12/7/2020
Internacional

El deshielo que llega gota a gota

Obama sabe que será difícil levantar el embargo a Cuba, negociar con su Congreso es más complicado que hacerlo con La Habana

Dori Toribio - 02/10/2015 - Número 3
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El deshielo que llega gota a gota
Un hombre celebra la restauración de las relaciones entre Cuba y EE.UU. frente a la sección de intereses de Cuba. Jim Lo Scalzo/ EFE
Poco después de su reelección en 2012, Barack Obama decidió que había llegado la hora de acabar con el incómodo último fleco de la guerra fría en América. Es en sus segundos mandatos cuando los presidentes de Estados Unidos pueden permitirse, liberados de la presión de las urnas, hacer historia en política exterior. Y había llegado la hora de poner en práctica a lo grande la acuñada como “doctrina Obama”, basada en la vuelta al tablero de juego multilateral y una apuesta firme por la diplomacia como solución a los conflictos. 

El presidente estadounidense nombró entonces a dos de sus asesores más cercanos, Ben Rhodes y Ricardo Zúñiga, como enviados personales para encabezar las negociaciones secretas con La Habana. Dieciocho meses después les convocó en el Despacho Oval. Aquella tarde del pasado diciembre Obama reunió a su equipo de confianza, levantó el auricular del teléfono con línea directa a todos los mandatarios mundiales y llamó por primera vez a Raúl Castro. Todos sintieron en aquel instante que estaban haciendo historia. Estados Unidos y Cuba anunciaron a continuación el inicio del deshielo bilateral, tras más de medio siglo sin relaciones diplomáticas. “No estoy interesado en disputas que francamente empezaron antes de que yo naciera. La guerra fría ya terminó”, dijo Obama. 

“Se aceptará la política que ya se ha hecho,  pero levantar el embargo completo no ocurrirá a corto plazo”

Casi un año después, el proceso de normalización continúa avanzando día a día. Barack Obama y el presidente de Cuba se reunieron en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas, sellando ante el mundo el acercamiento histórico entre ambos países. Quizá no fue una cita tan romántica como su primera reunión oficial en abril durante la Séptima Cumbre de las Américas, en la que Castro confesó su admiración por Obama, “un hombre honesto”.  Pero sí fue el encuentro más simbólico, el primero en suelo estadounidense. Un gesto de compromiso mutuo en la sede de la diplomacia mundial ante los ojos del planeta, además de una herramienta de presión al Congreso de Estados Unidos, en manos republicanas, que guardan a puño cerrado la llave para desbloquear el mayor obstáculo hacia la normalización plena de las relaciones bilaterales: el levantamiento del embargo a Cuba. Solo el Congreso puede hacerlo. No es un detalle menor que Obama y Castro reclamaran lo mismo, desde el mismo podio y en la sede de la misma institución internacional que lleva dos décadas votando anualmente por abrumadora mayoría a favor del fin del embargo a Cuba. 

Levantamiento del embargo

“Estoy seguro de que nuestro Congreso levantará inevitablemente un embargo que ya no debería existir”, dijo Obama ante la ONU. “La normalización plena solo se alcanzará cuando se ponga fin al bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba”, añadió Raúl Castro en su discurso, en el que también reclamó la devolución del “territorio ocupado ilegalmente por la base naval de Guantánamo, el cese de las transmisiones de desestabilización contra Cuba y que se compense a nuestro pueblo por los daños humanos y económicos que aún sufre”. Las últimas condiciones no serán consideradas de momento. Toda la atención política se centra en el levantamiento del embargo. 

