20/11/2019
Internacional

Al Qaeda contra Estado Islámico

Las organizaciones yihadistas compiten por el liderazgo en la expansión del terrorismo internacional a través de sangrientos atentados con los que exhiben sus capacidades

Daniel Iriarte - 01/04/2016 - Número 27
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Al Qaeda contra Estado Islámico
Residentes de Lahore se congregan en el parque donde talibanes paquistaníes lanzaron el 27 de marzo un ataque suicida que causó 69 muertos y más de 200 heridos. ARIF ALI / AFP / GETTY
La noche del pasado 21 de marzo, horas antes de que militantes de Estado Islámico (EI) se hiciesen estallar en el metro y el aeropuerto de Bruselas, varios hombres armados con rifles Kaláshnikov abrieron fuego contra el hotel de Bamako en el que se alojaba la misión militar de la Unión Europea en Mali, aunque no lograron asesinar a nadie. La investigación posterior probó lo que ya se sospechaba: la operación era obra de Al Qaeda en el Magreb Islámico, la rama norteafricana de la organización fundada por Osama Bin Laden.

El ataque ponía de manifiesto, una vez más, que Al Qaeda y el autodenominado Estado Islámico compiten por el liderazgo del movimiento yihadista internacional a través de sangrientos atentados que demuestren sus respectivas capacidades (algo que no se circunscribe a estas dos organizaciones, como demuestra la matanza del pasado domingo en un parque de Lahore, orquestada por los talibanes paquistaníes).

“Cuando EI pierde una batalla en Siria o Irak, lanza un atentado internacional”, sostiene Gabriel Garroum

En esta rivalidad, Estado Islámico (al que también se denomina por sus siglas en inglés ISIS o ISIL) parece llevar la delantera. El establecimiento de un califato ha sido tradicionalmente uno de los objetivos históricos de Al Qaeda, pero fue ISIS el que, en junio de 2014, lo proclamó de forma efectiva en amplias franjas de Siria e Irak, en las que impuso la sharía o ley islámica. De esta forma, el grupo liderado por Abu Bakr al Bagdadi transmitía un mensaje poco sutil y altamente efectivo: aquello sobre lo que Al Qaeda teoriza, Estado Islámico lo hace.

“La estrategia de EI se centra en dos técnicas: presentar la estrategia más lenta y deliberada de Al Qaeda como debilidad e indecisión, y apelar a los afiliados de Al Qaeda al enfatizar su propio impulso y expansión”, se afirma en un reciente estudio de la Fundación Nueva América titulado “Estado Islámico contra Al Qaeda”.

Esto, sumado a las primeras victorias de ISIS  —que le hicieron parecer imparable—, ha provocado un trasvase de militantes desde Al Qaeda, incluyendo organizaciones en bloque como la africana Boko Haram o los veteranos yihadistas de la península egipcia del Sinaí. Donde esto no ha sido posible, Estado Islámico ha proclamado la creación de wilayat o “provincias del califato”, como en Yemen, donde amenaza directamente la hegemonía de Al Qaeda en la península arábiga, la más poderosa de las facciones de dicha organización.

El surgimiento de EI ha producido un acalorado debate en los foros yihadistas, donde los partidarios de Al Qaeda acusan a sus rivales de provocar una fitna o división entre los creyentes. Ante el ostentoso salvajismo de ISIS, no son pocos quienes defienden que Al Qaeda es la verdadera vanguardia de un yihadismo “puro” y moralmente superior. “Al Qaeda se ha presentado a sí misma tanto a los estados como a las poblaciones locales suníes como una alternativa más razonable y controlable que EI”, dice el informe de Nueva América, firmado por cuatro expertos en seguridad internacional.

