14/12/2019
Análisis

España y el error de la ausencia política

Pese a ser el país europeo mejor situado para aprovechar la apertura de Cuba, escasea el respaldo institucional a las empresas

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España y el error de la ausencia política
Un carruaje turístico en La Habana, Cuba. JOE RAEDLE / GETTY
El pasado 8 de marzo el Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, publicaba un editorial —inédito por su contenido y extensión— en el que saludaba la próxima visita de Barack Obama con una glosa de los vínculos que unen al país con Estados Unidos, sin olvidar los motivos tradicionales de enfrentamiento (el fin del bloqueo, la devolución de la base militar de Guantánamo y la abolición de la Ley de Ajuste Cubano). El tono del texto, de una cordialidad inusitada, revela las expectativas que el viaje de Obama ha suscitado entre la población y el pueblo cubanos. La Habana, envuelta en una nube de polvo por las obras, se engalana para recibirlo.

Podría pensarse, por la secular disputa entre España y Estados Unidos por el mercado cubano, que la normalización de las relaciones diplomáticas y el tan deseable fin del bloqueo releguen económicamente a nuestro país en Cuba. En realidad es presumible que suceda justamente lo contrario. Este último capítulo de la guerra fría—inútilmente postergado— ha de procurar unas extraordinarias oportunidades de negocio para los empresarios españoles. Así lo proclamaba el Granma justo un día antes de publicar el citado editorial.

Los ridículos sueldos de los profesionales cualificados provocan una auténtica sangría migratoria

Las cifras son más que elocuentes en torno al impacto en nuestros intereses de la nueva política hacia Cuba de Estados Unidos. A lo largo del último año las exportaciones de España (el tercer proveedor de mercancías del exterior tras Venezuela y China) han crecido un 22% hasta aproximarse a los 1.500 millones de dólares. España es —de largo— el principal inversor exterior en Cuba (los desembolsos realizados por los inversores españoles representan un 69% del total). En 2015 algo más de 100.000 españoles visitaron la isla (un 40% más que en 2014). España es —también de largo— el país de la Unión Europea mejor posicionado para aprovechar las oportunidades que brinden la apertura del país. No en balde, desde 2007 cerca de 130.000 cubanos han obtenido la nacionalidad española.

El fin del bloqueo —si finalmente es aprobado— beneficiará a las empresas españolas en tanto que quedarán exoneradas de las sanciones que hoy padecen por invertir o comerciar con la isla. Pero no se ha dado el suficiente relieve al acuerdo firmado el pasado 11 de marzo entre Cuba y la Unión Europea, poniendo fin a esa hostilidad impulsada por el gobierno de Aznar. La mediación española ha sido determinante para atenuar las resistencias de Alemania y de algunos países del este, otrora amigos de la Cuba socialista y ahora presos de la pasión del converso por la democracia liberal.

La perseverancia del turismo

El renglón donde las posibilidades inversoras para España son más certeras y lucrativas es desde luego el turismo. No hay en el sector rival posible, de manera que la perseverancia de las 11 empresas que hoy operan, propietarias de un 76% de los hoteles del país, tendrán su premio en el corto plazo. Se estima que Cuba recibirá, tras ser restablecida la aviación comercial con Estados Unidos, seis millones de visitantes al año. Pues bien, el número de habitaciones de hoteles (pocos de ellos dignos de tal nombre) en La Habana no supera los 12.000. No en balde, firmas como NH, Meliá e Iberostar están levantando nuevos establecimientos de grandes dimensiones en la capital y en Varadero.

Pero las vetas inversoras no se agotan ahí. El propio Gobierno cubano las enumeró en un documento aprobado en noviembre de 2014 en el que detallaba los sectores donde la participación de capitalistas extranjeros era ahora factible. Con tal invitación —cursada muy señaladamente a España y ponderada por la CEOE en enero pasado— Cuba persigue reducir los desequilibrios estructurales que pueda producir la hipertrofia del sector terciario a causa de la eclosión del turismo. El Gobierno de Raúl Castro pretende canalizar las inversiones extranjeras hacia el complejo logístico e industrial del puerto de El Mariel, al oeste de La Habana, donde hace dos semanas una firma española, Profood Service (filial de Hotelsa), anunció el establecimiento de una planta.

