20/8/2019
Libros

El futuro está en las ciudades

El ensayo de Gaja i Díaz es un repaso de las dos pulsiones que dominan el pensamiento desde el s. XVIII, el utopismo y el catastrofismo

AHORA / Ramón González Férriz - 24/06/2016 - Número 39
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A partir de la Ilustración del siglo XVIII y de la revolución industrial que se desarrolló sobre todo en el XIX, una idea de la historia y del futuro fue impregnando la ideología dominante: era la idea del progreso. De acuerdo con ella, la especie humana había ido mejorando paulatinamente, pero el pensamiento moderno —basado no solo en planteamientos como la autonomía individual, la laicidad o la tolerancia, sino también en el método científico y el ingenio industrial— acelerarían enormemente esa mejora para dar pie a un progreso ilimitado, siempre ascendente, que sacaría a los humanos de la ignorancia y la miseria.

El resultado de ese plan fue sin duda más modesto y acarreó o perpetuó el sufrimiento de muchos, pero el proyecto moderno consiguió algunos de estos objetivos y moldeó el pensamiento durante siglos. También, afirma Fernando Gaja i Díaz en el ensayo Futurópolis, el pensamiento urbanístico: la ciudad moderna se ha basado “en tres valores fundacionales, centrales: racionalidad, desarrollismo y reformismo”, perfectamente coherentes con el proyecto de la modernidad en general.

En la línea de Morozov, Gaja afirma que las redes pueden ser una fuente de aumento de la desigualdad

El próximo paso sería ahora, como explica con cierto espanto, el de seguir mejorando la ciudad de origen industrial adaptándola al sector más pujante de la tecnología actual, que ya no es la fábrica, sino las tecnologías de la información y la comunicación. Estas pueden transformar las ciudades y adaptarlas a la “economía del conocimiento” para dar pie a una nueva edad de oro de las urbes: conectadas, democratizadas gracias a los sistemas tecnológicos de participación, ecológicas por el carácter limpio de las redes, dicen sus entusiastas. Sin embargo, esto no va a ser, ni debería ser, así: siguiendo el pensamiento de Evgeny Morozov y otros críticos, Gaja afirma que las redes pueden ser una fuente de aumento de la desigualdad, una potencial herramienta de control por parte de los estados y una máquina de desinformación masiva, y en su aplicación urbanística —las llamadas “ciudades inteligentes”, tan promocionadas por alcaldes y por empresas tecnológicas—, una tontería. Pero además de eso, la idea de progreso infinito para las ciudades es también falsa porque se ha cruzado un elemento inesperado en este camino de mejora y crecimiento constante: la posibilidad, no tan lejana, de un desastre ecológico.

Cada vez menos recursos

Puede que este desastre no sea un apocalipsis repentino y catastrófico —aunque podría serlo—, sino más bien una lenta pero constante decadencia producida por el cambio climático, la extinción de especies o la disminución de biomasa que condujeran a un colapso de la civilización como la conocemos: ya ha sucedido antes, explica Gaja apoyándose en los libros de Jared Diamond. “Con catastrofismo o sin él, con colapso o sin él, lo cierto es que la era de la gran expansión, basada en la disponibilidad de energía abundante y barata proveniente de combustibles fósiles, se puede dar por concluida. Esta breve y excepcional etapa en la historia de la humanidad de apenas dos siglos ha finalizado dejando una lamentable estela de depleción de recursos, de incapacidad del planeta para absorber los residuos, de destrucción de ecosistemas de alto valor.” Hasta ahora, dice, muchas de las soluciones ensayadas para una “ciudad ecológica, ecópolis, no pasan de ser limitadas propuestas para satisfacer un mercado emergente preocupado por lo ‘ambiental’, cuando no abiertamente sucedáneos o artimañas destinadas al mercado”. ¿Qué hacer, entonces? A eso trata de responder el último capítulo del libro, “La transición a la ciudad postfósil”, que es una respuesta no solo al mal urbanismo, sino también al sistema capitalista en general, al que responde con una serie de propuestas un poco maximalistas que no andan lejos de la utopía.

La idea de progreso infinito para las ciudades es también falsa dada la posibilidad de un desastre ecológico

Futurópolis es un librito interesante, no solo por sus razonamientos urbanísticos, sino también porque es a su modo un compendio de la historia de dos pulsiones simétricas que han dominado el pensamiento occidental desde el siglo XVIII: el utopismo y el catastrofismo. El escepticismo de Gaja frente al cientificismo es sano aunque muchas veces exagerado, y lo que plantea como pragmatismo urbanístico puede ser a veces tan abstracto y desiderativo como la retórica de los entusiastas de la tecnología. Pero es una buena lectura: en el futuro seremos, en buena medida, lo que decidamos que sean nuestras ciudades.

Futurópolis
Futurópolis
Fernando Gaja i Díaz
Diaz & Pons Barcelona, 2016
144 págs.