26/11/2020
Europa

Europeas en la yihad: el anhelo del martirio

El mito de la novia yihadista obvia los motivos ideológicos de estas mujeres que sueñan con una inmolación que aún les está vedada

Trinidad Deiros - 06/11/2015 - Número 8
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Europeas en la yihad: el anhelo del martirio
Una detenida en Melilla en una operación contra una red de captación y envío de mujeres a la organización terrorista Estado IsláF. G. Guerrero / EFE
María Ángeles C.M., la musulmana conversa detenida el 22 de octubre en Barajas cuando pretendía viajar a Siria, supuestamente para unirse a la organización terrorista Estado Islámico (EI o ISIS), ha adquirido en los medios de comunicación los rasgos de la víctima, de la ingenua a la que lavan el cerebro a través de internet para que abrace la causa yihadista. Todo “por amor”, porque había sido “seducida por un egipcio y cortejada por tres pretendientes”. 

Un retrato que casa a la perfección con lo que la prensa británica define como jihadi brides, las novias yihadistas, el estereotipo de una occidental que viaja a la guerra siria o a Irak para casarse con un muyahidín, un guerrero de la yihad. “Del Rocío a Raqqa [la capital del autoproclamado Estado Islámico] por amor”, sentenciaba un medio de comunicación, mezclando esta romería y los trajes de faralaes (la detenida es originaria de Almonte, el municipio onubense que alberga la ermita del Rocío) con el bastión terrorista en Siria. Luego se definía a la mujer, de 21 años, como una persona “sin futuro”, obviando sus estudios de formación profesional, que era activa en internet o que domina lo suficiente el inglés como para comunicarse con sus contactos virtuales en la organización terrorista. 

En esta historia con tintes de cuento orientalista —la cristiana que se convierte por amor y luego es raptada por un musulmán— apenas sí se ha mencionado que de entre todos los temas de los que la joven hablaba con sus interlocutores, la policía destacó dos que no remitían precisamente a las cartas de amor: la responsabilidad de Occidente en la guerra en Siria y el papel de las mujeres en la construcción del califato, dos asuntos de carácter político que confirman las conclusiones de un estudio del Instituto para el Diálogo Estratégico (ISD en sus siglas en inglés) y el Centro Internacional para el Estudio de la Radicalización del King’s College de la Universidad de Londres. 

Este documento titulado “Convertirse en Mulan [el personaje de la película de Disney]: mujeres occidentales que emigran a ISIS” resume las motivaciones de estas mujeres. Son tres: la percepción de que la comunidad musulmana (la Umma) es víctima de la opresión y que su supervivencia está amenazada por Occidente, la utopía de la construcción de un mundo justo para los musulmanes bajo la ley de Alá (el califato de Estado Islámico) y razones de identidad personal y religiosa. El informe se basa en el seguimiento del discurso reflejado en redes y foros sociales de más de 100 perfiles de occidentales que se han unido a EI.

Carola García-Calvo, investigadora del programa de terrorismo global del Real Instituto Elcano, es una de las escasas estudiosas dedicadas a analizar el papel de la mujer en la yihad, en parte porque este fenómeno es novedoso en nuestro país y también porque la participación femenina en los movimientos terroristas ha sido tradicionalmente infravalorada. 

No hay un perfil único

Esta investigadora subraya que “no existe un perfil único ni para los hombres ni para las mujeres que viajan a la zona controlada por Estado Islámico. Y, efectivamente, no podemos decir que estas mujeres sean víctimas. Algunas pueden ser consideradas como tales dada su corta edad —casos como el de la niña ceutí de 14 años que fue detenida el verano de 2014 cuando trataba de viajar a Siria—, pero a otras las mueve una ideología que no difiere de la de sus pares masculinos. El mito de que se trata de mujeres con poca formación es falso, pues entre ellas las hay con estudios superiores y graduadas en colegios de élite”. 

