22/7/2019
Política

La CUP toma el mando

La debilidad de Mas, empeñado en seguir siendo president, y la de CDC, en fase de liquidación, que han puesto su futuro en manos de la CUP, son la clave de la aceleración del proceso independentista que ignora al 52% de los catalanes

Francesc Arroyo - 30/10/2015 - Número 7
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La CUP toma el mando
Artur Mas rodeado de miembros de su gobierno y su partido tras declarar ante el juez. David Ramos / Getty Images
Un juego de chantajes, el de la CUP a Junts pel Sí para la investidura de Artur Mas como president —que ni siquiera está garantizada— y el de esas dos fuerzas conjuntamente al Estado y al 52% de los catalanes que no votaron el 27-S las opciones secesionistas, desembocó el martes en el registro en el Parlament de lo que sería, si lo aprueba la mayoría de la Cámara, la declaración unilateral de la independencia de Cataluña. Ciutadans, el PSC y el PP consiguieron el miércoles retrasar la tramitación urgente de ese texto, que los proponentes pretenden aprobar antes de la primera sesiónde investidura, que se celebrará el 9 de noviembre.
 
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, reaccionó a ese desafío con mayor rapidez que en otras ocasiones, pero únicamente para leer un mensaje institucional en el que advertía de que el Estado tiene instrumentos jurídicos para evitar la ruptura. No habló de alternativas políticas, pero sí aprovechó para su campaña: “Mientras yo sea presidente se cumplirá la ley”, dijo, dando a entender que si en febrero el jefe del gobierno es otro podría incumplirse. Había hablado antes con los líderes del PSOE, Pedro Sánchez, y de Ciudadanos, Albert Rivera, que no parecen muy contentos —según sus colaboradores— con ese uso electoralista de la comparecencia, y perdió, una vez más, la oportunidad de convocar a todos los partidos y enviar un mensaje unitario frente al secesionismo. La oposición teme, de hecho, que Rajoy decida qué hacer en Cataluña, incluido el uso del artículo 155 de la Constitución que suspendería la autonomía, en función de los sondeos y que piense que la tensión independentista puede mejorar sus expectativas electorales.

Los aceleración de la hoja de ruta para iniciar ya el proceso independentista, empezar la creación de estructuras de estado (hacienda y seguridad social) e ignorar las leyes que lo dificulten y en particular las decisiones del Tribunal Constitucional, responde a una exigencia de la CUP que ERC comparte en lo esencial y que Convergència acepta para intentar salvar a Mas.
La mayoría de los catalanes viven la situación con estupor, incluidos los que votaron a Junts pel Sí pensando en que así forzarían el diálogo con el Gobierno español. Por eso muchos se preguntan si la propuesta es una amenaza real o un farol. Y podría haber de todo. Porque junto a la voluntad de avanzar rápidamente hacia la secesión está también el temor de CDC y ERC, que ya han decidido no repetir la fórmula de las autonómicas en las generales del 20-D, a que se desinfle la ilusión independentista de quienes los votaron el
27-S si el proceso se bloquea. Quieren además convencer a la CUP de la necesidad de que continúe Mas, un intento complicado porque los miembros de la candidatura radical responden que prefieren volver a las urnas que apoyar a Mas ante el amago de CDC de que “o Mas o nuevas elecciones”.

La debilidad de Mas y CDC

La incertidumbre en Cataluña, fomentada con propuestas de ruptura inmediata, se puede atribuir en buena medida a la debilidad de Mas, incapaz de retirarse, y a la de su partido, CDC, inmerso en un proceso que unos califican de refundación y otros de liquidación y que se acelera a cada actuación judicial.  Más si son del calibre de los registros a las residencias de la familia Pujol o de la sede de Convergència, con la detención de su tesorero incluida. Tienen problemas hasta para decidir la candidatura a las elecciones generales. Si el todavía president logró convencer a Esquerra para formar coalición en las autonómicas —aun a costa de que CDC pasara de 50 a 30 diputados— ahora lo tiene más difícil porque ERC no quiere repetir la experiencia para las generales, menos tras las últimas actuaciones policiales.
 

