19/8/2019
Europa

Mentiras y distorsiones en la campaña del Brexit

A la falta de seriedad en el debate se une que la UE para Londres solo ha sido un proyecto económico

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Mentiras y distorsiones en la campaña del Brexit
Mackenzie Walk, la plaza principal del londinense Canary Wharf. Marta Montes Vilela
El año pasado, el festival literario Passa Porta de Bruselas terminó con una entrevista pública —un acto en el que se agotaron las entradas— con Ian McEwan, probablemente el escritor británico más importante en la actualidad. El evento tenía lugar en el Palacio de Bellas Artes o Bozar, un templo modernista de 1929 con capacidad para 2.200 espectadores. Al principio de la entrevista le preguntaron a McEwan si había estado antes en Bruselas. Soltó una bienhumorada carcajada y dijo que no, que no había estado. “Pero creo que tiene algunos de los edificios más bonitos del mundo, y también de los más feos.”

Ese mismo día, más tarde, le expresé mi sorpresa a otro importante escritor británico. McEwan tiene más de 60 años y Bruselas está a dos horas en tren desde Londres. El escritor reaccionó con sorpresa a mi sorpresa. “¿Por qué ir a un sitio solamente porque todavía no has estado ahí?” Dudó un segundo. “Yo no he estado nunca en Uzbekistán. ¿Es ese un motivo para ir?”

Para los continentales, la UE es la promesa de libertad respecto a la amenaza de la ocupación

Llevo cinco años viviendo en Londres y si tuviera que resumir la actitud de la clase política e intelectual británica frente a Europa y la Unión Europea, diría que esos dos encuentros en Bruselas resumen muy bien un elemento: una indiferencia genuina mezclada con una tozuda ignorancia.

Otro elemento es menos inocente. Durante más de dos años trabajé en la redacción de The Guardian. Junto con el mucho más pequeño Financial Times, el Guardian es el único periódico británico considerado proeuropeo. Sin duda encontrarás ahí a periodistas y columnistas que apoyan el proyecto europeo, pero son una minoría. Es muy representativo un comentario que hizo un alto directivo en lo peor de la crisis griega: “Bueno, al final la Unión Europea no es nada más que un intento de Alemania de acabar ganando la Segunda Guerra Mundial”.

No había ironía en su voz, como no la había cuando el líder de la campaña por la salida de la Unión Europea, el exalcalde de Londres Boris Johnson, afirmó que no había verdaderas diferencias entre los planes de Hitler para Europa y los de la UE. Como no había ninguna ironía en el post del día siguiente de Gerard Batten, un miembro del Parlamento Europeo perteneciente al partido antieuropeo UKIP, sobre un “vínculo aún más estrecho” entre el proyecto europeo y los nazis. Y el ministro de las Fuerzas Armadas, Penny Mordaunt, escribió esto en el Daily Telegraph sobre por qué su país debería salir de la Unión: “Cuando Gran Bretaña se quedó sola después de la derrota de Dunquerque en 1940, nos aislaron y ridiculizaron. A veces el verdadero liderazgo se parece al aislamiento”.

En menos de un mes, el 23 de junio, los británicos votarán el referéndum sobre el Brexit. Decidirán si Gran Bretaña debe abandonar la Unión Europea. Las encuestas más recientes sobre las elecciones británicas se equivocaron, y como el del Brexit es el primer referéndum de esta clase desde hace décadas, su resultado es doblemente difícil de predecir. La mejor apuesta, por lo tanto, es consultar a las casas de apuestas británicas.

En casi cualquier calle comercial del país hay pequeños edificios de colores brillantes en los que apostar. Sobre partidos de fútbol, carreras de caballos, las posibilidades de que Elvis esté vivo o de que España sea el primer país en abandonar la eurozona (un 10%, si tienen curiosidad). Naturalmente, también se puede apostar sobre el Brexit. En las casas de apuestas más grandes, como William Hill, las posibilidades de que Gran Bretaña se marchara eran, a mediados de mayo, de una entre tres. Una posibilidad real.