En 2014, el Instituto para el Diálogo Estratégico cifraba en 3.000 los occidentales que se habían unido a EI. De ellos, 550 eran mujeres. En España, explica García-Calvo, el fenómeno empezó en 2013, y desde entonces 18 españolas han sido detenidas en grandes operaciones antiterroristas, calcula el Real Instituto Elcano. “Si bien no existe un perfil único, estas mujeres son más jóvenes que los varones detenidos por los mismos motivos: su edad oscila entre los 14 y los 32 años, mientras que ellos tienen entre 22 y 53 años. El 16,6% eran conversas.”

Salma y Zahra Halane, de 16 años, nacidas y criadas en el área suburbana de Manchester (Reino Unido), son dos de las muhayirat occidentales —emigrantes, tal y como se denominan a sí mismas estas mujeres— cuyo perfil desmiente la idea de la novia yihadista, un mito que se basa en una “visión patriarcal, sexista y colonialista de este fenómeno”, recalca Ángeles Ramírez, antropóloga y profesora de la Universidad Autónoma de Madrid.

Estas dos jóvenes, definidas por sus profesores como “extremadamente inteligentes”, eran alumnas de matrícula de honor y, hasta que emigraron a Siria en 2014, pretendían estudiar Medicina, de acuerdo con otro documento del ISD titulado “Hasta que el martirio nos separe” en el que, con el objetivo de “subrayar sus diferentes trayectorias y vías de radicalización”, se detallan diversos perfiles de occidentales que se han unido a EI. Los tuits de las hermanas Halane no dejan lugar a dudas.

Una de ellas, Zahra, celebró el ataque a la revista Charlie Hebdo en Francia asegurando: “Nuestros hermanos haciendo la yihad en Dar al Kufr (la tierra de los impíos). ¡Gracias a Dios!”. Poco antes había definido el 11 de septiembre como “el día más feliz de mi vida” y deseado que hubiera “muchos más 11-S”. 

Tras la decapitación del estadounidense Peter Kassig y de 18 rehenes sirios, una de las muhayirat publicó este tuit: “Tantas decapitaciones al mismo tiempo, Alá es el más grande. Este vídeo es hermoso”, mientras que otra reclamaba “más decapitaciones, por favor”, al tiempo que una tercera europea exclamaba: “¡Feliz al ver las decapitaciones de esos impíos! Acabo de volver a ver la parte en la que les cortan la cabeza”. La crueldad que muestran estos tuits desmiente una vez más la sistemática descripción de estas mujeres como unas ingenuas que se unen a EI por amor. La celebración de los vídeos gore de la organización terrorista lleva a los autores del ISD a afirmar que “las mujeres de la muestra del estudio celebran de manera inequívoca la violencia”. 

Algunas de las muhayirat no se quedan ahí. Son aquellas que muestran su frustración por no poder participar en la lucha armada, los asesinatos e incluso acceder a un martirio aún reservado a los hombres. Por ejemplo, Zahra Halane reconoce en uno de sus tuits que las mujeres no están autorizadas a inmolarse, pero formula el deseo de que “pronto sea posible” y luego dice no ver la hora de tener permiso para hacerlo. 

Por su parte, Umm Ubaydah, seudónimo en Twitter de otra occidental, afirma que hubiera querido ser ella quien decapitó al periodista norteamericano Steven Sotloff. En el tuit que da título al primer informe citado del ISD, esta mujer sueña con convertirse en Mulan, el personaje de Disney que se disfraza de hombre para ir a la guerra.

La referencia a esta película de dibujos animados apunta a un aspecto en el que insiste Carola García-Calvo: la paradoja de que estas mujeres, pese a su sumisión a la radical ideología de EI, no dejan de tener “un bagaje occidental” que las lleva a soñar con atravesar los límites del papel casi exclusivamente doméstico, como esposas y madres, que les impone la organización. 

En el territorio controlado por Estado Islámico en Siria e Irak, esta norma solo se rompe por el activismo femenino en redes sociales (siempre bajo supervisión) con fines de reclutamiento y difusión. Otras excepciones son las escasas mujeres que trabajan como médicos (de otras mujeres), profesoras (de niñas) o los miembros de la brigada Al Khansaa —la policía religiosa  femenina—, excepciones impuestas por la rígida segregación de sexos que emana de la interpretación radical del islam que hace EI. 

