10/12/2019
En palabras

La onda expansiva del cambio climático

La onda expansiva del cambio climático
Así se vería Sevilla como consecuencia del deshielo. Calamar2 / Greenpeace
Construido en los astilleros de San Petersburgo, el Illya Muromets es un buque de 6.000 toneladas de peso capaz de partir bloques de hielo de hasta 1,5 metros de grosor. Cuando, el próximo año, el primer rompehielos militar ruso se una a la Flota del Norte, sus 85 metros de eslora podrán recorrer a una velocidad de hasta 15 nudos los 5.600 kilómetros que atraviesan por el Paso del Noroeste la disputada región al norte del círculo polar ártico.

Rusia, Estados Unidos, Canadá, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Noruega e Islandia compiten por los límites territoriales de una zona que esconde el 30% y el 13%, respectivamente, de las reservas mundiales de gas natural y petróleo aún no descubiertas. Pero además de incubar los conflictos geopolíticos del futuro, el Ártico es escenario presente del cambio climático impulsado por el calentamiento global. Según el Centro Nacional de Datos sobre la Nieve y el Hielo de Estados Unidos (NSIDC, por sus siglas en inglés), 2016 ya es el año con el nivel de hielo marino más bajo en las últimas décadas y, según los datos de la NASA, va camino de ser el más cálido de la historia reciente del planeta.

A pesar de los riesgos, el Ártico continúa siendo uno de los océanos menos protegidos de todo el planeta

Según diversos estudios, la disminución del hielo marino ártico está relacionada con el incremento de fenómenos meteorológicos extremos en algunas zonas templadas (y muy pobladas) de Norteamérica, Europa o Asia Oriental. Es uno de los efectos de la denominada amplificación ártica, expresión con la que los expertos aluden a los procesos responsables de que la temperatura esté subiendo dos veces más rápido en el Ártico que en el resto del planeta. En el informe “Lo que pasa en el Ártico no se queda en el Ártico”, que acaba de publicar Greenpeace, se recogen indicios que señalan “una relación causal entre la pérdida del manto de hielo ártico y el cambio en los patrones de circulación atmosférica, la circulación oceánica y los gradientes térmicos del hemisferio norte”. Todo ello pone en marcha un perverso mecanismo de retroalimentación entre el calentamiento y el deshielo que amplifica la onda expansiva del cambio climático.

 “Según desaparezca el hielo terrestre ártico”, advierte el informe, “es probable que suba el nivel del mar y cambien los patrones climáticos del hemisferio norte. Los efectos probablemente varíen por zona geográfica, algunas sufrirán veranos más calurosos y secos y otras más lluviosos, mientras que en otras zonas los inviernos serán más fríos y habrá más tormentas”. La responsable de investigación de la organización ecologista en España, Sara del Río, considera que “estos fenómenos meteorológicos extremos serán cada vez más comunes en el futuro, con grandes consecuencias para las personas y el medio ambiente”.

A pesar de estas amenazas, el océano Ártico continúa siendo uno de los menos protegidos en todo el planeta. A fin de limitar tanto los efectos del cambio climático en la biodiversidad del Ártico como la influencia de estos cambios a nivel mundial, los ecologistas abogan por la creación de un Santuario Ártico que mantenga alejadas a las industrias extractivas de las aguas internacionales alrededor del polo norte.
La imagen, en la que se aprecia un barco turístico varado en el cauce seco del río Guadalquivir junto a la Torre del Oro, recrea el presumible paisaje en la capital andaluza como consecuencia del deshielo del Ártico.