24/5/2019
Política

Los favoritos de la vicepresidenta

O de cómo Soraya Sáenz de Santamaría maneja las ruedas de prensa para evitar a los medios incómodos

Juan Luis Gallego - 16/10/2015 - Número 5
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Los favoritos de la vicepresidenta
Soraya Sáez de Santamaría en una conferencia de prensa en la Moncloa.Eduardo Dieguez / AFP / GETTY IMAGES
La periodista de Publico.es que habitualmente cubre las ruedas de prensa posteriores al Consejo de Ministros prácticamente ha renunciado a pedir la palabra. Sabe que las posibilidades de que la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, se la conceda son escasas. Se ha convertido en una periodista incómoda para el Gobierno. También su compañera de Infolibre: desde que este medio comenzó su andadura, en marzo de 2013, ha podido preguntar en dos ocasiones, una cada 15 meses, a pesar de que asiste a más del 80% de las comparecencias. Tampoco la Cadena Ser corre mejor suerte, aun siendo la radio más escuchada del país. No importa su tamaño: a la vicepresidenta no le gustan sus preguntas. Ni las del Periódico de Catalunya, más escorado a la izquierda que sus paisanos de La Vanguardia. Ni las de eldiario.es, otro medio digital, como Publico.es, como Infolibre, crítico con el Gobierno. Así que, simplemente, apenas les deja preguntar.

Vicepresidenta, ministra de la Presidencia y portavoz del Gobierno de España, Soraya Sáenz de Santamaría suma a su amplio poder la potestad, más terrenal, de conceder la palabra a los periodistas en las ruedas de prensa que, tradicionalmente, se celebran tras la habitual reunión del Consejo de Ministros de los viernes para informar de las decisiones adoptadas y, de paso, abordar los asuntos de actualidad. Ella, salvo imprevistos, está siempre; esporádicamente, a su lado, se sientan uno o varios miembros del Gobierno si alguno de los acuerdos importantes adoptados incumbe a su ministerio. Pero ella y solo ella es la que decide quién pregunta. No en vano conoce a todos y cada uno de los periodistas habituales.

 Y la dinámica, según los periodistas consultados por AHORA, es siempre similar: los corresponsales de un selecto grupo de medios supuestamente afines al Gobierno preguntan siempre y, la mayoría de las veces, los primeros; los turnos de palabra restantes se reparten entre los demás, y pocas veces en este segundo grupo los escogidos son los medios más incómodos. Hay otra constante, de la que varios de los periodistas consultados aseguran tener constancia: algunas de las preguntas de esos medios cercanos son dirigidas, es decir, ha habido un contacto previo, una llamada desde Moncloa, para sugerir la pregunta. Es el momento que Soraya Sáenz de Santamaría aprovecha para lanzar su mensaje.

Es difícil calibrar la efectividad de la estrategia de la vicepresidenta, más allá de la constatación de una realidad: algunos de los medios más críticos con el Gobierno son sistemáticamente ninguneados. Pero ciertos datos pueden servir para arrojar luz. Desde el inicio de 2015 hasta el 2 de octubre pasado se celebraron 34 Consejos de Ministros, seguidos todos de sus

La expresión “caja B” fue pronunciada en dos ocasiones, y Gürtel, en seis, en ambos casos solo por los periodistas 

correspondientes ruedas de prensa. Se produjeron en total más de 220 intervenciones de los periodistas, según las transcripciones de las comparecencias que no reflejan, sin embargo, el nombre o el medio al que pertenecen los intervinientes, pero de las que se extraen algunos datos significativos. Por ejemplo, que el apellido Bárcenas (Luis, el extesorero del PP investigado por corrupción) fue pronunciado apenas 10 veces, y solo una de ellas en boca de Sáenz de Santamaría. Sin embargo, otro apellido, Monedero (Juan Carlos, cofundador de Podemos) salió a relucir en 13 ocasiones, y en seis de ellas lo pronunció la vicepresidenta. Es cierto que, durante varios días, Monedero ocupó las primeras páginas de los periódicos por facturar, a través de una sociedad unipersonal, varios trabajos de asesoría realizados en Latinoamérica y verse obligado a pagar a Hacienda 200.000 euros para evitar una sanción fiscal. Pero en esos nueve meses analizados también se produjeron importantes noticias vinculadas al extesorero del PP, como que el juez Pablo Ruz dio por concluida la investigación constatando que el partido gestionó una caja B durante al menos 18 años,que en su escrito de defensa, Bárcenas acusó a José María Aznar y a Mariano Rajoy de recibir donativos importantes o que la legalidad de su supuesto “despido en diferido” fue dirimida en los tribunales. 

