14/10/2019
Internacional

Helados y kalashnikovs

Si se consuma la derrota en Siria e Irak, el futuro de ISIS pasaría por convertir a sus lobos solitarios en superhombres

David López - 22/07/2016 - Número 43
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Helados y kalashnikovs
Agentes del Gobierno iraquí detienen a un grupo de hombres sospechosos de pertenecer a ISIS. M. Al-DULAIMI / AFP
Cañones o  mantequilla” es una disyuntiva célebre y apócrifa. Se utilizó supuestamente durante la Primera Guerra Mundial, y la aprovecharon los jerifaltes de la Alemania nazi en algunos de sus discursos y arengas. Pero fue el economista estadounidense Paul Samuelson, premio Nobel, quien la trasladó al ámbito académico en los años 70. Con ella planteaba las alternativas del reparto de gasto con recursos limitados. La necesidad de decidir, en este caso, entre gasto militar, los cañones, y gasto civil, la mantequilla, y cómo la elección podía cambiar según el momento que se viviese.

Pues bien, durante los dos últimos años, Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) ha alterado la ecuación. Ya no son cañones o mantequilla, sino helados y kalashnikovs. Tampoco ahora es necesario elegir entre ambos. Al menos en el terreno de batalla de la propaganda.

Desde que hace ya más de dos años ISIS sacudiera la escena con la proclamación de su supuesto califato, su maquinaria propagandística ha funcionado arrasadora. Para ello ha centrado los mensajes en tres áreas que los expertos denominan utopía, brutalidad y victimismo. En la primera se apela a ese califato, a ese estado islámico, a esa tierra soñada a la que quieren atraer a los musulmanes del mundo. Y eso se consigue con imágenes de mezquitas llenas, de mercados abastecidos o de fábricas de helados en funcionamiento, como hicieron el año pasado con una heladería en Mosul y esta primavera han repetido con otra en Siria.

El estado utópico y la brutalidad de la violencia son las claves de la propaganda de Dáesh

La segunda, evidente, muestra el lado más crudo y salvaje de la organización: su lucha, sus ejecuciones, sus castigos… En definitiva, los kalashnikovs. La tercera pretende ensalzar esa idea del sufrimiento y el martirio con la que espolear a los suyos y también unirlos. Son los mensajes que ensalzan la camaradería de los foreign fighters, sus soldados internacionales, o la opresión de los habitantes locales. Lo mejor, sin embargo, lo más efectivo, ha sido la combinación de las tres.

“Sorprendentemente, así han conseguido monopolizar la victoria y la derrota”, analiza Joshua Cheung, especialista en comunicaciones de la Quilliam Foundation en Londres. “La pérdida de terreno o el fallo de uno de sus ataques no es un fracaso, sino que los convierte en mártires. Los ataques aéreos y la miseria de los civiles en sus territorios no son prueba del fallo de su estado, sino una evidencia del victimismo al que los somete la cruzada sionista.”

En ese escenario, Estado Islámico ha sido capaz de ganar la batalla de las ideas. Al menos hasta ahora. La utilización de la violencia extrema para sus mensajes le ha permitido, como apunta Cheung, “solidificar su marca, reclutar por millares y mostrar un grado de control y notoriedad que otros grupos terroristas solo podrían soñar”.

La violencia vende

Con esa campaña ha logrado, en resumen, aterrorizar. Y eso supone una misión cumplida. Además, paradójicamente, no han sido sus aparatos de propaganda ni sus simpatizantes quienes más han difundido esa imagen y ese mensaje, sino los medios de comunicación tradicionales. Las audiencias potenciales de ISIS reciben así la propaganda terrorista desde los medios y los expertos occidentales. La violencia vende, es sensacionalista y atractiva para los más jóvenes. Y el mejor canal que han encontrado para recibirla no es Twitter ni Facebook, sino emisoras globales como la CNN o la BBC.

“ISIS dibuja una cuidada imagen para el mundo exterior ensalzando sus acciones militares, mostrando su autodenominado califato como un estado próspero y asegurando que el grupo se está expandiendo globalmente a pesar de que está retrocediendo localmente [en Irak y Siria]. Lanza multitud de productos mediáticos en una gran variedad de plataformas, incluidas redes sociales, aplicaciones móviles y radio. Para diseminar su propaganda oficial online, usa básicamente Twitter, Telegram y Tumblr y se apoya en una red global de simpatizantes para ampliar el alcance de sus mensajes. En resumen, ISIS se mantiene como un formidable adversario”, resumía el pasado mes de junio el director de la CIA, John O. Brennan, en una declaración ante el Comité de Inteligencia del Senado de EE.UU.

La estrategia de la propaganda de ISIS apenas ha cambiado. El cierre de cuentas y canales en plataformas como Twitter, Facebook o Youtube los ha llevado a otras menos conocidas, pero no los ha frenado. Sin embargo, los gobiernos occidentales continúan aún sin contrarrestar sus ideas y mensajes con efectividad. “La burocracia es lenta, las jerarquías ralentizan, los presupuestos que se hacen anualmente frenan también las reuniones, las precauciones excesivas…”, enumera Anne Speckhard, profesora de Psiquiatría de la Universidad de Georgetown.

Esta experta en seguridad y terrorismo acaba de publicar un libro tras entrevistarse con una treintena de desertores y desilusionados de ISIS. Su idea es utilizar las grabaciones de esas entrevistas para hacer piezas de vídeo cortas y directas, colgarlas en la red y que puedan llegar a los jóvenes simpatizantes del grupo terrorista para que vean, contado por la gente que estuvo en Siria e Irak, cómo es la realidad dentro del califato. Pero se lamenta de que no dispone de fondos para hacerlo y de que su Gobierno no solo no es capaz de responder al desafío de las ideas de ISIS, sino tampoco de financiar otros proyectos, como el suyo, que pueden hacerlo. “Siento que tengo oro en las manos, pero no consigo los fondos para desarrollarlo.”

