Irán. Desde agosto de 2014, la oficina presidencial ha abierto más de 1.800 procesos por insultos al presidente, y el rebrote del conflicto kurdo ha empeorado el panorama.

Pero a pesar del descontento, en todo el espectro político turco el AKP es el único partido verdaderamente transversal, capaz de apelar a todas las clases sociales y regiones del país. A falta de una alternativa sólida, Erdogan seguirá rigiendo los destinos de Turquía durante bastante tiempo.