23/6/2017
Opinión

Evitar un error

Es difícil que el PSOE permita la formación de un gobierno de continuidad sin que el propio partido sufra un daño irreparable

Julián Campo - 26/08/2016 - Número 48
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Pocas veces se ha visto una presión tan intensa y ominosa como la que se está ejerciendo sobre el comité federal del PSOE y su secretario general para que se abstenga o vote a favor de la investidura de Rajoy como presidente del Gobierno de España.

Como razones más importantes se aduce la necesidad de disponer de un gobierno lo más rápidamente posible, superando esta etapa de provisionalidad, y la aparente lógica democrática de apoyar al partido más votado, repitiendo sin cesar que el partido que ha obtenido más votos es el ganador, queriendo olvidar que estas no son elecciones presidencialistas sino parlamentarias. Es decir, no se elige un presidente sino un Parlamento y, por tanto, quien las gana es aquel que obtiene mayoría de votos en la cámara para ser investido presidente. Junto a estas razones patrióticas, hay otras menos confesables de defensa de intereses en algunos medios de comunicación y de personas con alguna trayectoria política en el pasado. Pero parece que nadie quiere tener en cuenta los costes que para el PSOE y para la estabilidad democrática tendría la decisión.

Vivimos épocas de desprestigio de la política y los políticos basado, en su mayor parte, en la falta de credibilidad con que cumplen sus promesas y en las sospechas de que son los intereses personales los que guían sus decisiones. Sobre todos los partidos hay sombras y dudas, pero el PSOE centra el debate sobre sus supuestas lealtades a la izquierda o a la derecha y por algunas decisiones políticas seguidas en sus diversas etapas, con logros importantísimos, pero también con manchas, a mi juicio, estúpidas e innecesarias.

La política del PP en los últimos cuatro años ha sido radical y populista y con un uso partidista de las instituciones

El país, se quiera reconocer o no, se ha radicalizado en los últimos años. Suele pensarse que el radicalismo es propio de la izquierda. No es verdad. La política seguida por el PP en los últimos cuatro años ha sido radical y populista. Lo primero, porque se ha negado en todas las ocasiones a pactar con cualquier otro partido, enfrentándose en la mayoría de las ocasiones con todo el resto de la Cámara. Y lo segundo, porque su gestión, desde el primer día, se ha basado en mentiras y promesas engañosas que sabían perfectamente que eran imposibles de cumplir. Si a esto se une el grave desprestigio en que han sumido una parte importante de las instituciones y su uso partidario, y acaso delictivo, es muy difícil pedir al PSOE que permita la formación de un gobierno de continuidad sin que el propio partido socialista sufra un daño irreparable.

Que se tengan que celebrar terceras elecciones es un riesgo para el PSOE al que se achacaran responsabilidades por el fracaso de la legislatura, pero si se inviste a Rajoy será también el Partido Socialista al que se considerará responsable de otros cuatro años del PP. La abstención del PSOE será vista por la gran mayoría de sus votantes como la confirmación del corrimiento del partido a la derecha y le conducirá a una importante pérdida de votos y a una posición subalterna en la izquierda.

Pero no es solo la importancia y el futuro del PSOE lo que está en juego. Un disminución del peso del Partido Socialista en el conjunto del Congreso y la vida política del país lo convertirían en irrelevante como partido de la oposición y la misma quedaría en manos de Podemos y los partidos nacionalistas e independentistas. Lo cual no es una perspectiva halagüeña ni siquiera para la derecha. Los independentistas no ocultan lo que quieren, y Podemos, aún, es más un movimiento que un partido: fluctuante, contradictorio y confuso, y sería incapaz de dar a la oposición la fiabilidad necesaria en un régimen parlamentario. Flaco servicio se haría entonces a la democracia española y a la estabilidad democrática.

Como diría Rajoy, por patriotismo y por sentido común, el PSOE debe votar en contra.