22/9/2020
Ideas

La acción humanitaria en la encrucijada

La solidaridad basada en principios y orientada hacia las personas que necesitan ayuda sin discriminación está cada vez más amenazada

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La acción humanitaria en la encrucijada
SR. GARCÍA
Las raíces éticas del humanitarismo, pese a su origen occidental y cristiano, sintonizan con valores de otras culturas y religiones, lo que hizo que desde el inicio los valores de humanidad, imparcialidad e independencia fueran universalmente aceptados en los textos y declaraciones del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, de las organizaciones no gubernamentales y, posteriormente, de los estados y las Naciones Unidas. La idea de neutralidad, objeto de interpretaciones, ha provocado siempre mayor discusión, aunque forme también parte de los principios humanitarios convencionales.

En la práctica reciente, sin embargo, estos principios se han convertido en muchos casos en mera retórica que alcanza niveles de hipocresía y contradicción espectaculares. Así, la Unión Europea, que incumple en su territorio el elemental principio de humanidad con los refugiados procedentes de Siria y otros países, exige para financiar a las ONG u otras agencias en el exterior el respeto a estos principios y pone como condición a Turquía este respeto. Asimismo, en Siria se han aceptado las imposiciones del Gobierno de Bashar al Asad y de muchos de los grupos insurgentes para poder trabajar en las zonas que controlan, de modo que los actores humanitarios son percibidos como parciales, pudiendo suministrar ayuda y protección solo a las víctimas bajo el control de uno de los beligerantes. Y algunas organizaciones se encuentran cómodas cuando se les concede el cuasi monopolio de este tipo de ayuda más sectaria que humanitaria. El humanitarismo basado en principios y orientado hacia las personas que necesitan ayuda sin discriminación está cada vez más amenazado.

Leyes inoperantes

Peor pronóstico tiene el marco jurídico que regula la acción humanitaria. Los recientes y cada vez más frecuentes ataques a instalaciones sanitarias por parte de actores armados o el asedio y el hambre como tácticas de guerra han convertido el derecho internacional humanitario (DIH) en un derecho “increíble”, al no tener los estados firmantes de los Convenios de Ginebra la más mínima intención no ya de sancionar, sino al menos de establecer mecanismos de control o verificación de su cumplimiento. La negativa unánime a poner en marcha la Comisión Humanitaria Internacional de Encuesta en los casos del bombardeo a hospitales de Médicos sin Fronteras en Kunduz (Afganistán), Yemen o Siria es reflejo de esta falta de voluntad por investigar si se trata de errores, como afirman sus perpetradores, o de ataques deliberados a la misión médica.

La UE incumple el principio elemental de humanidad con los refugiados procedentes de Siria y otros países

En la misma línea, el rechazo mayoritario de los estados a discutir en la Conferencia Internacional de la Cruz Roja un documento preparado por el gobierno suizo y el CICR (Comité Internacional de la Cruz Roja) —que se había estado negociando con los estados durante cuatro años y que, simplemente, proponía un mecanismo soft de
reuniones para hacer seguimiento de los problemas y posibles violaciones del DIH— es una muestra de esta preocupante situación.

El otro pilar jurídico relevante en este ámbito, el derecho internacional de los refugiados, sigue ostentando, como sostuvo en su día el ex alto comisario para los refugiados Ruud Lubbers, el récord de ser el instrumento jurídico internacional más violado. Y tampoco pasa nada.

El club de los humanitarios

Cada vez más actores participan en la respuesta humanitaria, aunque, de hecho, sean unas pocas organizaciones del norte las que asumen la mayor parte de la carga. La ONU —que con la Resolución 46/182 de 1991 de la Asamblea General se otorgaba el liderazgo de la respuesta humanitaria y que desde entonces ha ido ganado peso a través de sus numerosas y nunca bien coordinadas agencias— cada vez es más rehén de los estados miembros y de sus pugnas e intereses. Pese a los esfuerzos de algunos secretarios generales, las actividades humanitarias no son más que una de las múltiples cabezas de la hidra y nunca la más importante. Su labor de coordinación de la respuesta humanitaria ha podido ser positiva en casos de desastre, pero sigue generando confusión en muchos conflictos armados. Tal vez haya llegado el momento de abordar esta cuestión. Además, los intentos de muchos estados de recuperar protagonismo y visibilidad en un sector que consideran demasiado no gubernamental están limitando el espacio de acción de las agencias humanitarias independientes.

La primera respuesta humanitaria comienza en lo local y la ayuda internacional debe complementarla

Las ONG internacionales, por su parte, no acaban de entender la imperiosa necesidad de incorporar a sus homólogas del sur y la necesidad de reconocer lo obvio: que la primera respuesta humanitaria comienza en lo local y que los esfuerzos internacionales no deben sustituirla sino complementarla. Los ejércitos, por su parte, pretenden incorporarse al club de modo arrogante y sin respetar ni conocer las reglas de pertenencia.

Otros retos relacionados con financiación, utilización de tecnologías, innovación y vinculación con los problemas de desarrollo son importantes. Pero en la resolución o no de los tres que se han citado se juega el futuro de una idea que surgió para salvar vidas y proteger la dignidad y que puede, ella misma, morir.