20/8/2019
En palabras

El largo camino hacia la igualdad

Patricia Rafael - 24/06/2016 - Número 39
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Hace 21 años 189 países aprobaron la Declaración y Plataforma de Acción de Pekín, la hoja de ruta más importante acordada a nivel internacional para promover los derechos de la mujer y la igualdad de género en todo el mundo y en todos los ámbitos de la vida. Desde entonces, gobiernos y sociedad civil han emprendido cambios y reformas importantes que han reducido la desigualdad entre hombres y mujeres, aunque más de dos décadas después ningún Estado ha logrado completar el programa entero: una tercera parte de la población femenina sufre violencia sexual o física, ellas siguen cobrando menos que ellos y están en empleos más precarios, sobre ellas aún recaen los trabajos domésticos y dos terceras partes de la población mundial analfabeta son mujeres.

Cada cinco años desde 1991, el Departamento de Economía y Asuntos Sociales de la ONU publica el informe “Las mujeres en el mundo”, una exhaustiva radiografía que sigue los principios marcados en Pekín y que pone de manifiesto no solo la persistente brecha de género entre hombres y mujeres, sino las desigualdades entre norte y sur. En el último estudio, publicado el año pasado, uno de los ámbitos en los que más se había reducido la desigualdad era en la educación primaria, prácticamente universal en todas las regiones a excepción de varios países del África subsahariana (el 75% de las niñas están escolarizadas frente al 81% de los chicos) y de Oceanía (86% de chicas frente al 91% de chicos). En educación secundaria la cifra mundial se reducía al 72% entre las alumnas frente al 74% entre los estudiantes masculinos.

Sobre ellas aún recaen los trabajos domésticos y dos terceras partes de la población mundial analfabeta son mujeres

En casi todos los países desarrollados por primera vez las universitarias superaron en número a sus compañeros, pero solo ocurrió en la mitad de las regiones en vías de desarrollo. En el África subsahariana apenas el 6% de los universitarios eran mujeres. En todos los países, pobres y ricos, ellos siguen siendo mayoría en las carreras de ciencia e ingeniería.

En el ámbito laboral, aunque la participación de la mujer se ha incrementado en los últimos 20 años, ellas suelen realizar en mayor medida los trabajos a tiempo parcial: en los países desarrollados se registran las tasas más altas (28% de las mujeres) seguidos por Latinomérica y el Caribe (26%).  La brecha salarial también se mantiene en todos los sectores económicos, y las que trabajan a tiempo completo cobran entre el 70 y 90% de lo que ganan los hombres.  En los países desarrollados, la población femenina dedica dos horas más que los hombres al trabajo no remunerado, es decir, a las tareas domésticas y de cuidado de la familia; en las zonas en vías de desarrollo ellas emplean hasta tres horas más que ellos.

En 2014 menos de un 4% de las 500 mayores corporaciones del mundo tenía al frente una mujer

El hecho de que las mujeres sigan asumiendo en solitario los trabajos domésticos es una de las principales razones por las que aún son muy pocas las que llegan a dirigir grandes empresas. El informe de Naciones Unidas ponía de manifiesto que en 2014 menos de un 4% de las 500 corporaciones  mundiales más importantes tenía al frente una mujer. En más de la mitad de las empresas del sector tecnológico no había ni una sola mujer en la junta directiva.

En el ámbito público, gracias a la puesta en marcha de cuotas de género, la representación femenina en los órganos de decisión y en los parlamentos es ligeramente mayor que en el sector privado. En la gran mayoría de los 43 estados en los que las mujeres ocupan al menos el 30% de los asientos parlamentarios existen leyes para corregir la brecha entre hombres y mujeres.