El Congreso evita desde hace meses reaccionar ante la creciente presión. La mayoría de republicanos y algunos demócratas, sobre todo los de origen cubano-estadounidense, han presenciado con horror cada éxito en el camino hacia la normalización de las relaciones bilaterales: el intercambio de prisioneros, la eliminación de Cuba de la lista de países terroristas, la nueva ronda de flexibilización del embargo firmada por Obama y la apertura de las respectivas embajadas en Washington y La Habana. Pero los reproches previos han ido bajando el volumen poco a poco. “La presión está creciendo. Lo que veremos ahora es una aceptación de la política que ya se ha hecho y eso es un avance. Pero levantar el embargo completo no ocurrirá a corto plazo”, asegura Carl Meacham, director del programa Américas del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS). 

Los republicanos, en contra

Muchos republicanos, sumergidos en la campaña electoral hacia las primarias del partido, creen que Obama ha dado carta blanca a los Castro sin pedir garantías de derechos humanos o cambios democráticos en la isla. “El embargo niega dinero que puede ser usado para reprimir más”, insiste el presidenciable senador republicano por Florida de origen cubano, Marco Rubio. “Gracias al presidente Obama y a Hillary Clinton ahora tenemos la bandera estadounidense ondeando en la Embajada de La Habana, pero sin nada a cambio. Y varios disidentes fueron encarcelados tres días después de que retomáramos las relaciones diplomáticas con Cuba”, añadía su mentor, el exgobernador de Florida Jeb Bush, tras inaugurar el cuartel general de su campaña en Miami.

Los empresarios estadounidenses temen que Brasil o Venezuela se hagan con el mercado cubano  

Clinton tardó poco en responder. También desde Florida, la exsecretaria de Estado y candidata a las primarias demócratas aseguró comprender “el escepticismo de esta comunidad ante cualquier política de interacción con Cuba. Yo también era escéptica, pero no podemos esperar más a que una política fracasada dé resultados”. Clinton promete continuar con este legado de Obama si llega a la Casa Blanca en 2016. “Ya no se puede mirar atrás.” Las encuestas dibujan hoy un país distinto, con una mayoría de estadounidenses a favor del fin del embargo por primera vez en la historia, incluida Florida (con la población cubano-estadounidense más importante del país, que está viviendo una significativa renovación generacional). Cuba tampoco es la misma tras los sucesivos golpes de apertura del último lustro.

Los empresarios de EE.UU. comienzan a temer que Brasil o Venezuela se hagan con el mercado cubano si Washington no reacciona a tiempo. También su influencia política en Latinoamérica se vería perjudicada. El embargo ya ha perdido la esencia con la que nació. 

Socios comerciales

Estados Unidos está entre los cinco principales socios comerciales de Cuba, que recibe un 6,6% de importaciones agrícolas de su vecino del norte. Y los cubanos que viven en EE.UU. envían unos mil millones de dólares al año a la isla en remesas. Se estima que unos 80.000 estadounidenses visitan Cuba cada año, cifra que ha aumentado un 35% desde enero. 

“Seguiremos viendo cambios y adelantos que ayudan a afianzar esta nueva etapa paso a paso. Lo cierto es que las fuerzas de la obstrucción, de las detenciones arbitrarias, de quienes quieren mantener el embargo, están perdiendo. Esta apertura nos acerca y será muy difícil de frenar”, explica Luis Miranda, exportavoz hispano de la Casa Blanca, que trabajó como asesor de los nuevos grupos de sociedad civil que favorecen la normalización, como Engage Cuba, hasta ser nombrado recientemente nuevo director de comunicaciones del Partido Demócrata. 

Obama seguirá insistiendo. Es optimista. Como él mismo repite, quiere pasar al lado correcto de la historia. Y siempre podrá decir que al menos lo intentó. “Él no es el dueño de las trabas. Las trabas las presenta el Congreso, y con eso puede decir que un Congreso republicano es el impedimento, y no él”, concluye Meacham. El presidente sabe que será difícil levantar el embargo antes de que concluya su mandato. Negociar con su propio Congreso está resultando más complicado que hacerlo con La Habana. Y más ahora que los republicanos están sumidos en una crisis interna de liderazgo, propiciada por los extremos ultraconservadores del partido, y se avecina la campaña electoral hacia las presidenciales de 2016.