20/11/2018
Internacional

Elecciones en Guinea Ecuatorial, ¿para qué?

El partido de Obiang ha ganado todos los comicios y acapara 99 de los 100 escaños del Parlamento

  • A
  • a
Elecciones en Guinea Ecuatorial, ¿para qué?
El presidente Teodoro Obiang Nguema. MARTIN BUREAU / AFP / Getty

El pasado 11 de marzo, sin tiempo para que los partidos preparasen una campaña que les pilló en mantillas, el presidente de Guinea Ecuatorial adelantó al próximo 24 de abril las elecciones, previstas en otoño. Teodoro Obiang Nguema, de 73 años, gobierna caprichosamente el país desde agosto de 1979, cuando, siendo teniente coronel y viceministro de Defensa, derrocó la tiranía instaurada tras la independencia por su tío Francisco Macías Nguema. Aunque algunos denunciaron públicamente la ilegalidad de un decreto para el que el jefe del Estado carece de atribuciones, trascendió que Obiang reunió días antes a los dirigentes de las 14 formaciones políticas legalizadas para consensuar la fecha, sin que llegaran a un acuerdo. Once de ellas están integradas en su macrogobierno de más de 60 miembros. Las demás, que se consideran la “auténtica oposición democrática” para diferenciarse de la “radical” en el exilio, aceptaron con reticencias, acalladas por Obiang con una finta antológica: “La ley no siempre se cumple a rajatablamente”.

A principios de año, estos grupos ya expresaron su indignación por las trampas del presidente con una acerada crítica ante la clara manipulación del censo electoral, uno de los recursos habituales para consumar el pucherazo. Entre otras anomalías, los escasos 332.040 electores oficialmente inscritos apenas suponen el 27% de una población de 1.222.442 habitantes. Dato que avalaría el éxito de la campaña de los “radicales”, quienes, contra el criterio del Partido Democrático de Guinea Ecuatorial (PDGE) y Convergencia para la Democracia Social (CPDS), propugnaron desde el principio abstenerse en la “farsa electoral”. Anunciada la convocatoria, los tres grupos suscribieron un duro comunicado conjunto exigiendo la “inhabilitación” del presidente por “no cumplir ni saber interpretar la ley”. Junta electoral independiente y garantías de escrutinio público fueron otras demandas para impedir un nuevo fraude. Negociaron concurrir con un programa común en candidatura única, pero no hubo consenso. El 20 de marzo, CPDS renunciaba a participar en estas presidenciales, sumándose al boicot.

Los escasos 332.040 electores oficialmente inscritos suponen solo el 27% de una población de 1.222.442 habitantes

Decisión que invalida políticamente la convocatoria de Obiang, cuya reacción debe seguirse con atención. Para militantes y mentores, CPDS es “el primer partido de la oposición”. Fundado en 1990 por profesionales guineanos graduados en España, se confiesa socialdemócrata, goza del pupilaje del PSOE y es  miembro de la Internacional Ssocialista. Andrés Esono Ondo —sociólogo y politólogo, 55 años— accedió a la secretaría general en diciembre de 2013. Natural de Añisok (centro de la Región Continental), su principal reto es mantener la imagen de “oposición” para una agrupación considerada “colaboracionista” por sus oponentes, al poseer un único escaño otorgado en la Cámara de Representantes y en el Senado, dando cierta pátina democrática a las instituciones de la dictadura. Equilibrio aún más difícil ante la indisimulada cobertura de prominentes socialistas españoles al dictador, quien recientemente amenazó a Esono con la ilegalización si persistía en sus críticas o boicoteaba las elecciones.

Cortar los tendones

CPDS arrastra otra contradicción aparente: participó en todos los comicios anteriores y denunció después el fraude, pero aceptó resultados y prebendas, incluida la abultada financiación del Estado, que alguna fuente sitúa en 500 millones de francos CFA (unos 762.000 euros). Con esta importante decisión, Esono se desmarca de la línea de su predecesor, Plácido Mico, quien, probablemente, perderá su escaño. La conservadora Unión Popular (UP), fundada en 1990 por nacionalistas supervivientes de las purgas de Macías, se encuentra escindida; la facción liderada por el ingeniero Celestino Okenve —veterano activista, antiguo profesor en la Universidad Politécnica de Madrid— apoya a CPDS. Fuerza Demócrata Republicana (FDR), resultado de la fractura del llamado “clan de Mongomo” —Obiang juró no legalizarles— también oscila hacia CPDS, según apuntan los movimientos de su cabeza visible, el exministro de Economía Guillermo Nguema Ela.

Con la defección de CPDS y la abstención de la oposición extramuros, la pugna electoral se reduce a tres siglas, encabezadas por personas de perfil muy diferente. El Partido Democrático de Guinea Ecuatorial (PDGE), fundado por Obiang en 1986, sin ideología conocida, percibido como totalitario. Su programa es una incoherente amalgama de vaguedades demagógicas. De afiliación y cotización obligatorias, sin las cuales ningún ciudadano —extranjeros incluidos— obtiene asistencia en el precario sistema sanitario, ni un humilde empleo en el sector público o privado, el PDGE ha ganado todos los comicios con un porcentaje de votos increíble, casi un 96% en los últimos, celebrados en 2009. Su líder bordó su autorretrato en noviembre pasado, durante la ceremonia de aceptación de su enésima candidatura a la Presidencia, al instar a sus partidarios a “cortar los tendones a los ladrones”, al no poder matarlos “por eso de los derechos humanos”.

Por imposición del Gobierno, Candidatura Independiente mutó a Ciudadanos por la Innovación (CI), marcas creadas por Gabriel Nse Obiang, exteniente coronel del Ejército. Personaje controvertido, dirigió el gabinete militar del presidente. Discrepancias no políticas le condujeron al exilio en España en 2001, donde, cuatro años después, fundó CI. Natural de Nsok-Esabekang (sureste de la parte continental), regresó al país en octubre de 2014 amparado por la amnistía promulgada para facilitar un “diálogo nacional” poco  secundado, que terminó en fracaso.

Dos candidatos, Obiang y Nse Obiang, de la misma etnia, fang —mayoritaria en el país—, y de la misma provincia, Wele-Nzas, cuyo centro es Mongomo, cuna de los presidentes habidos hasta hoy y núcleo de la oligarquía dominante. El tercero en disputa, Avelino Mocache Mehenga, es, sin embargo, de etnia ndowé, combe durante la colonización. Nacido en Bata hace 58 años, la polémica lastra su biografía política. Formado como electricista en la Unión Soviética en los años 80 del pasado siglo, trabajó en una central eléctrica de su ciudad que nunca produjo suministro regular de energía. Dirigente de Acción Popular (AP), pasó al Partido del Progreso, destacando como lugarteniente de Severo Moto, del que se separó tras ser ilegalizado. Integrado en UP, fue expulsado por presión del Gobierno según unos, por “irregularidades administrativas” según otros. En 2006 creó su propio partido, Unión de Centro Derecha (UCD), apadrinado por el Partido Popular español. Obtuvo en noviembre pasado el reconocimiento oficial.