23/7/2019
Análisis

La nueva economía del petróleo

Si hay coherencia con el compromiso de mitigar el cambio climático, no solo no va a faltar este combustible, sino que va a sobrar

Mariano Marzo - 13/05/2016 - Número 33
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La nueva economía del petróleo
Trabajadores chinos en una plataforma petrolífera en alta mar. STR /AFP/Getty
Cuáles son las consecuencias de la dramática caída del precio del barril? ¿Qué pasará con la revolución del petróleo de shale en Estados Unidos? ¿Cómo afectará el reajuste de la economía china a la demanda mundial de petróleo? Las posibles respuestas a estas incógnitas son de gran relevancia tanto para los gobiernos (por su incidencia sobre las balanzas comerciales y las perspectivas sobre la demanda y la inflación) como para los mercados financieros (implicados en transacciones comerciales ligadas al petróleo), además de las empresas y los hogares (muy dependientes del petróleo y derivados para sus negocios y quehacer diario).

Un viejo chascarrillo dice que “la prospectiva es el arte de decir qué va a pasar y después explicar por qué no sucedió”. Para muestra, un botón. En 2010, la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el organismo asesor en materia energética de la OCDE, advertía a los consumidores de que “la era del petróleo barato había acabado” y que un “velo de incertidumbre” se extendía sobre la seguridad energética global a causa de una demanda creciente y una oferta menguante. Sin embargo, en un informe reciente sobre las perspectivas a medio plazo del mercado del petróleo para el periodo 2015-2021 (Medium Term Oil Market Report), el mensaje transmitido por la AIE es muy diferente: prepárense (con permiso de la geopolítica) para un largo periodo (probablemente, hasta finales de 2017) de precios bajos y sin limitaciones significativas de suministro.

AIE: “Quizás por primera vez estamos inmersos en un mercado del petróleo verdaderamente libre”

Antes de caer en la tentación de poner en tela de juicio la validez de los informes de la AIE, se debe tener presente que este organismo es una de las mejores fuentes de datos disponibles para analizar un mercado excesivamente opaco. Resulta más razonable preguntarse por los motivos esgrimidos por la AIE para justificar el giro copernicano mencionado. Y en esta línea, la argumentación de dicho organismo no puede ser más rotunda: “Quizás, en 2016, por primera vez desde los albores de la industria, estamos inmersos en un mercado del petróleo verdaderamente libre. En el mundo de hoy en día, si alguien puede extraer petróleo, lo vende en la máxima cantidad posible, sea cual sea el precio que pueda obtener. Hace tan solo unos pocos años esto hubiera sido inimaginable, pero hoy es una realidad a la que debemos acostumbrarnos…”.

Cuatro principios básicos

Tradicionalmente, de manera casi rutinaria, para responder a preguntas sobre el mercado del petróleo y los precios del crudo se recurría a una serie de principios básicos que, en teoría, rigen las operaciones en el sector. Dichos principios son cuatro.

El primero es que el petróleo es un recurso no renovable y, por lo tanto, tarde o temprano se acabará. Y como un recurso finito se vuelve más escaso con el paso del tiempo, parece lógico asumir que, aunque con altibajos, el precio del crudo tenderá a aumentar progresivamente.

El segundo es que la demanda y el suministro de petróleo son relativamente inelásticos frente al precio, lo que hace que este experimente marcadas fluctuaciones. En el caso de la demanda, se debe a que hoy por hoy apenas existen sustitutos a los derivados del petróleo en el sector del transporte (a escala global este sector depende en un 95% de dichos productos). Y en cuanto al suministro, la inelasticidad  se debe a que una vez que una petrolera ha invertido grandes sumas de dinero en el desarrollo de un proyecto de exploración y producción, cuando, al cabo de años, el crudo empieza a fluir, el grifo no puede cerrarse aunque en aquellos momentos el precio del barril sea bajo.

El tercero es que el petróleo fluye de este a oeste: es decir, de Oriente Medio a Europa y América del Norte. Como contrapartida, el dinero circula en sentido opuesto, lo que se traduce en toda la compleja casuística asociada al tema de los petrodólares.

Y el último principio es que la OPEP estabiliza el mercado. Así, por ejemplo, cuando en 2008-2009 la economía global atravesaba una profunda recesión y los precios del petróleo cayeron de 145 a 35 dólares por barril, el cártel corto su producción en casi tres millones de barriles diarios, estabilizando los precios. Con este mismo propósito, en 2004, cuando la demanda mundial de petróleo experimentó un brusco aumento, la OPEP incrementó de forma inmediata su producción.

Si no le gustan, tengo otros

Estos principios parecen sólidos. Sin embargo, en los últimos 10 o 15 años el mercado petrolero ha cambiado de manera muy significativa, básicamente de la mano de la revolución del shale en EE.UU. y de la creciente preocupación global sobre el cambio climático y el medioambiente, de manera que cabe preguntarse si tales cambios alteran la vigencia de los principios arriba enumerados. Y la respuesta es, en mayor o menor grado, afirmativa.

En primer lugar, hoy sabemos que la idea de la finitud del petróleo, en cuanto recurso no renovable, no implica necesariamente que vayamos a quedarnos sin él o que este sea cada vez más escaso. No tanto porque dispongamos de abundantes recursos no convencionales que los avances técnicos van convirtiendo en reservas probadas (como ha sucedido en EE.UU. ), sino, sobre todo, porque si somos coherentes con el compromiso de mitigar el cambio climático, tendremos que dejar dos terceras partes de las reservas probadas de combustibles fósiles en el subsuelo, sin quemarlos. Es decir, que probablemente no solo no nos va a faltar petróleo, sino que nos va a sobrar.

La caída de la demanda en Europa y EE.UU. podría invertir la dirección del flujo comercial del crudo

Por otra parte, la revolución del shale introduce una mayor elasticidad en el suministro de crudo frente a las variaciones de precios en los mercados, ya que la curva de producción a partir de shale se ajusta a un ciclo temporal mucho más corto y manejable que la del petróleo convencional. Ello significa que el petróleo de shale puede ayudar a reducir la volatilidad en los precios, aunque, en contrapartida, dada la mayor dependencia de su producción del sistema bancario y financiero, incrementa la exposición del mercado petrolero a los shocks financieros.

Y también sucede que la caída de la demanda en Europa y Norteamérica, junto al hecho de que esta última región está reduciendo drásticamente su dependencia de las importaciones de petróleo (gracias a la explotación de sus recursos no convencionales), abre las puertas a un paulatino aumento del flujo de petróleo hacia Oriente, donde China e India están llamadas a incrementar sustancialmente sus importaciones. Estamos hablando de un cambio de 180 grados en la dirección del flujo comercial del petróleo, lo que tendría importantes repercusiones sobre los mercados energéticos y financieros, así como sobre la geopolítica.

En cuanto al papel estabilizador del mercado del crudo ejercido hasta la fecha por la OPEP, todo apunta a que el cártel no perderá totalmente su condición de regulador clave, aunque tanto la revolución del shale como el cambio estructural que supone la tendencia global hacia la electrificación del transporte harán que su protagonismo quede cada vez más circunscrito al caso de variaciones de precios causadas por factores temporales, poco persistentes en el tiempo y de índole mayormente geopolítica.

Todo ello permite concluir que urge disponer de un nuevo conjunto de herramientas que guíen los análisis del mercado del petróleo. O lo que viene a ser lo mismo, de unos nuevos principios básicos que reflejen lo que podríamos denominar “la nueva economía del petróleo”.