19/10/2020
Cine

En los sótanos del periodismo

Spotlight recrea la investigación periodística que puso al Vaticano en jaque al destapar su actividad sistemática de abusos sexuales

Carlos Reviriego - 29/01/2016 - Número 19
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El arzobispo de Boston, Bernard F. Law, y el recién llegado director de The Boston Globe, Martin Baron, mantienen una reunión al principio de Spotlight. Es el verano de 2001. El anciano clérigo, interpretado con encanto por Len Cariou, sostiene que la única forma de que “la ciudad florezca” es que sus “grandes instituciones trabajen juntas”. La respuesta de Baron, encarnado por Liev Schreiber, no podía ser otra procediendo de un periodista: “Personalmente creo que para que un periódico funcione bien, debe trabajar solo”. Queda así expuesto el conflicto central de Spotlight, el superlativo filme de Tom McCarthy que pone su punto de mira tanto en las nobles actividades del gran periodismo de investigación como en las abominables prácticas permitidas y silenciadas por la Iglesia católica durante décadas, cuya colisión condujo a la mayor exposición pública de abusos sexuales de la curia bostoniana así como a un premio Pulitzer.
 

El actor y cineasta Tom McCarthy interpretó a Scott Templeton, el periodista corrupto de la última temporada de The Wire (2008), que en su desesperada búsqueda del reconocimiento y el “estrellato periodístico” pasaba por encima del código deontológico de su oficio. En su quinto largometraje como director entrega uno de los más encendidos tributos a la institución periodística. En la tradición del mejor cine sobre periodismo estadounidense, Spotlight encierra a sus personajes en las redacciones, en las reuniones de edición y en despachos como peceras. Pero la película se encierra sobre todo en un sótano y en una hemeroteca donde aún se trabaja con recortes, donde trabajan el director (Michael Keaton) y los tres redactores (Mark Ruffalo, Rachel McAdams y Brian D’Archy Hames) del suplemento “Spotlight” de la cabecera bostoniana, en un tiempo no tan lejano en el que un rotativo local podía permitirse tener a cuatro personas investigando durante al menos un año en un solo caso.

Han pasado apenas tres lustros y el periodismo que retrata Spotlight parece pertenecer a otro mundo. Su punto de inflexión coincidió prácticamente con los atentados al World Trade Center. La investigación al clero de la ciudad más católica de Estados Unidos debe interrumpirse bruscamente frente a la hecatombe mediática del apocalipsis neoyorquino. Todos los periodistas remaron a partir de entonces en la misma dirección, tras los pasos invisibles del terrorismo. El reporterismo online estaba apenas inventándose y su amenaza al rigor y la ética informativa solo empezaba a dar sus primeras dentelladas: transformaciones estructurales, fin del papel, huida de lectores, precarización laboral, pérdida de independencia, etc. En el sótano del “Spotlight” aún se dedicaban al periodismo de investigación.

En el homenaje y glorificación de la prensa también hay lugar para la autocrítica

La verdadera crisis de Spotlight es la que se cierne sobre la archidiócesis de Boston. La energía subterránea de la película opera como una bomba de relojería. Al cabo de la investigación, 249 curas y monjes de esa ciudad fueron públicamente acusados de pederastia. Más de un millar de víctimas denunciaron los hechos a la publicación y las investigaciones revelaron que las altas jerarquías eclesiásticas ocultaban el alcance sistémico de los crímenes de pederastia mediante un curioso proceso de traslados y bajas laborales —imposible no acordarse de El club (2015), de Pablo Larraín, que actuaría como cierto contraplano de Spotlight—, en connivencia perpetuada con los poderes fácticos de Boston, incluida la prensa.

En el homenaje y glorificación del cuarto poder que hace Spotlight también hay lugar para la autocrítica y el lamento, y eso es lo que, entre otras cosas, vincula tan estrechamente el filme con lo mejor que ha producido el subgénero a lo largo de las décadas. Spotlight no convierte a los periodistas en héroes. Los retrata sin glamour, teléfono y libreta en mano, encerrados en un archivador, pasando frío, escuchando testimonios escalofriantes, llamando a las puertas con insistencia y expulsados de los despachos. Son personajes que solo parecen existir para el trabajo, pues la película apenas muestra interés por sus vidas privadas, como si no las tuvieran. La seducción que ejerce el trabajo en la película procede de la captura detallada de un grupo de personas haciendo cristalizar la esencia de su oficio mientras trata de romper un silencio casi ancestral. El filme observa el trabajo de la prensa, por tedioso o crítico que sea, con voluntad casi etnográfica, con una clase de realismo que magnetiza al espectador quizá a pesar de sí mismo.

The Wire, la serie creada por un exredactor de larga trayectoria en The Batimore Sun, David Simon, es una referencia inevitable. Pero el código genético del filme de McCarthy busca y encuentra el pedigrí cinematográfico: el de Luna nueva (Howard Hawks, 1940), El gran carnaval (Billy Wilder, 1951), Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula, 1976), Network, un mundo implacable (Sidney Lumet, 1976), Buenas noches, y buena suerte (George Clooney, 2005), Zodiac (David Fincher, 2007) o El desafío: Frost contra Nixon (Ron Howard, 2008). Y en el reconocimiento que la Academia de Hollywood le otorga —cinco candidaturas, entre ellas a Mejor Película y Mejor Director—, está contenida la devoción por esa tradición casi exclusiva del cine estadounidense. El cine sirve aquí como el reportaje de una investigación o la investigación de un reportaje.

El linaje se revela incluso extracinematográfico. Ben Bradlee Jr. (interpretado por John Slaterry, el Roger Sterling de Mad Men), que fuera redactor en jefe de The Boston Globe durante la publicación del escándalo, es hijo de Ben Bradlee Sr., el periodista y directivo del Washington Post durante el caso Watergate. Si aquella mítica investigación hizo caer al presidente de Estados Unidos, la que emprendió el rotativo bostoniano apuntó al Vaticano, aunque no hiciera caer al papa. El arzobispo de Boston fue reasignado a la Basílica de Santa Maria la Maggiore en Roma, uno de los enclaves de mayor alcurnia en el rango eclesiástico. Al final todo consistía en que dejaran a la prensa trabajar sola.

Spotlight
Spotlight
Dirigida por Tom McCarthy Tom McCarthy
Escrita por Josh Singer y Tom McCarthy
Estreno el 29 de enero