El nacionalismo para los británicos no es lo que desembocó en Hitler, sino lo que los salvó de Hitler

A estas alturas se han acabado las bromas y la campaña del referéndum se está volviendo cada día más sucia, absurda y cínica. Ofrece una visión única de la actitud del país sobre Europa. El primer ministro David Cameron sabe que el Brexit acabaría políticamente con él. Así que el otro día advirtió de una “guerra en Europa” si el país votaba a favor de la salida. Hace solo unos meses Cameron negociaba “un mejor acuerdo para Gran Bretaña” con otros líderes europeos en Bruselas, y les amenazaba con apoyar el Brexit si no le daban lo que quería. Así que, según su propia lógica, ¿ha estado Cameron chantajeando a los líderes europeos con una guerra, o esas negociaciones fueron una farsa desde el principio?

Por su parte, el probrexit Boris Johnson está ahora realizando una gira por el país con el llamado battle bus (autobús de la batalla) en la que afirma que los británicos mandan 350 millones de libras (alrededor de 500 millones de euros) a Bruselas cada semana. “Deberíamos gastar eso en el Servicio Nacional de Salud”, repite Johnson cada vez que tiene la oportunidad, a sabiendas de que la sostenibilidad del servicio sanitario es una prioridad máxima para muchos votantes. Esos 350 millones son una cifra muy engañosa, puesto que la Unión Europea devuelve buena parte de ellos en forma de subsidios, pagos y devoluciones. El propio Johnson lo ha admitido, pero su jefe de campaña ha dicho: “Si conseguimos que la gente hable de esa cifra, habremos ganado”.

Un referéndum muy útil

Este es el nivel del debate. Tabloides como The Sun, el Daily Mail y el Daily Express publican cada día toneladas de mentiras, medias verdades y distorsiones sobre la Unión Europea. The Daily Telegraph y The Times hacen esencialmente lo mismo, solo que de manera  más educada. Todos estos periódicos son propiedad de multimillonarios, el más poderoso de los cuales es Rupert Murdoch. Hace no mucho lo citaron diciendo que su oposición a la Unión Europea era “fácil” de comprender: “Cuando voy a Downing Street hacen lo que yo quiero. Cuando voy a Bruselas ni se dan cuenta”.

Murdoch: “Cuando voy a Downing Street hacen lo que yo quiero, cuando voy a Bruselas ni se dan cuenta”

A la BBC, mientras tanto, se le exigen unos estándares de imparcialidad tan altos que, de hecho, se traducen en que por cada noticia o invitado proEU debe haber otro del campo contrario. Esto hace que parezca que la verdad está en un punto medio en todos los casos y da una densa capa de credibilidad hasta a las afirmaciones más extravagantes de los partidarios de la salida. Y a pesar de todo, este referéndum está siendo extremadamente útil. Para empezar para los europeos: nunca habíamos tenido la oportunidad de ver con tanta claridad que, mientras nosotros consideramos a los británicos parte de nuestra familia, una abrumadora mayoría de ellos ven las cosas de manera muy distinta. La razón está en la historia reciente y menos reciente. Reino Unido es el centro de la Commonwealth y una parte integral del mundo angloparlante. Como demostró claramente el escándalo de espionaje de Snowden, los británicos consideran a sus vecinos europeos como aliados. Y a los estadounidenses, canadienses, australianos y neozelandeses como su familia. Gran Bretaña, por su historia colonial, tiene opciones que los demás países europeos no tienen. Como memorablemente dijo Winston Churchill: “Estamos con Europa, pero no somos de Europa”.

El imperio en positivo

Y después está la Segunda Guerra Mundial. Para los europeos continentales, la UE es la promesa de libertad con respecto a la amenaza del nacionalismo, la dictadura y la ocupación. Los británicos tienen una experiencia distinta. Durante los últimos 400 años siempre han sido los ocupadores, nunca los ocupados. Imperio es una palabra positiva para la mayor parte de la opinión pública inglesa, mientras que la democracia británica se ha mantenido ininterrumpidamente durante siglos y ha dejado a las viejas élites rurales prácticamente intactas.

La mayor parte de los europeos continentales piensa en el nacionalismo como el veneno de Hitler, Stalin y Franco. A los británicos les enseñan exactamente lo opuesto: el nacionalismo es lo que mantuvo al país unido durante la Segunda Guerra Mundial. El nacionalismo para los británicos no es lo que desembocó en Hitler, sino lo que les salvó de Hitler.

De manera parecida, mientras los europeos continentales pueden desear enterrar y olvidar para siempre los horrores de la Segunda Guerra Mundial, a los británicos les enseñan que aquella contienda fue su mejor momento. De hecho, raramente pasa un día sin que nadie entre los partidarios de la salida evoquen la Segunda Guerra Mundial o “el espíritu de Dunquerque”.