Atentados suicidas

Fuera del califato la situación cambia, y las adeptas occidentales a la organización se sienten más libres de romper la norma que prohíbe la participación femenina en atentados. Un caso reciente es el de Hayat Boumedienne, la francesa que, antes de huir a Siria pasando por Madrid, participó junto a su marido Amedy Coulibaly en la planificación del secuestro y asesinato de rehenes en un supermercado judío de París el 9 de enero de 2015, dos días después del atentado contra Charlie Hebdo. O la británica Samantha Lewthwaite, que planeó un ataque frustrado en Kenia en 2011.

La dinámica rupturista de la participación femenina en atentados suicidas tiene precedentes que, sin embargo, precisa García-Calvo, se inscribían más en causas nacionalistas que de fundamentalismo religioso. El primero de estos ataques data de abril de 1985, cuando Sana Khyadali, una libanesa de 16 años, se inmoló al volante de un coche bomba contra un convoy militar israelí en lo que fue el primer caso conocido de una mujer kamikaze en Oriente Medio. Si bien siempre de forma minoritaria, decenas de mujeres en Palestina, Irak y Chechenia se han inmolado después, rompiendo los límites que les impedían acceder a la condición de mártir, un estatus que en las sociedades musulmanas está “a medio camino entre el héroe y el santo”, precisa la investigadora Fatima Lahnait en su estudio “Mujeres kamikazes o la yihad en femenino”. 

Tras superar su perplejidad inicial, organizaciones como la palestina Hamás asumieron estos atentados suicidas y los utilizaron como propaganda. El mejor ejemplo actual de la utilización oportunista de mujeres es Boko Haram (que ha rendido pleitesía a EI), que suele usar a niñas para burlar los controles de las fuerzas de seguridad. 

Sea por causas nacionalistas o en nombre de Alá, estos atentados rompen tabúes sin, en ningún momento, recalca Lahnait, abrir una brecha en la subordinación femenina al hombre. El martirio no trae la igualdad y, de todas maneras, en el discurso de las occidentales que siguen a EI no hay ni rastro de reivindicación feminista. Al contrario, ellas mismas ensalzan su papel como madres y esposas, incluso las que sueñan con morir matando. 

Este sueño no parece imposible. Un documento de la brigada de la policía religiosa femenina de EI deja abierta la puerta a que las mujeres participen en la yihad “si la situación de la Umma es desesperada, como hicieron en Irak y Chechenia, con enorme tristeza”. 
Mientras tanto, como subraya Sasha Havlicek, directora del Instituto para el Diálogo Estratégico, en un artículo titulado “La cara femenina del terror”, la visión paternalista que reduce a estas personas a la condición de víctimas las deja fuera de las estrategias de contraterrorismo, obviando el riesgo que supone este “cuerpo de mujeres preparadas para perpetrar actos de terrorismo desde todos los puntos de vista, tan violentas como los hombres”.

El califato como utopía

Trinidad Deiros
Las imágenes de decapitaciones y de rehenes quemados vivos no son las únicas que produce la potentísima propaganda de Estado Islámico, que incluye no menos de 44.000 perfiles en Twitter. Como recuerda Sergio Altuna, un investigador radicado en Túnez que sigue la narrativa de la organización en redes sociales, “buena parte del discurso de Estado Islámico no versa sobre violencia, sino que se remite a la descripción de la utopía de la construcción de un nuevo estado”. El informe “Documentando el califato virtual” de la Fundación de Estudios de Contraterrorismo Quilliam confirma esta hipótesis.

Tras analizar más de 1.146 vídeos, tuits y demás mensajes, los autores concluyen que más del 50% de los productos de la red de proselitismo virtual de Estado Islámico no tienen “como argumento la violencia”, sino la descripción del califato como la utopía de un mundo justo en el que todos los musulmanes tienen dignidad, comida y techo. 
Las fotografías de niños columpiándose, la vendimia en Raqqa, las estanterías de supermercados llenas de productos  o los barrenderos limpiando las calles aspiran a mostrar a Occidente y a los corruptos regímenes árabes que el califato es una alternativa viable. Una visión idealizada que poco tiene que ver con la realidad de una zona de guerra.