19/7/2019
Literatura

Mercedes Cebrián. