15/12/2019
Internacional

El fraude amenaza las elecciones

Los comicios del 25 de octubre cubren 1.102 municipios donde se presentan herederos de mafiosos, paramilitares y corruptos

El fraude amenaza las elecciones
Saúl Mindiola, candidato a la alcaldía de Pueblo Bello, donde hace 10 años que no hay violencia.John Otis
Trascendentales. Así han sido definidas las elecciones del 25 de octubre, cuando Colombia escogerá los gobernadores, alcaldes, diputados y autoridades locales que durante los próximos cuatro años gobernarán el país. La razón es sencilla. Hace un mes el presidente Juan Manuel Santos firmó en Cuba un acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Teóricamente en marzo de 2016 las FARC deberán cumplir lo pactado. La mayoría de los guerrilleros se desmovilizará, formará un partido político, trabajará por el país, lo reconstruirá. 

Y serán los elegidos en estos comicios quienes deberán trabajar el posconflicto. La ejecución de la paz estará en sus manos. “Mucha gente se concentra en las elecciones presidenciales, pero creo que son las locales las que deciden hacia dónde va el país”, dice a este semanal Andrés Ceballos, analista de la Misión de Observación Electoral (MOE), organización no gubernamental que lleva más de una década monitoreando las elecciones en Colombia. Su visión es compartida por el exministro de Justicia y exalcalde de Bogotá Jaime Castro. “El Gobierno ha dicho una y otra vez ‘nuestra paz es territorial’. Es decir, quienes van a construirla son los municipios y departamentos (provincias). La pregunta obvia es: ¿se va a conseguir la paz con los alcaldes y gobernadores que se elijan el 25 de octubre?.”

La trashumancia electoral es uno de los delitos más repetidos. ¿Cómo se maneja el tráfico de votos? 

Es poco probable. Hay candidatos herederos de mafiosos, paramilitares y corruptos. Y pueden ganar porque están moviendo todas las influencias y el dinero para mantenerse en el poder. Según la MOE, más de la mitad de los municipios en los que se renovarán los cargos públicos están en riesgo de corrupción. “Colombia tiene demasiados actores interesados en el poder político y en la ilegalidad. No creo que tengamos unas elecciones más libres, más transparentes”, declara a los medios locales Alejandra Barrios, directora de MOE. “Hay mucho espacio para el fraude”, agrega Ceballos. “Estas elecciones cubren 1.102 municipalidades. En las presidenciales del año pasado monitoreamos a cinco candidatos. Ahora debemos controlar a 113.000.”

Son muchas las maneras de corromper e influir para que los 14 millones de potenciales votantes escojan al candidato que le conviene a las mafias y a los políticos corruptos. Cuando un municipio, por ejemplo, tiene registrados más votantes que habitantes, ahí hay un punto de alerta. En los comicios locales de 2011, en Choachí, un pequeño pueblo en la cordillera central de los Andes donde viven 10.781 personas, votaron 11.062. Ese delito tiene nombre propio: trashumancia electoral. Y es uno de los que más se producen. 

Pueblo Bello, con 16.000 habitantes, le hace honor a su nombre. Ubicado a los pies de la Sierra Nevada de Santa Marta, el pico más alto del Caribe colombiano, allí viven los indígenas arhuacos, famosos por sus sabios. Tanto que cuando el presidente Santos ganó las presidenciales en 2010 viajó a verlos para pedirles protección. Hace 10 años que en Pueblo Bello no hay violencia. Es una especie de laboratorio de paz, una esquina de Colombia en la que se puede construir un país gobernado con nuevas y mejores  prácticas políticas. Pensando en ese futuro, por primera vez uno de los líderes arhuacos, Saúl Mindiola, ha decidido presentarse a la alcaldía. Compite con dos aspirantes tradicionales.

Tráfico de votos

Mindiola, de 29 años, estudió Administración de Empresas en Bogotá. En su campaña habla de derechos de las mujeres y temas medioambientales. Su gran temor es perder por el fraude electoral. Dice que sus competidores llevan gente a Pueblo Bello para registrar sus documentos de identidad. Los traen en autobuses, les pagan.  “No es la gente de este pueblo quien elige al alcalde, sino votantes de otras partes”, denuncia  Mindiola.

“Si ganan candidatos en contra del proceso de paz tendremos otra oleada de violencia”, advierten los pacifistas

¿Cómo se maneja este negocio de tráfico de votos? ¿Quiénes y por qué trabajan con la conciencia electoral sin pensar en el tipo de país que están gestando? Durante este reportaje con Mindiola fue posible conversar con un “colaborador electoral”, como se hacen llamar estos traficantes de votos. Pidió salir del pueblo por la noche en un coche oscuro y ser entrevistado, sin grabadora, en mitad del campo. Estaba asustado. “Soy albañil y padre de 11 hijos”, dijo. Le contrató Francisco Villazón, uno de los candidatos a la alcaldía de Pueblo Bello que compite contra Mindiola. Su trabajo consiste en traer gente de pueblos cercanos para votar por Villazón. Le pagan 150 dólares al mes. Cada votante recibe unos 15 dólares más el almuerzo el día de la elección. Si no quieren dinero, hay otras formas de comprar el voto: cemento para terminar la casa, comida, ron y hasta pañales. Los más pobres anteponen lo material a las ideas. El “colaborador electoral”, de 50 años, admite que esta práctica ha producido malos alcaldes y poco progreso. “Lo hago por necesidad. No tengo trabajo y es una forma de llevar comida a la mesa”, confiesa.

Entre la corrupción y la falta de  conciencia, el futuro se vislumbra complicado. Durante una rueda de prensa de la Fundación Paz y Reconciliación, la alerta fue clara. “Mientras la ciudadanía centra la atención en Bogotá, Cali y otras ciudades, en las regiones se imponen las mafias, y esos alcaldes y gobernadores van a liderar la paz territorial. Si vencen los que están en contra del proceso vamos a tener otra oleada de violencia”, declaró el coordinador Ariel Ávila. Habrá que ver los resultados, pero si gana un candidato como Mindiola, algo está cambiando en Colombia.