14/12/2019
Análisis

Irán vuelve a un mercado bajo mínimos

En un contexto de bajos precios de la energía, el levantamiento de las sanciones no otorga a Teherán grandes medios para avanzar en su agenda regional ni altera de manera fundamental los equilibrios geoeconómicos de Oriente Medio

  • A
  • a
Irán vuelve a un mercado bajo mínimos
El presidente de Irán, Hasán Rohaní. EFE / EPA / ABEDIN TAHIR KENAREH

El regreso de Irán al mercado de los hidrocarburos, tras la confirmación de la Agencia Internacional de la Energía Atómica de que el país ha reconducido su programa nuclear a fines civiles, se produce en condiciones muy distintas a las existentes en el momento del establecimiento de las sanciones. El endurecimiento de las mismas tuvo lugar a partir de mediados de 2012, con el precio del barril por encima de los 100 dólares y entre fuertes tensiones geopolíticas por el impacto de las revueltas árabes iniciadas el año anterior.

En ese momento, las exportaciones de petróleo iraní cayeron en aproximadamente un millón de barriles diarios (mbd), que a los precios entonces vigentes supusieron una reducción de ingresos superior a los 100 millones de dólares al día. Casi cuatro años después, Irán vuelve a un mercado bajista que, en caso de que consiguiese recuperar ese millón de barriles exportados, le reportaría ingresos muy inferiores y en el que el apetito inversor de las grandes compañías petroleras internacionales casi ha desaparecido.

Los precios del petróleo y del gas natural están en los niveles más bajos de los últimos 12 y 14 años

El levantamiento de las sanciones se producirá previsiblemente en las próximas semanas, bastante antes de lo esperado. De hecho, una de las excusas aducidas por la OPEP para no recortar producción es la necesidad de acomodar la futura producción iraní. Aunque el regreso de Irán a niveles previos al embargo probablemente sea un proceso a medio plazo, sí es previsible que en los próximos meses cantidades moderadas pero crecientes de crudo iraní vayan llegando al mercado.

Obsolescencia energética

No obstante, el consenso es que el retorno de Irán será más gradual de lo que prevén sus planes de aumentar las exportaciones en 1 mbd de manera inmediata, dados los estrangulamientos productivos iraníes y un posicionamiento probablemente cauto de los operadores internacionales durante un tiempo. El Banco Mundial estima que el país podría aumentar su producción en más de 0,5 mbd tras levantarse las sanciones y, de hecho, el país viene registrando una producción récord en los últimos meses.

El retorno del crudo iraní agravará la sobreoferta que ya padece el mercado, cifrada en 1 mbds

Esto le ha permitido aumentar sus stocks por encima de los 40 millones de barriles, parte de los mismos almacenados en superpetroleros y listos para la exportación. Por ello, parece probable que el impacto sea importante en el corto plazo y se vaya diluyendo conforme las existencias se vayan colocando y el país afronte los límites de un sector energético obsoleto, carente durante años de inversiones en mantenimiento y en el desarrollo de nuevos yacimientos tanto de gas como de petróleo.

El gas es una apuesta iraní a medio y largo plazo, pero debe recordarse que si el petróleo está en mínimos de 12 años, los precios del gas natural han tocado el suelo de 14 años. En todo caso, la atención del mercado está puesta en el impacto sobre el mercado del petróleo. Irán posee las cuartas reservas mundiales de crudo y produce casi 3 mbd, pero contempla ambiciosos proyectos para aumentarl su producción a medio plazo en más de 2 mbd adicionales. Cualquiera que sea el número de barriles que Irán consiga finalmente exportar, el retorno del crudo iraní agravará la sobreoferta que ya padece el mercado, que algunos analistas cifran en 1 mbd.

Efectos económicos

El impacto económico estará en función de la evolución del mercado, que a su vez depende básicamente de la estrategia de Arabia Saudí, de la capacidad de los productores no OPEP para ajustar sus costes y de la respuesta de la demanda en un contexto de ralentización del crecimiento global —en especial de economías emergentes como China que han representado en los últimos años el grueso de los incrementos de la demanda—. Empezando por Arabia Saudí, tradicional regulador del mercado global del petróleo: no parece que vaya a variar su estrategia de defender su cuota de mercado y seguir produciendo aunque sea a expensas de tolerar precios bajos para que el ajuste de la producción lo soporten aquellos productores con costes de extracción más elevados, como ocurre (en orden de más a menos coste) con las arenas bituminosas canadienses, los yacimientos en aguas ultraprofundas y el tight oil estadounidense obtenido por fracturación hidráulica (fracking).

La ralentización de la economía de China es la gran incertidumbre por el lado de la demanda de energía

La producción no OPEP se ha resentido de la bajada de precios registrando un menor crecimiento en 2015, y las previsiones apuntan a una reducción de unos 0,6 mbd para 2016, básicamente por la caída de la producción de petróleo no convencional de Estados Unidos. A este respecto es de destacar la relativa capacidad de ajuste de los productores estadounidenses, capaces de seguir produciendo a precios que hace apenas unos meses parecían inviables, pero no parece que esa dispisición pueda ser mantenida de forma prolongada. La ralentización de la economía de China es la gran incertidumbre por el lado de la demanda, y tiene un especial impacto sobre Irán, no solo por tratarse de su principal comprador de crudo, sino también de una de las escasas alternativas a las compañías petroleras occidentales para que el país diversifique su cartera de inversores y alcance nuevas alianzas en el sector energético.

Ramificaciones geopolíticas

Las implicaciones geopolíticas tienen más ramificaciones. De un lado, es evidente que el regreso de Irán a la comunidad internacional introduce un nuevo elemento en la compleja dinámica de Oriente Medio. Más allá de los impactos geoeconómicos de sus exportaciones de crudo, la normalización de Irán como actor regional podría favorecer un cierta estabilización en algunos escenarios, como la racionalización del laberinto sirio o reconducir la desconfiguración de Irak, por citar solo dos ejemplos. Pero con el barril a 30 dólares la petropolítica ya no es lo que era. A esos precios la capacidad iraní para reconstruir su economía y proyectar su poder energético en términos de influencia regional se verá muy limitada, y seguirá en inferioridad de condiciones frente a Arabia Saudí y sus aliados del Golfo, que con poblaciones mucho menores y abundantes reservas de divisas seguirán en una posición menos confortable que la que disfrutaban con precios altos, pero bastante más cómoda que la de Irán.

La normalización iraní podría racionalizar el laberinto sirio o ayudar a reconducir la descomposición de Irak

Por eso, desde la perspectiva geopolítica, la vuelta de Irán al mercado del petróleo en un contexto de bajos precios del crudo es especialmente oportuna: ni le proporciona grandes medios para avanzar su agenda regional ni altera de manera fundamental los equilibrios geo- económicos de Oriente Medio.