Son sobre todo los ingleses los que no ven ninguna necesidad de una entidad supranacional. Para ellos la UE siempre ha sido un proyecto económico más que cultural y político. Por decirlo de otro modo, los ingleses no ven la UE en términos transformativos, y no digamos ya visionarios, sino puramente transaccionales. Lean periódicos proeuropeos como el Financial Times o escuchen a políticos ingleses proEU: todos los argumentos se presentan en el marco del interés nacional del país.

De modo que la campaña por el referéndum se libra alrededor de estrechos intereses nacionales. Un buen ejemplo de argumento típico tiene que ver con España. Este país paga la educación de sus jóvenes, pero muchos de ellos se marchan a Reino Unido a trabajar. Allí contribuyen a la economía británica y pagan impuestos. Mientras tanto, Gran Bretaña manda a sus pensionistas a España, donde tienen derecho a atención médica gratuita. “¡Qué gran negocio para Gran Bretaña!”, no dudan en repetir una y otra vez los partidarios de que el país siga en la UE. “¡Todo gracias a nuestra pertenencia a la Unión!”

Incertidumbre en el resultado

Tal como están las cosas, la mayoría de los observadores parecen creer que los partidarios de la permanencia ganarán por un escaso margen. Pero hay incertidumbres: un gran ataque perpetrado por terroristas que entraran en Reino Unido desde Europa, el colapso de una o más economías de la eurozona que llevara a nuevas crisis financieras y una grave inestabilidad, o una ola de refugiados de una magnitud inédita (no es coincidencia que el referéndum se celebre solo días antes de que se revise el acuerdo sobre los refugiados entre la Unión Europea y Turquía).

Uno de estos acontecimientos imprevistos podría influir en la opinión pública británica y llevar a la gente a pensar que la UE no es el poderoso monstruo empeñado en dominar Gran Bretaña, sino una Unión caótica de la que Gran Bretaña debería largarse tan pronto como le sea posible. Pero quitando esto, el escenario más probable es que todo esté tan ajustado que sea imposible predecir el resultado hasta pocos días antes del referéndum. Entonces los mercados financieros empezarán a mirar con frialdad y dureza las consecuencias del Brexit.

No hay argumentos verdaderos para el Brexit. Gran Bretaña depende de su sector financiero y muchos grandes bancos ya han dejado suficientemente claro que si Gran Bretaña abandona la UE, ellos se marcharán de Gran Bretaña.

A la BBC le exigen que por cada noticia o invitado proEU haya otro del campo contrario

Además, el país tiene un inmenso déficit comercial, lo que significa que cada año importa más de lo que produce. Esta diferencia se cierra tomando prestado en el extranjero y creando dinero, lo que hace al país vulnerable a un ataque a su moneda. Londres tiene también  una inmensa burbuja inmobiliaria, y muchos propietarios de casas pagan una hipoteca flexible. Cualquier cambio en los tipos de interés se haría sentir casi inmediatamente, razón por la que el Banco Central de Inglaterra ha emitido severas advertencias sobre la inflación y un doloroso aumento de los tipos de interés en caso de que gane el Brexit.

Los mercados odian las incertidumbres y no hay precedentes de un país que salga de la UE, así que ¿qué pasará cuando, en los días previos al referéndum, la libra empiece a caer, los bancos se preparen para hacer las maletas y marcharse mientras las acciones de las corporaciones británicas se desploman? El referéndum escocés del año pasado también parecía ajustado, a pesar de que los partidarios proindependencia tenían más buenas intenciones que planes sólidos y bien pensados. Entonces, cuando el referéndum se fue acercando, los mercados financieros entraron en pánico y los partidarios de quedarse acabaron ganando cómodamente. Cuando lo mismo ocurra el mes que viene es posible que los votantes se encojan de hombros y piensen que merece la pena un poco de verdadero sufrimiento económico. ¡Recordad el espíritu de Dunquerque! Pero lo más probable es que muchos votantes de derechas decidan que, en realidad, el nivel de vida es más importante que la soberanía. Como puso en su portada dedicada al Brexit la revista satírica Private Eye, subrayando la fundamental falta de seriedad en todo este debate: “¡Podría haber una guerra!”. O aún peor: los precios de las casas podrían caer.