Cheung, por su parte, destaca cómo estos dos años se ha prestado demasiada atención a lo que llama “medidas negativas”: vencer a ISIS cortándole los canales y cerrándole las cuentas (con la colaboración de empresas como Facebook o Google). “Pero eso es un arreglo a corto plazo para un problema a largo, porque ese contenido se vuelca en otros canales más underground, donde sigue disponible. Necesitamos más medidas positivas: mensajes alternativos, foros de debate, activismo civil. Y que las contranarrativas online se sincronicen con las offline. Porque ahí es dónde estamos fallando estrepitosamente: necesitamos ofrecer alternativas y espacios en común en el mundo offline para contrarrestar lo que se encuentra en el digital”, explica.

Sin embargo, desde la autoproclamación del califato, punto de inflexión y de ascensión de ISIS, también en la organización han visto cambiar su realidad. El número de reclutamientos ha descendido drásticamente y además ha crecido el de desertores. Algunas organizaciones que trabajan sobre el terreno llevan meses pidiendo que se hagan campañas en la tierra de ISIS para llegar a esos desilusionados que piensan en abandonar.

Fomentar las deserciones

El pasado otoño los terroristas mataron en la ciudad turca de Sanliurfa, en la frontera con Siria, a dos periodistas que formaban parte de la pequeña organización Eye on Homeland, que estaba fomentando las deserciones filtrando vídeos localmente e incluso ayudando a los desertores a huir. “Hoy ISIS necesita a los soldados nativos porque está perdiendo una gran credibilidad con los extranjeros y ahora son muy pocos los que llegan. Por eso hay que trabajar dentro de esas zonas controladas por los terroristas”, le explicaba a este periodista Ibrahim Abd al Qader, uno de los reporteros asesinados, pocas semanas antes del atentado. El mes pasado fue tiroteado en la calle otro de sus colegas de la organización, que sigue trabajando en la misma línea y hoy se recupera en el hospital.

Barrett: “No deberíamos ir contra el aspecto religioso de su ideología, sino contra sus líderes”

“Creo que la narrativa de ISIS está fallando por sí sola más que siendo derrotada por otra. Su atractivo depende de su capacidad de gobernar y esta ha sido desafiada por las derrotas militares y la pérdida de terreno”, explica Richard Barrett, exmiembro de los servicios de inteligencia de Reino Unido y experto en terrorismo de la consultora Soufan Group. “Pero para hacer un discurso efectivo no deberíamos ir contra el aspecto religioso de su ideología, sino contra sus líderes y su liderazgo, para mostrar que no son diferentes ni mejores que aquellos a los que intentan sustituir.”

“Incluso sin ese estado no significa que se reduzca su habilidad comunicativa. De hecho, los ataques de los lobos solitarios y la radicalización más local pueden incrementarse ahora con esos simpatizantes que quieren unirse pero no tienen dónde hacerlo y se quedan en sus países. Así que creo que veremos una nueva narrativa emergente enfocada en la resistencia y que ensalzará la idea de una especie de insurgencia urbana”, analiza Cheung.

Frente a la idea del estado y del ejército regular que ahora se ha mostrado, la posibilidad que adelanta este experto es que la propaganda terrorista pasará a enaltecer al individuo como un soldado de una fuerza especial, como un Bourne de película. “Y esto puede ser muy seductor para múltiples audiencias. Podría ser como Al Qaeda siempre quiso operar, pero más eficiente y dinámico. Así que debemos estar atentos por si empieza a ocurrir para poder controlarlo y, esta vez, saber responder.”

Proyecto Vortex: islam contra islam

David López
Una de las claves del fracaso de la contrapropaganda o del discurso alternativo de los países occidentales es el emisor. ¿Qué joven que se siente atraído por ISIS va a creer y confiar en lo que digan Estados Unidos, Francia o España, los gobiernos a los que además culpan de la situación de los musulmanes?

Con ese punto de partida, a finales del año pasado la Universidad de Viena comenzó un proyecto conjunto con Nahdlatul Ulama, una organización de Indonesia —el país musulmán más poblado del mundo— con más de 50 millones de miembros y que lleva casi un siglo luchando contra la ideas del wahabismo radical saudí e intentando frenar su expansión en el sudeste asiático. El proyecto se denomina Vortex y pretende dar una respuesta desde el islam moderado y plural de Indonesia a esos mensajes del islam radicalizado al que acceden, sobre todo a través de internet, los jóvenes de Austria y Alemania.

“Nuestro objetivo es proveer una alternativa a la lectura de esta religión que hace ISIS. El islam de Indonesia facilita a aquellos que trabajan cara a cara con los jóvenes más vulnerables un catálogo de argumentos y de respuestas que fomentan el pensamiento”, explica Nico Prucha, responsable de Vortex en Viena.

La idea es que con la ayuda de los especialistas asiáticos se provea de posibles respuestas y mensajes alternativos a los trabajadores sociales de los países centroeuropeos que trabajan con esos jóvenes que pueden sentirse atraídos por los extremistas. “No se trata de importar el islam de aquel país, sino de dar una réplica. Por ejemplo, de poder decirle a un joven: ‘Si un musulmán fuma se supone, por lo que dice ISIS, que es un infiel. ¿Y si son cigarrillos musulmanes también lo es?’. Lo que queremos es empoderar a esos trabajadores, que tienen conocimientos nulos o muy básicos de árabe o del islam, para que puedan fomentar debates y hacer pensar a la gente”, añade Prucha.