27/3/2019
Internacional

En Italia se consolida un escenario a 3 bandas

El Movimiento 5 Estrellas y el centroizquierda ganan la primera vuelta de las municipales, mientras la derecha acusa el hundimiento de Berlusconi

Marco Calamai - 10/06/2016 - Número 37
  • A
  • a
Si se miran con atención los resultados, la primera vuelta de las elecciones municipales en Italia del 5 de junio no ha deparado grandes sorpresas. La victoria en Roma de la “grillina” Virginia Raggi (con el 35% de los votos) era previsible. La ciudad de La gran belleza ha estado tan mal gobernada —sus servicios públicos están entre los peores de Europa y hay una corrupción desbordada— que sus habitantes han apostado por un cambio profundo en la gestión.

En el banquillo de los acusados está el Partido Democrático (PD) de Matteo Renzi, la formación que lleva decenios en el Gobierno de Roma y que, en el último momento, ha intentado salvar su imagen con un candidato estimado por su honestidad. Demasiado tarde para invertir una tendencia negativa que se había visto acentuada por la dimisión del alcalde Ignazio Marino, forzada desde el partido tras conocerse que pasó como gastos de representación cenas con su familia. Ahora le toca a una mujer de 37 años con poca experiencia demostrar (si, como se prevé, gana en la segunda vuelta) que es posible gobernar la capital de otro modo. Raggi tendrá que ser coherente con sus afirmaciones: solo se puede regir Roma si se establece una relación de confianza con los ciudadanos. En otras palabras: ahora el Movimiento Cinco Estrellas (M5S) tiene que probar que un cambio en el vínculo entre política y ciudadanía, tras tantas decepciones y en un contexto socioeconómico muy deteriorado, es realmente posible.

La alternativa al Gobierno de centroizquierda ya no es Berlusconi, sino los indignados del M5S

Que se trata de un desafío complicado bien lo saben las demás fuerzas políticas, que ponen su futuro en manos de otra decepción: “Hemos cometido muchos errores, pero los cometerá también Raggi”. En cuanto al partido de Renzi, los resultados no suponen una debacle —el PD pasa a la segunda vuelta en las principales ciudades (Roma, Bolonia, Milán, Turín), excepto en Nápoles, y ha ganado en la primera (con más del 50% de los votos) en decenas de municipios medianos y pequeños—, pero sí un vistoso desgaste. El activismo reformador del primer ministro convence solo en parte a quienes se sienten amenazados por un crecimiento económico débil. Por no hablar del alarmante fenómeno de la inmigración: miles de personas desembarcan casi cada día en las costas de un país que no acepta la lógica del mero rechazo seguida por otros estados europeos. Esta parte de la sociedad se reconoce solo parcialmente en las propuestas xenófobas del lepenista Matteo Salvini (Liga Norte), y parece apreciar el empeño de Renzi en buscar una solidaridad europea que por ahora no existe. En este momento el PD tiene que echar cuentas con el M5S, que avanza no solo en Roma sino también en otras ciudades de izquierda como Turín o Bolonia. En el nuevo escenario a tres bandas que, según los observadores, parece consolidarse en Italia (PD, M5S y la derecha), la eventual alternativa al Gobierno de centroizquierda de Renzi ya no es la derecha, afectada por el hundimiento de Silvio Berlusconi, sino el activismo del M5S, por el momento capaz de arrastrar incluso a esa parte de la sociedad, con los jóvenes a la cabeza, que la izquierda tradicional no parece poder interceptar en el plano cultural o ideológico.

Tendencia al clientelismo

Si quiere superar las dificultades actuales, el PD debe sacudirse la etiqueta de partido viejo condicionado por el aparato y por la eterna tendencia italiana al clientelismo. Se trata de un desafío crucial para el dinámico primer ministro, que querría evitar que el PD se contagie de la decadencia de otras fuerzas ligadas a la familia socialista y socialdemócrata europea, a la cual se ha adherido recientemente el propio PD. El inexorable declive de Silvio Berlusconi es un dato sobre el que las elecciones han arrojado luz. Sobre todo en Roma, donde la candidata de la derecha posfascista, Giorgia Melloni, ha perdido la oportunidad de superar al candidato del PD, Roberto Giacchetti, a causa de la candidatura del empresario Marchini, promovido por el propio Cavaliere en la primera vuelta. Esto ha revelado cómo el berlusconismo ha perdido su capacidad de hablar a las tripas de muchos ciudadanos.

El prócer italiano es un boxeador caduco que solo crea problemas a una derecha que trata de superar las divisiones. Berlusconi, con sus medios financieros y su inicial carisma, había conseguido un milagro político. Ahora es visto como un verdadero freno para una evolución positiva de la derecha. Los buenos resultados del frente conservador en Milán parecen más la consecuencia de la habilidad política de los milaneses de derecha que de un papel activo del magnate.

La incógnita de la Liga

Por su parte, la xenófoba Liga Norte alienta el miedo a la inmigración y al Gobierno de Renzi, al que acusa de traicionar los intereses y derechos del pueblo italiano. Salvini, líder emergente de la ultraderecha, quiere aprovechar la crisis de Fuerza Italia, la agonizante formación de Berlusconi. Su modelo es la francesa Marine Le Pen. Pero Italia no es Francia. Los secuaces de Salvini representan, por ahora, un segmento residual de la sociedad italiana, sectores populares convencidos de que solo cerrándose será posible huir de las amenazas del exterior.

Parece difícil, por el momento, que la Liga pueda superar el umbral del 15% de los votos. También que consiga cumplir el ambicioso objetivo de coagular a su alrededor a los otros grupos de derecha. No se trata, por tanto, de un frente político preocupante para el PD. El verdadero problema para Renzi está en la inquietud que perturba los sueños de los italianos y que explica, en parte, el éxito de una peculiar fuerza anti-establishment como el M5S.