19/6/2019
Opinión

Estados Unidos es un espectador de la crisis de los refugiados

Su desentendimiento es una gran decepción para los europeos, que ven a un Gobierno que mira hacia Asia y no entienden que haya olvidado a Europa, socio comercial y aliado estratégico

Michael Ignatieff - 05/02/2016 - Número 20
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Estados Unidos es un espectador de la crisis de los refugiados
FEDE YANKELEVICH
El mar Egeo es frío y oscuro en este momento del año, pero los refugiados siguen llegando. Cada semana se ahoga alguien, con frecuencia un niño, pero los refugiados asumen el riesgo del viaje con el fin de llegar al puerto seguro de Alemania. Otra gente desesperada, que huye del caos en África, lo arriesga todo para llegar de Libia a Italia. Esta marea humana de sirios, afganos, iraquíes, eritreos y otra docena de nacionalidades representa el mayor movimiento de gente desde la Segunda Guerra Mundial.

La Unión Europea se está derrumbando bajo la presión. Los esfuerzos para compartir la carga y preservar la libertad de viajar sin fronteras están fracasando. Se están levantando alambres de espino en todo el continente. Suecia dice que no asumirá a más gente, Austria dice lo mismo y todo el mundo está a la espera de que Angela Merkel cierre las fronteras de Alemania de una vez.

¿Y qué hace Estados Unidos? Seamos generosos. Estados Unidos es quien más dona a las agencias humanitarias que atienden a más de cuatro millones de refugiados en Líbano, Jordania y Turquía. El secretario de Estado, John Kerry, está tratando de iniciar conversaciones de paz en Viena para que la guerra termine y los refugiados puedan volver a casa. Nadie cree que eso vaya a suceder pronto.

Lo que Estados Unidos no está haciendo es asumir su parte de refugiados. En cuatro años de sangriento conflicto ha concedido asilo a apenas 2.000 sirios. Eso es menos que el número que llega a Alemania cada día. El presidente Obama ha anunciado un aumento de la cuota de refugiados sirios de hasta 10.000 al año, pero los republicanos en el Congreso, junto a algunos demócratas, están intentando que sea imposible aceptarlos, y algunos gobernadores quieren cerrar a cal y canto la puerta de sus estados.

Acelerar el flujo de refugiados a EE.UU. enviaría un mensaje de apoyo a aliados como Hollande o Merkel

Tras los asesinatos de San Bernardino, Donald Trump dijo que no solo impediría la entrada de refugiados, sino la de todos los musulmanes. Si consigue lo que quiere con la opinión pública, el país más poderoso de la tierra, el que tiene el mejor historial de acoger refugiados, estará diciéndole al mundo que está tan asustado que no puede estar a la altura de sus mejores tradiciones.

En qué país tan pequeño se ha convertido Estados Unidos.

Un gran país aceptaría a los refugiados musulmanes y diría a los terroristas de Estado Islámico: no nos vais a aterrorizar para que hagamos lo incorrecto. Un gran país estaría junto a sus aliados en Europa y Oriente Medio y les ayudaría a gestionar la situación. El país que tenemos es un espectador.

Estados Unidos tiene un gran corazón, pero después de San Bernardino quiere asegurarse de que la generosidad con los refugiados no lo ponga en riesgo. En un estudio para el Shorenstein Center de la Kennedy School, un grupo de investigación de profesores y estudiantes bajo mi dirección ha desarrollado una detallada propuesta para investigar a los refugiados en campamentos de Turquía, Líbano y Jordania, llevarles en avión a instalaciones militares seguras en Estados Unidos y completar su investigación antes de introducirlos en los grupos comunitarios que han demostrado que pueden integrar con éxito a refugiados. Este es el modelo que Estados Unidos aprobó en 1999, cuando llevó a 4.000 refugiados de Kosovo a Fort Dix, Nueva Jersey, y los investigó allí antes de llevarlos a sus nuevas casas, repartidas por todo Estados Unidos. Lo que un gran país hizo entonces puede volver a hacerlo ahora.

Acomodar con éxito a los refugiados contradice los mensajes de odio de Estado Islámico y lanza uno de esperanza. Ayudará a reducir la radicalización en los campamentos de refugiados y, cuando la guerra termine y muchos de ellos regresen a su país, recordarán que Estados Unidos estuvo a su lado en tiempos de necesidad.

Acelerar el flujo de refugiados a Estados Unidos manda también un relevante mensaje de apoyo a aliados europeos como la canciller alemana Angela Merkel o el presidente francés François Hollande, que se arriesgan a quedar sepultados bajo una creciente oleada derechista que no solo es antirrefugiados, sino antiestadounidense.

Aunque es quien más dona a las agencias humanitarias, en 4 años solo ha concedido asilo a 2.000 sirios

El desentendimiento estadounidense ante esta crisis es una asombrosa decepción para los europeos que recuerdan un tiempo, tan reciente como 1995, en que el liderazgo estadounidense puso fin a la guerra de Bosnia. Los europeos ven a un gobierno que pivota hacia Asia y no pueden entender cómo se ha olvidado de que Europa sigue siendo un socio comercial vital y su más importante aliado estratégico.

Dando la bienvenida a más refugiados, financiando completamente los campamentos en Turquía, Jordania y Líbano y haciendo todo lo posible para conseguir un alto el fuego en Siria, Estados Unidos podrá revivir su alianza con el Viejo Continente, estabilizar a amigos como Angela Merkel —que pueden perder el poder— y mandar un mensaje de que sigue listo para defender Europa.

Imaginemos cómo ve Vladimir Putin la crisis de los refugiados. Cuanto peor esté Europa occidental, más fácil le resultará dividir Ucrania en dos, intimidar a los estados bálticos y socavar a su capricho los pueblos libres que Estados Unidos construyó sobre las ruinas del imperio soviético. Una política de refugiados generosa no es solamente una forma de sentirse mejor. Es una forma de que Estados Unidos mantenga su liderazgo en un mundo peligroso.

Texto publicado en The Boston Globe
Traducción del inglés de Luisa Bonilla