23/6/2017
El vals de los adioses

Mamá regó el azúcar en mí

“No estoy a gusto en el cargo para el que me eligió el dedo imperioso de Astut Mas”

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Mikel casal

Llamadme Cocomocho. No “Molt Honorable Cocomocho”, que no le cuadra a mi estilo desenfadado. Ni “El Hombre de Amer”, como hace en La Vanguardia Isabel García Pagan, con gentil disposición: es verdad que nací, en 1962, en el pueblo de Amer, donde mi familia tiene una pastelería. Pero “El hombre de Amer” suena paleontológico y troglodita, tipo “El hombre de Orce”, etc. No. Cocomocho a secas.

Aunque ahora sea presidente de la Generalidad de Cataluña y Cotarelo me defina en su científico blog como “un estadista de primera con el que no puede compararse ni de lejos ninguno de los candidatos de los partidos estatales”, tampoco vale la pena que me llaméis “El Molt Honorable Cocomocho”. Porque no estoy a gusto en el cargo para el que me eligió el dedo imperioso del Astut Mas. Yo no valgo para esto. Y dadas las borrascas que se avizoran creo que más valdría dimitir y reincorporarme a las lucrativas actividades dizque periodísticas desde las que salté a la política. Nadie discutirá que he seguido una carrera meteórica y que sin estudios, sin preparación intelectual, sin obra literaria o ensayística, sin experiencia en la empresa privada ni pública, salvo unos años como periodista en un diario provincial financiado por la Generalidad, he alcanzado la presidencia de esta institución que para mí, y para cualquier nacionalista, es lo más arriba que se puede llegar en este mundo.

“Mi futuro está resuelto y siempre podré decir que yo, Cocomocho,  fui president

Hasta cierto punto, es normal que yo sea presidente de la Generalitat, ya que esta institución ha financiado toda mi vida profesional: la Agencia Catalana de Noticias (organismo de la Generalidad); luego la Casa de Cultura de Gerona (encargo del presidente de la Diputación de Gerona Carles Pàramo); luego, el periódico en inglés Catalunya Today (financiado con medio millón de euros en subvenciones públicas); luego, ya con sueldo de diputado de CiU, alcalde de Gerona, y desde el pasado mes de enero, por merced del Astut, capo di tutti i capi.

¿Por qué todos me ayudan, me financian y promueven? ¿Qué tengo yo que mi amistad procuran, convergentes y cleptómanos en general? ¿Qué mérito tengo aparte de mi fe ultranacionalista y de enardecer a mis audiencias prometiendo que “los invasores españoles serán expulsados de Cataluña como lo fueron de la pacífica Bélgica”?

Sí, ¿cuál es el secreto de mi encanto? Pues quizá, precisamente, el “factor pastelería de Amer” que cantó Henry Stephen: “…Cuando me miran, se saborean / igual que si chuparan la miel, / y con los ojos quieren comerme / como si fuera un delicioso pastel. / Y es que no saben que en vez de talco / mamá regó el azúcar en mí.”

Ahora, sin embargo, es hora de pensar en la amarga retirada. Veamos:

Uno. En septiembre tengo que someterme en el Parlamento regional a una moción de confianza que se me ocurrió a mí solo. Según Cotarelo es “una jugada maestra”, pero no las tengo todas conmigo, mi suerte depende de la CUP, a la que estamos procurando reblandecer, pero también quiso hacerlo el Astut, que ahora deambula muy mohíno con la cabeza cortada bajo el brazo.

Dos. Me comprometí a proclamar la independencia en 18 meses. Los meses vuelan y no me decido, pues, como decía Francesc Pujols, cuidadito que en el balcón hace mucho frío y se pillan unas pulmonías tremendas.

Tres. Con la Generalidad en deuda de 60.000 millones y Convergencia quebrada, en caída libre y bajo la inquisición de Hacienda y los jueces, el empresariado ya ni se atreve a pasarnos el 3%. Así, ¿cómo alimento la Repartidora? Si uno no reparte, en la clase de tropa no hay alegría, cunden el desánimo y el malhumor. Y así no da gusto mandar.

Cuatro. Los lumbreras de mi Gobierno —al que no me atrevo ni en broma a definir, como hacía el Astut con el suyo, como “el Gobierno de los mejores”— son justitos. Como jefe de los Mossos tengo a Josep Lluís Trapero, el que le guisa las paellas a Pilar Rahola (parafilia rara, pero también hay quien le gusta el gotelé) cuando ella me da una “fiestaza”. En Economía, a Junqueras, que de números no sabe nada como demostró el cruel repaso que le dio el otro día Josep Borrell en el debate televisado. En “Asuntos Exteriores”, Cocoliso Romeva trata en vano de generar simpatía hacia nuestra causa en las cancillerías europeas, donde su visita se desea como el chupetón de un leproso. En Justicia, a Carles Mundó, de formación jurídica tan sólida que es capaz de decir que “la democracia y el voto de los ciudadanos en las urnas siempre están por encima de las leyes”. Delegado en Madrid, tengo a Mascarell, no comment. Claro que estos desechos de tienta me los impuso el Astut, y que como dice el refrán “estos bueyes tenemos, con estos bueyes aramos”, y que procuro para Cataluña un futuro ubérrimo e independiente...

Pero si tengo que dimitir, allá penas, por lo menos mi futuro está ya felizmente resuelto. Y siempre podré decir que yo, Cocomocho, fui president.