14/10/2019
En palabras

La ONU nació para salvarnos del infierno

AHORA / Noelia Sastre - 09/09/2016 - Número 50
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Los ocho secretarios generales que ha tenido la ONU desde su fundación en 1945 siempre han insistido, en su papel de “portavoces de los intereses de los pueblos del mundo”, en que Naciones Unidas somos todos. Sin financiación no puede haber misiones de paz. Y sin el restablecimiento de ese polémico órgano supremo llamado Consejo de Seguridad “como única fuente legítima en el uso de la fuerza, solo puede haber anarquía” (en palabras de Kofi Annan). Dag Hammarskjöld, el sueco que dirigió la organización entre 1953 y 1961 (ese año murió en accidente de avión durante una misión de paz en el Congo) lo describió así: “La ONU no es solo un producto de bienhechores. Llegará el día en que los ciudadanos vean claramente lo que significa. Todo estará bien cuando la gente deje de pensar en ella como una extraña abstracción picassiana y la vea como un dibujo pintado por ellos mismos”.

Para Jeffrey Sachs la ONU fue la gran innovación política del siglo XX y al mismo tiempo el mayor chollo

A sus 71 años, a la ONU le acaban de dar una alegría desde la cumbre del G20 en Hangzhou. China y Estados Unidos, responsables del 38% de las emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo, han ratificado el acuerdo alcanzado en diciembre en la cumbre de París en la lucha contra el cambio climático. Entre los recientes triunfos de esta institución, que para el profesor Jeffrey Sachs fue la innovación política más importante del siglo XX y al mismo tiempo el mayor chollo del planeta, está también el acuerdo nuclear con Irán de los cinco miembros permanentes del Consejo (China, Francia, Rusia, Reino Unido y EE.UU.) más Alemania. O los Objetivos de Desarrollo del Milenio introducidos por Annan en 2000 y concluidos 15 años después por su sucesor, Ban Ki-moon. Paz, reducción de la pobreza y cooperación medioambiental son los tres ejes que han centrado los esfuerzos de la ONU en los últimos tiempos, acompañados siempre del mensaje “necesitamos más dinero”.

Con un presupuesto de 45.000 millones de dólares en 2013 para todas las agencias y actividades —desde el Programa Mundial de Alimentos hasta las operaciones humanitarias o los refugiados—, tocamos a unos 6 dólares por habitante. Pero con los constantes recortes, Acnur y el resto de las agencias que trabajan sobre el terreno advierten de que sencillamente no pueden seguir así. La ONU necesita al menos 75.000 millones de dólares anuales, dicen los expertos. Una vez que las operaciones de mantenimiento de la paz se reduzcan porque hayan disminuido los conflictos, las emergencias por desastres naturales se podrán anticipar mejor y algunos programas se fusionarán o desaparecerán para crear otros más acordes a estos tiempos. Eso en un mundo ideal, porque la realidad es que los 193 estados miembros no consiguen ponerse de acuerdo ni en las reformas que llevan lustros cocinándose.  

- “¿Por qué no ha reformado las agencias tras cinco meses en el cargo cuando a dios solo le llevó siete días crear el universo?”, le preguntó el embajador ruso a Kofi Annan en 1997.

- “Está usted en lo cierto”, respondió el secretario general. “Pero dios tuvo una ventaja clave: trabajó solo.”

La gobernanza es la gran reforma pendiente, empezando por el Consejo y su composición, que ya no refleja las realidades geopolíticas: tres de los cinco miembros permanentes pertenecen a un mismo grupo regional —Europa Occidental y otros Estados—, uno a Europa Oriental, otro a Asia y el Pacífico —que representa el 55% de la población mundial— y ninguno a África o América Latina.

Ruanda, las violaciones de los cascos azules en el Congo, la masacre de Srebrenica o Darfur, entre sus fracasos

Para muchos el Consejo no es solo su organismo más importante, también es su mayor problema por el derecho a veto de los miembros permanentes que frenan, como en el caso de Rusia o China, las resoluciones de condena al régimen sirio. Y si ya en 1954 Hammarskjöld anticipó que la ONU no era una organización “para llevarnos al cielo, sino para salvarnos del infierno”, la comunidad internacional no lo consiguió en vergonzosos fracasos como el genocidio de Ruanda, las violaciones de los cascos azules en el Congo, la epidemia de cólera en Haití, la masacre de Srebrenica o el conflicto de Darfur.