Internacionalización del terror

¿Qué papel juegan los atentados en este enfrentamiento? El movimiento yihadista mundial lleva teorizando desde los años 90 sobre la distinción entre el “enemigo cercano” (los “regímenes apóstatas” del mundo árabe y sus esbirros) y el “enemigo lejano” (Occidente, especialmente EE.UU. e Israel). ISIS, consciente del valor propagandístico de los ataques contra este último, comenzó ya el año pasado a lanzar sus propias operaciones internacionales, inauguradas en verano con el desembarco de un pistolero solitario en la playa tunecina de Susa, que dejó 38 muertos. A partir de ahí, la lista no ha dejado de extenderse: París, Beirut, Ankara, Yakarta, Estambul, Bruselas…

No solo eso: ISIS ha llegado al punto de atribuirse operaciones ajenas. Es el caso del ataque contra el museo tunecino de El Bardo, en marzo de 2015, que Estado Islámico reivindicó a las pocas horas pero del que la investigación oficial tunecina ha responsabilizado finalmente a la Brigada Ukba Ibn Nafaa, un socio local de Al Qaeda. Y a día de hoy, todavía se desconoce si en el ataque contra el semanario satírico francés Charlie Hebdo existe conexión con alguna de estas organizaciones, puesto que ambas lo reivindicaron parcialmente.

A veces, las reacciones han sido casi pueriles. Por ejemplo, el clérigo radical Hani al Sibai, exiliado en Londres a pesar de su cercanía con Al Qaeda y famoso por asegurar tras el 11-S que “no existe la noción de ‘civiles’ en la ley islámica”, no dudó en condenar los “bárbaros” atentados de París en su cuenta de Twitter, algo incomprensible salvo en el marco de la rivalidad entre ambas organizaciones. Más serias son las críticas de gente como Abu Muhammad al Maqdisi, considerado el teórico yihadista vivo más importante del mundo, o el célebre jeque Abu Qutada, que califican a los líderes de ISIL de “traidores” y “banda mafiosa”.

Para otros observadores, los atentados internacionales cometidos por Estado Islámico pretenden ante todo compensar las debilidades y reveses sobre el terreno. “Siempre hacen lo mismo, cuando pierden una batalla en Siria o Irak lanzan un atentado de este tipo”, explica a AHORA el analista Gabriel Garroum.

“Este grupo tiene una visión apocalíptica, que es útil cuando las cosas les van bien. Pero ¿cómo mantienen la moral de guerra cuando están perdiendo territorios, han tenido que reducir los sueldos, hay bombardeos permanentes de la coalición internacional y están perdiendo esa aura de invencibilidad? Simplemente, mueven la mira”, afirma Garroum. Frente a las acusaciones de oportunismo, la ventaja de Al Qaeda es que nadie ha dudado de su voluntad de atacar al “enemigo lejano”.

“Al Qaeda podría perder el apoyo de la comunidad yihadista si es ampliamente percibida como débil. Pero podría estar dispuesta a correr este riesgo porque estima que el desafío que representa EI remitirá más pronto que tarde”, sostiene el informe de Nueva América. “EI ha basado gran parte de su reputación en su capacidad de establecer y expandir el califato, y si pierde territorio significativo en Irak y Siria, los yihadistas pro-EI podrían empezar a cuestionar si este califato es verdaderamente sostenible. Al Qaeda ha dejado clara su visión de que EI se ha expandido más allá de sus límites estratégicos”, dice el documento.

“Una fusión entre ambos grupos es altamente concebible, por ejemplo, para 2021,” afirma Bruce Hoffman

Pero ¿y si el resultado es el contrario? Eso es lo que se teme Bruce Hoffman, analista de la corporación RAND y uno de los mayores especialistas en terrorismo del mundo, que esta misma semana sostiene en un ensayo publicado en la revista Foreign Affairs que una futura fusión entre Al Qaeda y Estado Islámico es altamente concebible, por ejemplo, para el año 2021. “Aunque es sin duda improbable a corto plazo, este acercamiento tendría mucho sentido para ambos grupos”, sostiene Hoffman, que, entre otras razones, menciona las similitudes ideológicas y estratégicas de ambas organizaciones, así como los esfuerzos recurrentes en este sentido entre sus filas, a pesar de la animadversión que hoy por hoy se profesan sus líderes. “Es difícil imaginar una constelación peor de amenazas terroristas que la que supondrían ISIS y Al Qaeda junto con sus afiliados y asociados, franquicias y provincias”, concluye Hoffman.