23/7/2019
Elecciones generales

La desunión de Unidos Podemos

La resaca electoral aviva las discrepancias entre varios sectores de la coalición, cuya vigencia defienden Garzón e Iglesias

AHORA / Jacobo Pedraza - 01/07/2016 - Número 40
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La desunión de Unidos Podemos
Bustinduy, Iglesias, Bescansa, Montero y Garzón en la noche electoral. Pablo Blazquez Domínguez / Getty

No se lo esperaban, y todavía no se lo explican. Unidos Podemos daba por descontado el sorpasso  al PSOE hasta la noche del domingo 26. Pero no solo los integrantes de la coalición, también muchos de otros partidos, las encuestas y parte del extranjero. Los aplausos que estallaron entre los miembros de la alianza de Podemos e IU en el Teatro Goya al conocerse los sondeos a pie de urna sonaban elocuentemente distintos a los que recibieron a Íñigo Errejón dos horas después, tras valorar la participación con el “decepcionante” escrutinio ya iniciado. Decepción, que no fracaso, subrayan en Podemos, ya que creen que no se puede hablar de fracaso con los mejores resultados históricos de un tercer partido, 71 escaños,  el máximo alcanzado por una fuerza a la izquierda ideológica (o en el mismo terreno ideológico, según a quién se pregunte) del PSOE. Acordada la decepción, le siguen las dudas, discrepancias y reproches.

Responsabilidades

La primera duda, a la luz de los resultados, es qué ha pasado, qué ha hecho mal Podemos. Y esa duda conlleva las primeras discrepancias, ya que unos apuntan a que lo malo ha sido una campaña “con un discurso hueco”, como aseguraba Juan Carlos Monedero, en cuyo caso las culpas caen del lado de Íñigo Errejón, mientras otros señalan que en el futuro Podemos no debe centrarse en refundar la izquierda, sino en transformarse en una identidad política “nueva, popular, abierta y democrática”, en palabras de Jorge Moruno, mano derecha de Errejón. “Se han vertido muchas opiniones. Una cosa y la contraria”, confesaba el secretario de organización Pablo Echenique tras la reunión de la ejecutiva el día después de las elecciones. Aún no hay diagnóstico. Se cree que el electorado potencial de Unidos Podemos no se ha movilizado, pero no se sabe si ha fallado la campaña, la confluencia, si ha funcionado el discurso del miedo con ayuda del Brexit, o si ha sido todo a la vez.

No saben si ha sido la campaña, la confluencia o el discurso del miedo y el Brexit. O todo a la vez

Lo cierto es que durante la campaña no se habían escuchado voces en contra del diseño de actos y discurso realizado por Errejón y los suyos, ni de la alianza con Izquierda Unida planteada por Pablo Iglesias y asumida, con matices, por parte de su número dos. Iglesias defendía la misma noche de las elecciones la fórmula de la coalición, también para procesos futuros, apuntando implícitamente a otras causas para el descalabro que supone que se desmovilice más de un millón de votantes. “La confluencia se ha revelado como el camino correcto desde la responsabilidad de Estado y de país para acumular el mayor número de fuerzas posible y acercarnos a la posibilidad de que en España haya un gobierno progresista”, sostenía Iglesias. Una opinión que choca frontalmente con la vertida por Errejón el pasado miércoles: “Ciertamente, el acuerdo con IU no ha funcionado. Dos más dos no han sido cuatro. Sobre el eje izquierda-derecha es más complicado construir una mayoría”, expresaba el secretario político de Podemos.

Alberto Garzón también se ha postulado a favor de mantener la alianza desde Izquierda Unida, y también allí ha encontrado resistencias. “En términos políticos ha sido una gran idea que debe ser desarrollada. Por separado, los resultados hubiesen sido mucho peores”, recalcaba el pasado lunes el coordinador federal de IU. La voz crítica de Gaspar Llamazares volvió a aparecer después de la noche del domingo para lamentar que la confluencia se diese de forma “precipitada y desde arriba”. La nueva dirección de Izquierda Unida encuentra argumentos de sobra solo con recurrir a los datos. En diciembre, con casi un millón de votos, lograron dos asientos en el Congreso. Ahora son cuatro, y los de las confluencias.

Ante todo mucha calma

Sea cual sea la conclusión a la que llegue Podemos tras el trance en que se haya inmerso, será difícil que se traduzca en una depuración de responsabilidades a corto o medio plazo. De momento no se contempla ningún cese ni dimisión, y menos aún las de Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. Al primero se le señala desde algunos sectores (sobre todo fuera de su partido) como responsable de una imagen antipática y poco atractiva que habría ahuyentado a muchos votantes que no le veían de presidente. Al segundo otros le señalan por tratar de conseguir convocar a una mayoría que existe en la teoría pero no en la práctica. Pero lo que está claro es que ambos son responsables de tener a la formación morada donde está con solo dos años de vida, y recurriendo a la “mirada larga” que tantas veces reclama Errejón eso es un logro innegable y que no se había conseguido hasta ahora. Iglesias quiere evitar más reproches y volver a un clima de relativa tranquilidad (en Podemos aún no saben lo que es vivir del todo tranquilos) de cara al periodo de negociaciones para una investidura. “Hay que calmarse. Las cosas no hay que analizarlas en caliente”, reclamaba el líder del partido morado, que presentará al PSOE una propuesta casi calcada a la que defendieron tras el 20-D.

Errejón: “Ciertamente, la confluencia no ha funcionado. Dos más dos no han sido cuatro”

Eso es lo bueno, que la estrategia ya la tienen definida y que nadie espera que Podemos mueva ni el meñique para hacer presidente a Rajoy, encrucijada que sí se les va a presentar a Ciudadanos y PSOE. Eso y que Podemos sigue siendo la primera fuerza política en Euskadi  y Cataluña, hecho nada desdeñable con elecciones vascas en el horizonte y con Cataluña siempre presente en la agenda. Ahora toca volver al Congreso, prepararse para hacer una oposición distinta a la de los socialistas si finalmente el PP alcanza la Moncloa y replantear el partido, que ahora puede permitirse tomar una estructura más sólida al no tener elecciones (tras las vascas y las gallegas y si no hay una tercera vuelta) hasta 2019. Tiempo suficiente para asentarse y ganar credibilidad. O para perderla.