En las obras de infraestructuras que la administración cubana ha de acometer inexcusablemente (para empezar, en el minúsculo aeropuerto de La Habana) pueden encontrar las empresas españolas alternativas inversoras muy halagüeñas. Otro tanto puede decirse de las comunicaciones. El Gobierno, que a comienzos de febrero dividió por tres las tarifas por el acceso a internet, anunció la semana pasada un plan de universalización de la telefonía fija y móvil que difícilmente la empresa pública ETECSA puede acometer sin auxilio financiero y tecnológico exterior. De España espera el Gobierno cubano colaboración para modernizar la industria ligera. Las exportaciones españolas (muy especialmente de productos alimenticios) han de proseguir su ritmo ascendente a causa de este aumento de los visitantes y de la similitud de los hábitos de consumo.

Pero al margen de estos grandes inversores, la diáspora de jóvenes españoles provocada por la recesión ha llegado a Cuba. Menudean en su capital establecimientos de ocio y negocios inmobiliarios de su propiedad. Existe ya una pujante y activa Asociación de Empresarios Españoles en Cuba. Las casas regionales, adormecidas durante años, acometen ahora prósperas iniciativas hosteleras.

Persisten las trabas

Sin embargo, a pesar de los cambios económicos febriles inmediatos a la celebración en 2011 del sexto congreso del Partido Comunista, todavía son muchas las trabas que obstaculizan la intensificación del comercio y la inversión españolas, y que padecen cotidianamente los ciudadanos cubanos. A pesar de la liberalización plena del suministro de mercancías alimenticias en los mercados (los conocidos “abastos”), aún se producen escaseces periódicas de algunos productos de primera necesidad justamente a causa de la demanda de los turistas, a falta de la construcción de un mercado mayorista en La Habana. Las ayudas a los cuentapropistas (en moneda nacional) son insuficientes, como parco es el desarrollo del mercado de capitales, a diferencia de otros países cuyo modelo Cuba pretende seguir (Vietnam, China o la Yugoslavia autogestionaria). Resulta perentoria también la supresión de la dualidad monetaria, ahora que el aumento de reservas lo hace factible. La riqueza creada por esta apertura económica no ha fluido de forma equitativa, ni territorial ni socialmente, a pesar de la ambiciosa reforma fiscal acometida. El fenómeno del Niño ha traído pésimas cosechas en las provincias del interior del país en los dos últimos años, atenuando la pujanza de estos cambios económicos. Pero sobre todo la pirámide salarial invertida ha hecho que solo los trabajadores vinculados al turismo se beneficien de la  prosperidad. Los ridículos sueldos de los profesionales cualificados provocan una auténtica sangría migratoria. Cuba está sufriendo una pérdida de capital humano de tamaño tal que puede comprometer la transformación económica del país a medio plazo.

Una gran  equivocación

España no puede acomodarse en esta sólida posición que hoy ostenta en Cuba y que, en parte, es fruto de la labor diplomática realizada desde la embajada en La Habana, tan discreta —a fin de evitar lecturas neocoloniales— como eficaz en el fortalecimiento de nuestra presencia económica y cultural en la isla, a fin de contener la esperada avalancha estadounidense. La Secretaría de Comercio ha visitado en varias ocasiones el país acompañando a grupos de hasta 30 empresarios españoles. El propio Mariano Rajoy recibió a finales de enero pasado al ministro de Turismo de Cuba, a quien pidió que trasmitiese un “caluroso saludo” a Raúl Castro,  y los ministros Margallo y de Guindos se reunieron el 9 de febrero con Ricardo Cabrisas, vicepresidente del Consejo de Mi­nis­tros de Cuba.  La reciente condonación de la deuda cubana ha allanado el camino a los inversores españoles, afectuosamente recibidos en la isla.

El Gobierno español cometió un error de bulto al impedir el viaje de  Juan Carlos I a Cuba el pasado verano 

Sin embargo, los empresarios españoles necesitan créditos (las cifras presupuestadas para quienes inviertan en El Mariel no superan la escuálida cifra de 40 millones de euros) y mayor respaldo institucional. Cuando todos los mandatarios europeos y americanos se apresuran a visitar Cuba (el último en hacerlo, el presidente de Perú), fue un error de bulto del Gobierno español impedir el viaje de Juan Carlos I el pasado verano. Barack Obama será el primer presidente de EE.UU. en visitar Cuba en los últimos 88 años. Lo hará el 21 y 22 de marzo. Urge que Felipe VI lo haga sin más demora.