22/9/2019
Política

El entierro de Convergència

El partido de Mas se refunda con derrotas del ex president en el nombre y la estructura

Francesc Arroyo - 15/07/2016 - Número 42
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El entierro de Convergència
Mas, Puigdemont y Munté en el congreso de PDC. Andreu dalmau / efe
Artur Mas ya no gana ni jugando en casa. El doble encuentro celebrado para enterrar a Convergència a favor de un nuevo partido, con los mismos mimbres del anterior pero con diferente nombre, se saldó con dos derrotas. En el nombre y en lo relativo a la organización de la formación. Y aún no se ha cerrado la elección de la nueva ejecutiva, para la que busca pactos con unos y con otros con el fin de evitar una nueva derrota.

El nuevo partido se llama, de momento, Partit Demòcrata Català (PDC). El nombre elegido por Mas no era ese sino Més Catalunya. Se lo tumbaron a las primeras de cambio. Y no solo decidieron elegir otro: los asistentes al congreso le reprocharon que su actitud era escasamente democrática. Tras 400 propuestas, cribadas en diferentes votaciones, llegaron a la final tres nombres: PDC, elegido finalmente, Junts per Catalunya y Partit Nacional Català. Mas votó por el tercero. De todas formas, como lo que mal empieza tiene muchas posibilidades de acabar peor, ahí está la demanda planteada por sus socios Demòcrates de Catalunya (escindidos de Unió Democràtica), que consideran que el nuevo nombre de la vieja CDC no puede ser inscrito por las similitudes que tiene con el suyo. Como son pocos y casi todos con cargo, es posible que la sangre no llegue al río.

La nueva estructura

Lo del nombre fue un revolcón en toda regla, pero siendo grave no tiene punto de comparación con el sufrido en lo referente a la organización del partido. Mas quería una presidencia ejecutiva, con él al frente y Neus Munté como vicepresidenta, más un coordinador general (lo que en otros partidos se llama secretario general) designado por él mismo. No le ha salido nada. Será presidente del partido, pero ni él ni la vicepresidenta tendrán funciones ejecutivas; como mucho, de coordinación. Además, los militantes han decidido ponerle fecha de caducidad. Los cargos del partido tienen una duración máxima de ocho años, incluyendo en el cómputo los pasados en CDC. Esto significa que a Mas le quedan, como mucho, cuatro años más. Al ritmo de la política actual cuatro años son media eternidad, pero ahí está el aviso.

El problema más serio del nuevo partido es su definición ideol´ógica y cómo diferenciarse de Esquerra

Tampoco ha triunfado Mas en los intentos de colocar como número tres del partido (coordinador) a Jordi Turull. El presidente del grupo parlamentario de Junts pel Sí retiraba su candidatura al haber perdido peso, a pesar de que Mas sigue controlando parte del aparato. La mera existencia de varias candidaturas opuestas a sus intenciones es una clara señal de que la vida en el partido no necesita el aliento del presidente. Una de ellas, además, nacida del movimiento municipalista, cuenta con el apoyo en la sombra de Carles Puigdemont, quien se ha mantenido en todo momento casi ajeno a las batallas, como si el asunto no fuera con él. Y eso que Mas se ha cuidado de que Neus Munté siga como miembro del Gobierno, de modo que pueda marcar estrechamente a Puigdemont, por la derecha. Por la izquierda (es un decir) ya lo marca Oriol Junqueras.

Demócratas y republicanos

Pero el problema más serio que tiene el nuevo partido, se llame como se llame, es la definición ideológica. Formalmente se define como “demócrata, catalanista, independentista, europeísta y humanista”. El último adjetivo es una clara concesión al fundador, Jordi Pujol, que gustaba de declararse seguidor del filósofo cristiano Emmanuel Mounier, escasamente leído por los más jóvenes. Al mismo tiempo se declara partidario de la república catalana. Y ahí está el problema: ¿en qué se diferencia el PDC de Esquerra Republicana? La pregunta fue formulada a uno de los nuevos dirigentes durante una conferencia de prensa. La respuesta nunca llegó.

Lo cierto es que la nueva formación solo se diferencia de Esquerra en que apuesta de forma más decidida por el libre mercado y, tal vez, en los vínculos heredados a través de años de concesiones a amigos y financiadores de CDC. Justo la parte de la herencia que quiere encubrir el cambio de nombre, sin de momento lograrlo. Quiere ser transversal y retener el voto de la gente de orden que ve con recelo un cierto aventurerismo por parte de Esquerra, con el apoyo de la CUP. Pero no contribuye a ello el pacto con los antisistema que mantiene vivo a Puigdemont como presidente y que debe ser renovado en la cuestión de confianza que se votará en septiembre. Todo apunta a que la CUP permitirá a Puigdemont seguir en el Gobierno, pero dejando claro que son ellos quienes tienen la llave de su continuidad. De momento, la dirección del resto de partidos se prepara para que haya elecciones autonómicas el próximo año. El Partit Demòcrata Català ha anunciado también que no renuncia a un referéndum unilateral de independencia, una propuesta hecha hace unas semanas por la CUP. No parece una medida destinada a enfatizar un carácter transversal y moderado.

Hay quien sugiere que, a medio plazo, el futuro es claro: la fusión con Esquerra. El problema es que a Esquerra los restos de Mas no le hacen ninguna falta.