24/6/2019
Opinión

Brexit: soberanía y seguridad

Quienes abogan por la salida de Reino Unido de la UE alegan que el debate sobre los riesgos para su seguridad es solo una manera de generar miedo

Javier Solana - 22/04/2016 - Número 30
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Brexit: soberanía y seguridad
fede Yankelevich
Los europeos estamos viviendo un tiempo en el que las cuestiones de seguridad se han impuesto con fuerza en el debate político. El drama de los refugiados, el terrorismo y los conflictos en suelo europeo nos han hecho despertar del ingenuo sueño de estabilidad y despreocupación en el que habíamos estado sumidos. Sin embargo, nos falta una mirada en profundidad y a largo plazo cuando pensamos en garantizar nuestra seguridad. Una muestra de ello la tenemos en el debate sobre la pertenencia de Reino Unido a la Unión Europea.

Quienes abogan por el Brexit consideran que debatir sobre los riesgos que la salida tendría  para la posición internacional y la seguridad de Reino Unido es únicamente una manera de generar miedo. En cambio, confían plenamente en que la relevancia internacional de Londres y su seguridad permanecerán intactas, una vez se libere de la Unión, e incluso creen que mejorarán debido a su especial relación con Estados Unidos, su capacidad militar y su histórico papel en las relaciones internacionales.

1. No es tiempo de replegarse
En primer lugar, debemos considerar que introducir cuestiones de seguridad en el debate sobre el Brexit no es una estrategia para inclinar la balanza hacia Europa sino una exigencia de las circunstancias en que vivimos.

Si los riesgos no se circunscriben al ámbito nacional, las respuestas nacionales no son las adecuadas

En los últimos años hemos comprobado que es posible presenciar conflictos en el continente y algunos países del este sienten incertidumbre ante la activa política exterior que Rusia ha desarrollado recientemente. Además, compartimos fronteras con algunas de las regiones más inestables y conflictivas del mundo, donde la inestabilidad y la ausencia de estructuras estatales han sido aprovechadas por grupos terroristas que también amenazan al continente, como han demostrado en varias ocasiones recientes en el corazón de Europa.

A nivel mundial, hemos vuelto a la competición entre grandes potencias, después de unas décadas de relativa paz y un orden mundial en el que los paradigmas de Occidente no tenían contestación. Un elemento característico de ese orden ha sido la estabilidad y la paz en el continente europeo, insólita en la historia más reciente.

El aliado tradicional de Europa, Estados Unidos, comparte el mismo escenario pero, como es lógico, no todos nuestros intereses. En distintas ocasiones se ha puesto de manifiesto que desde Washington se espera que los europeos adoptemos un mayor protagonismo en las cuestiones que afectan a nuestra seguridad. Lejos quedan los miedos de una política de defensa común europea que pueda poner en peligro la supervivencia de la Alianza Atlántica.

Aunque Reino Unido abandonara la Unión seguiría siendo miembro de la OTAN, pero su principal socio en la Alianza ha hecho explícita su preferencia por una Unión Europea fuerte y unida, que desarrolle con decisión su política de seguridad y defensa. Para la Unión, perder a un socio como Reino Unido supone perder a la primera potencia militar y a un actor fundamental en las instituciones multilaterales. La capacidad de los europeos de procurarnos nuestra propia seguridad reside en enfrentarnos a esta tarea de manera conjunta.

2. La supuesta cesión de soberanía
Por otro lado, hay quienes consideran deseable la salida de la Unión Europea para poder recuperar la soberanía en cuestiones de seguridad y defensa. A este respecto, conviene recordar que compartir espacios de soberanía no significa renunciar a ella y a cualquier capacidad de decisión. Poner en común la soberanía del Estado es el mecanismo que hace posible la cooperación entre países en cualquier ámbito.

Aunque Reino Unido abandonara la Unión Europea, seguiría compartiendo su soberanía por el hecho de pertenecer a instituciones cuyo fin es precisamente regular cuestiones en las que una acción concertada redunda en beneficio de sus miembros. Los británicos pertenecen a otras muchas organizaciones internacionales y son signatarios de tratados y convenios internacionales que restringen, de distintas maneras, su libertad. En materia de seguridad y defensa, la membresía de la OTAN o las propias resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas limitan su capacidad para actuar de cualquier modo.

En el mundo en que vivimos no es posible y, desde luego, no es deseable actuar de manera aislada. Esto, lejos de ser un inconveniente del mundo globalizado, concede a los países la posibilidad de tomar partido en las decisiones sobre cuestiones transnacionales que afectan a los intereses nacionales, llevando la soberanía nacional más allá de las fronteras estatales.