Palabras más, palabras menos 

Por cierto, la expresión “caja B” fue pronunciada en solo dos ocasiones, y Gürtel, en seis, en ambos casos todas por los periodistas. Púnica, el nombre de la operación que desmanteló una trama de corrupción en la Comunidad de Madrid con numerosos cargos del PP implicados en el cobro de comisiones por la adjudicación de contratos, no fue mencionado ni un sola vez.

Otros datos reflejan la capacidad de la vicepresidenta para lanzar sus mensajes independientemente de las preguntas de los periodistas. Como que, mientras las siglas PSOE salieron a colación solo 16 veces en las preguntas, ella, que siempre se refiere al principal partido de la oposición como Partido Socialista, pronunció estas dos palabras en 37 ocasiones. Y que fue ella la que más utilizó la palabra corrupción, 12 de las 20 veces pronunciada, para hablar de “las medidas de regeneración democrática” adoptadas por su Gobierno. Y hablando de lanzar mensajes: uno de los ítems más empleado fue recuperación, en formas ya más que reconocibles por todos: “recuperación económica”, “senda de la recuperación”, “recuperación del empleo”, …  De las 67 veces en que se habló en esos términos, 59 fue desde la mesa de comparecientes, en este caso no solo por la vicepresidenta, sino también por algunos de los ministros que la acompañaron, como el de Hacienda, Cristóbal Montoro, o la de Empleo, Fátima Báñez.

“La vicepresidenta es especialmente hábil en el manejo de los turnos de palabra para evitar que salgan los temas importantes”, explica Luz Sanchís, periodista de eldiario.es, que ha conseguido preguntar dos veces en tres años. “Gestiona a su conveniencia los turnos y elige en función de los días y de los temas —remacha Carlos E. Cué, de El País—. Está perfectamente estudiado para tener que responder el mínimo número de preguntas incómodas posibles. Cálculo puro.”

 
Ambos, Sanchís y Cué, coinciden al relatar uno de los trucos de Sáenz de Santamaría: si es un día complicado, con noticias de corrupción, los elegidos en el turno de preguntas serán mayoritariamente los periodistas económicos, cuyas preguntas, por la exigencia informativa de los medios a los que representan, irán por otros derroteros. Cué —ahora corresponsal de El País en Buenos Aires— quiere dejar claro, sin embargo, que no puede encuadrarse entre los especialmente damnificados, quizás por el peso del medio al que representa.

Entre los favoritos de la vicepresidenta, los periodistas consultados para elaborar este reportaje coinciden en destacar a la agencia estatal EFE y el diario ABC. También a La Vanguardia, cuya corresponsal política, Carmen del Riego, es además presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM). “Nunca he entendido el criterio con el que da o no da la palabra”, afirma. A su juicio, no obedece a razones de afinidad ideológica o personal, sino a decisiones aleatorias con las que, en su opinión, “nadie puede decir que no se la da nunca y todos pueden decir que no se la da siempre que la pide”. En su calidad de presidenta de la APM sí reclama que no limite los turnos de palabra, es decir, que conteste a todos los periodistas que soliciten preguntar, dado que se trata de una rueda de prensa a la semana y que en muchas ocasiones son apenas dos o tres las peticiones que se quedan en el aire. 

Límite de preguntas

Al parecer, la vicepresidenta ha adoptado la decisión, no explicitada, de limitar a una decena las preguntas que contesta —ella o su compañero de Gobierno de turno—, aunque varias sean hechas por el mismo periodista. Del Riego, con una amplia experiencia como corresponsal política, no recuerda que los portavoces de gobiernos anteriores dejaran tan frecuentemente solicitudes de palabra sin conceder.
 
