18/11/2019
Literatura

La mirada de Celia a una época convulsa

Se recupera uno de los volúmenes de la serie del personaje de Elena Fortún, escrito en 1943 y publicado por primera vez en 1987

Carmen López - 15/04/2016 - Número 29
  • A
  • a
La mirada de Celia a una época convulsa
Elena Fortún.
A finales de los años 80 del siglo pasado, Marisol Dorao viajó a Estados Unidos para dar una ponencia sobre la escritora Elena Fortún  (Madrid, 1886 - 1952) en un congreso literario. La biógrafa más importante de la autora se trajo de vuelta a España el manuscrito de Celia en la revolución, un texto inédito que la nuera de Fortún le entregó con una petición: “Haga que se publique”. Escrito en 1943, el borrador se había quedado en algún rincón hasta que la esposa de uno de los hijos de Fortún, Luis, lo rescató.

En junio de 1987, Carmen Martín Gaite, Marisol Dorao y Felipe Mellizo presentaron el libro en Madrid, del que se hizo una única tirada, con ilustraciones de Asun Balzola. Publicado por la editorial Aguilar, todos los ejemplares se vendieron rápidamente. Esa edición solo se puede encontrar en bibliotecas públicas y librerías de viejo y su precio supera los 100 euros.

La editorial sevillana Renacimiento lo ha devuelto, por fin, al mercado. Esta nueva edición incluye una introducción de Marisol Dorao y un prólogo de Andrés Trapiello, que destaca la curiosa trayectoria del libro. Los otros 20 títulos de la serie de Celia son relativamente fáciles de encontrar en el mercado de segunda mano. En 1993, José Luis Borau —con ayuda de Carmen Martín Gaite— llevó a la televisión alguna de las aventuras de la Celia niña, al mismo tiempo que Alianza reeditaba varios volúmenes.

Una tercera España

Elena Fortún se sirvió de su famoso personaje para narrar sus propias vivencias durante la Guerra Civil en Madrid, Barcelona o Valencia. Está con la República, aunque no habla demasiado de política, sino del pueblo. Solo ve la muerte, el hambre y el miedo. Cuenta que, movidas por el vacío de sus estómagos, ella y su amiga compran en la calle un supuesto conejo: sospechan que es una rata, pero prefieren no pensarlo. También la pena de dejar atrás su casa de Chamartín, el ruido de las bombas al caer o los trámites que los españoles tuvieron que hacer para huir a Francia en 1939.

La novela es una crónica del sufrimiento en una guerra que no se comprende del todo

La novela se acerca al periodismo narrativo. La ficción reside en los personajes, pero no en los sucesos, contados en primera persona. En el padre de Celia es fácil reconocer a su marido y sus hermanas podrían ser sus hijos, alejados de ella por la muerte y el exilio. Hasta la familia Aguilar forma parte del elenco, aunque, ellos sí, con su propio apellido. Es una crónica del sufrimiento en una guerra que no se comprende del todo. Una tercera España, como señala Trapiello en su prólogo.

La historia de Celia está llena de soledad. Sus seres queridos y los conocidos desapaerecen por la muerte o la distancia, tanto física como ideológica. La misma que experimentó la autora mientras se subía al barco que la sacó de su país deshecho.

La mujer tras la escritora

Elena Fortún se llamaba Encarnación Aragoneses Urquijo. Su seudónimo sale de la novela de su marido —el militar y escritor Eusebio de Gorbea Lemmi, con el que se casó en 1908— Los mil años de Elena Fortún. Nunca fue un matrimonio feliz, aunque tuvieron dos hijos, Luis y Bolín, fallecido en 1920. Esa muerte hundió a la escritora en una depresión y terminó de romper la fina cuerda que unía a la pareja. La escritora llegó a irse de casa, pero nunca se divorció.

A principios de los años 30 comenzó a frecuentar el Lyceum Club de Madrid —también conocido despectivamente como El club de las maridas—, donde conoció, entre otras, a Zenobia de Camprubí, María de Maeztu o Matilde Ras, con la que se piensa que tuvo una relación sentimental. Fue allí donde su amiga María Martínez Sierra la instó a desarrollar su pasión por la escritura: gracias a ella inventó a Celia, la protagonista de los cuentos que, en un principio, publicó en la sección “Gente menuda” de la revista Blanco y negro. A través de la voz inocente pero curiosa de la niña, Fortún trataba temas como la libertad de la mujer , las incongruencias de la vida adulta o la diferencia de clases.

El éxito que cosechó con sus columnas llamó la atención de la editorial Aguilar, que publicó Celia lo que dice en 1934. Celia se convirtió en un personaje célebre y la serie llegó a tener 20 volúmenes, sin contar el de la guerra. En la colección hay un vacío temporal desde la publicación de Celia madrecita (1939) hasta Celia institutriz en América (1944). El primero termina el 17 de julio de 1936 y en la siguiente entrega la protagonista ya está al otro lado del Atlántico. Celia en la revolución explica ese intermedio.

La escritora volvió a Madrid en 1948, año en que su marido —que nunca asimiló el destierro— se suicidó. Después de una temporada en EE.UU., regresó a un Madrid ya casi irreconocible para ella y murió en 1952.

Celia en la revolución
Celia en la revolución
Elena Fortún
Renacimiento, Sevilla, 2016, 
352 págs.