Las demandas de mayor seguridad no tienen que pasar por recuperar soberanía en las políticas de seguridad sino por responder a los riesgos de manera más efectiva. Si los riesgos a los que nos enfrentamos en la actualidad no se circunscriben al ámbito nacional, la respuesta desde el Estado nación no es la adecuada. Para responder de manera conjunta hay que compartir espacios de soberanía.

Muchas de las amenazas a las que nos enfrentamos los europeos en la actualidad tienen carácter híbrido. No se atienen a la división entre tiempos de paz y de guerra ni se corresponden con las categorías de seguridad interior o exterior, militarizan las relaciones civiles y no se circunscriben a las fronteras estatales. Además, en ocasiones, el objetivo de estas amenazas híbridas es acabar con la cohesión de la Unión.

La complejidad de estos desafíos hace que sea imposible neutralizarlos dentro de los límites nacionales.  Las respuestas deben ser colectivas, abarcando tanto la seguridad interior como exterior, cooperando en cuestiones de inteligencia y de control de fronteras, así como integrando la dimensión civil.

La total independencia de los demás no es posible en este mundo global en que estamos todos interconectados

Quienes abogan por la salida de Reino Unido consideran que las cuestiones de seguridad son tan importantes para Europa que la Unión Europea seguiría interesada en mantener la cooperación en este ámbito. Siguiendo este argumento, es evidente que los estados miembros y Reino Unido pondrían en común su soberanía para colaborar entre ellos. Si esto fuera así, la diferencia con la situación actual será  la incapacidad de Reino Unido de influir sobre las decisiones que adopten los países europeos. Además, teniendo en cuenta la agitación que puede suponer para los estados miembros la salida de uno de sus miembros, no se puede esperar que la voluntad de cooperar vaya a permanecer intacta.

En cualquier caso, aunque solo fuera por una cuestión geográfica, Reino Unido seguirá estrechamente ligado al continente europeo y, por tanto, se verá afectado por su evolución. La delicada situación en la que se encuentra Europa ahora, como consecuencia de la inestabilidad en Oriente Medio y el norte de África, nos enseña que uno de los primeros intereses para un país es que sus vecinos sean estables y seguros. Aunque solo sea de manera indirecta, Reino Unido es uno de los mayores interesados en la seguridad de los países europeos.

3. La UE como foro de cooperación en materia de seguridad
En términos generales, la política común de seguridad y defensa suele recibir más críticas que alabanzas. La mayoría de las críticas tienen que ver con el poco desarrollo de las posibilidades que prevén los tratados, la ausencia de objetivos claros o la lentitud en la toma de decisiones. Todos esos aspectos tienen un denominador común: la falta de voluntad de los estados miembros. La política de seguridad y defensa europea es la que los estados miembros han querido y todos los aspectos criticados podrían ser distintos si hubiera una voluntad decidida.

Además, la visión crítica —aunque es necesaria— no suele verse acompañada del reconocimiento de los aciertos, y los ha habido. La UE ha desplegado 32 misiones de mantenimiento de la paz en tres continentes distintos. Es ampliamente reconocida por el buen empleo de las capacidades civiles y por la aplicación de sanciones, respuestas imprescindibles en un contexto de guerras híbridas.

Por último, y considerando de nuevo el escenario de competición entre grandes potencias, es un foro muy adecuado para dirimir asuntos en los que esté implicada Rusia, dado nuestro interés en evitar el conflicto con Moscú.

4. Nuestro lugar en el mundo y el de Reino Unido
En definitiva, si ganara el no a la Unión Europea, Reino Unido no se vería fuera de los foros internacionales ni afrontaría, necesariamente, nuevas amenazas a su seguridad. De la misma manera, la política de seguridad y defensa europea no desaparecería, seguiría existiendo y desarrollándose en la medida de las voluntades de los miembros. Sin embargo, tanto unos como otros nos veríamos debilitados. Cuanto más abiertos estén los canales de comunicación y colaboración mejor podremos afrontar todas las amenazas a nuestros intereses.

La recuperación de soberanía como solución a los problemas que nos acechan a los europeos, también a los británicos, es una respuesta fácil de quienes creen que es posible vivir en un mundo que ya no existe. La total independencia de los demás no es posible, aunque no se participe del proyecto europeo, pues en el mundo global todos estamos profundamente interconectados. Ante las cuestiones que trascienden las fronteras, que el Estado pueda participar en la regulación y en la toma de decisiones es lo más deseable para los intereses nacionales.