Otros de los habituales en el turno de palabra es Libertad Digital, la web creada en 2000 por el economista Alberto Recarte y el periodista Federico Jiménez Losantos. Un medio con una extraña relación con el Gobierno y con el partido que lo sustenta: no solo debe parte de su crecimiento a las concesiones de emisoras y televisiones desde administraciones gobernadas por el PP, sino que, según el extesorero Luis Bárcenas, el partido aportó entre 2004 y 2005 casi medio millón de euros procedentes de su caja B a Libertad Digital, que, por su parte, siempre ha alegado que se trató de aportaciones privadas.
 
Su corresponsal político, Pablo Montesinos, reconoce que Sáenz de Santamaría suele darle la palabra cada vez que la pide y defiende su derecho a ello, pero reprocha a la vicepresidenta que no conceda la misma oportunidad a todos. De hecho, la actitud de la vicepresidenta contrasta con la de los dirigentes del PP que, cada lunes, comparecen ante los medios tras la habitual reunión del comité de dirección. Tanto María Dolores de Cospedal, en su momento, como los actuales vicesecretarios Pablo Casado o Javier Maroto suelen someterse al escrutinio de los periodistas prácticamente sin límite de turnos o tiempo.

Los medios menos predilectos

Entre los medios más castigados por la vicepresidenta, los periodistas consultados señalan los digitales Infolibre, Publico.es y eldiario.es. La Cadena Ser —que pocas veces logra la palabra si antes la ha conseguido El País, por ser del mismo grupo—; La Sexta, sobre todo cuando la periodista habitual era Cristina Pardo; y los catalanes de El Periódico de Catalunya y Ara, este último claramente nacionalista.

Desde Moncloa, la directora de Comunicación, Consuelo Sánchez Vicente, niega que se “discrimine” a los medios según su posicionamiento ideológico y considera “injusta” tal acusación. Recuerda la facilidad con la que su departamento concede acreditaciones para cubrir informativamente los Consejos de Ministros y argumenta que, dado el número de medios habituales, en torno a una treintena tras la incorporación de los nuevos medios digitales, es imposible que pregunten todos en un solo día. Por eso el criterio que sigue la vicepresidenta, añade, es repartir los turnos de palabra para que, un día u otro, todos tengan su oportunidad.


¿Tiene algo que ver esa habilidad de la vicepresidenta con que, en la rueda de prensa del 28 de noviembre de 2014, la dimisión de la ministra de Sanidad, Ana Mato, no ocupara ni un segundo, a pesar de que se había producido tan solo dos días antes? Cataluña, el programa económico de Podemos y la situación económica centraron la mayoría de las preguntas; probablemente con toda legitimidad por parte de los profesionales que las hicieron. Pero lo cierto es que algunos de los que sí querían abordar la renuncia de la ministra no tuvieron ocasión de hacerlo. También dos meses antes, en la rueda de prensa del 26 de septiembre, la vicepresidenta se había librado de tratar de otra dimisión, la del entonces ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, porque el Gobierno había dado marcha atrás en su pretendida reforma del aborto.

“La vicepresidenta es especialmente hábil en el manejo de los turnos para evitar que salgan los temas importantes”

La periodista de Publico.es, Ana Pardo de Vera, apunta otro de los supuestos “logros” de la vicepresidenta: haber vaciado de interés informativo las ruedas de prensa. “Al margen de la información sobre los acuerdos adoptados en el Consejo de Ministros, son cada vez más inútiles. La vicepresidenta esquiva todas las preguntas que no le interesan.” A juicio de Carlos E. Cué, no es una casualidad, sino fruto de “una decisión política para bajar el perfil” de estas comparecencias. “El objetivo de la vicepresidenta es claro: no dar nunca ningún titular. Y lo logra en la mayoría de las ocasiones”, concluye.

Entre los consultados, hay quienes dicen que forma parte del trabajo de la portavoz del Gobierno: conocer a los periodistas habituales —aseguran que sabe perfectamente quién es cada uno—, eludir los temas incómodos —“la vicepresidenta es muy lista”, describe uno de los consultados— y lanzar sus mensajes —“con independencia de quién y qué pregunte, dice lo que le da la gana”, afirma otro—. ¿Pensarán lo mismo los ciudadanos?