Rajoy lo utilizó para su campaña: “Mientras yo sea presidente se cumplirá la ley”, como si otro no lo garantizara


La propuesta de declaración de independencia ha dividido la sociedad y la política catalanas y ha revelado la existencia de dos bloques claros: los independentistas (Junts pel Sí y la CUP) y el resto de fuerzas parlamentarias. De hecho, Ciutadans y PSC, con el apoyo del PP, presentaron el miércoles el recurso contra la propuesta de declaración. Y la ambigüedad mostrada por Catalunya Sí que es Pot, cinco de cuyos diputados votaron a Carme Forcadell como presidenta del Parlament, que fue criticada por dirigentes de los partidos que se intregran en esa candidatura, resultó ser un gesto inútil. Joan Coscubiela, miembro de esa candidatura, admitió que el independentismo no conoce términos medios y que ya ni siquiera habla de un referéndum.
 
Sea cual sea la aproximación que se haga a la compleja situación política catalana, la continuidad de Mas aparece siempre en el vértice del problema. Su abandono haría el camino más fácil. Hasta Forcadell, que el lunes defendía su candidatura, se descolgó el martes, tras los registros a los Pujol, con un “nadie es imprescindible”. Dentro de CDC, Mas ha eliminado a sus posibles rivales y se ha rodeado de fieles. Entre los caídos están el exalcalde de Sant Cugat y exconsejero, Lluís Recoder, el aún consejero Felip Puig y el que fuera hombre fuerte de la agrupación de Girona, Pere Macias, enviado a Madrid a la sombra de Josep Antoni Duran i Lleida. Su espacio político fue ocupado por Neus Munté, Francesc Homs y Germá Gordó en el Gobierno, y Josep Rull, Jordi Turull y Lluís Coromines en el partido. Gordó está ahora tocado porque uno de sus protegidos, Josep Antoni Rossell, ha sido imputado por el juez tras el último registro de la sede de CDC. Rossell es sospechoso de amañar concursos y de ocultar pruebas a los investigadores.

Si tuvieran que elegir sustituto para el president, uno de los dirigentes que despierta mayor simpatía entre los militantes es Felip Puig, que fue secretario de organización y tiene una trayectoria soberanista inequívoca desde mucho antes de que Mas descubriera “la patria catalana”. Munté, que ha sonado como alternativa, lo descalificó por haber declarado algo obvio como que entre los programas económicos y sociales de un partido de centroderecha, como CDC, y otro de izquierdas, como la CUP, hay diferencias inasumibles. De los cuadros del partido, el más apreciado por la militancia es Rull, de quien elogian su capacidad de trabajo, honestidad y “coherencia soberanista”. Pero sus aspiraciones parecen limitarse a la secretaría general, siempre bajo la presidencia de Mas.

El 40% para ERC

La investidura de Mas sería más fácil si la moción de censura fuera, como en otros países, meramente de censura, señalaba un dirigente de Catalunya Sí que es Pot. Pero los legisladores decidieron que tienen que ser mociones constructivas, que no basta con que la mayoría de un parlamento vote contra un presidente, tiene que elegir, a la vez, su sustituto. Así que la CUP, por ejemplo, teme que investirlo signifique aguantarlo hasta que él decida porque, con la actual composición del Parlament, pactar un sustituto exigiría poner de acuerdo a todos los demás grupos, desde el PP hasta la propia CUP.

Esquerra, en apariencia, trabaja para solucionar la situación. El hecho de que el pacto de Junts pel Sí diera a Mas la presidencia y a los republicanos el 40% de puestos en el Parlament y el gobierno, y a Oriol Junqueras la vicepresidencia con amplios poderes, ayuda a ello. Habría que añadir, además, los cargos que consigan sus “tapados”. Es, por ejemplo, el caso de Carme Forcadell, la expresidenta de la ANC elegida ahora presidenta del Parlament. Figuraba en la lista como independiente, pero era conocido su historial de militancia en ERC.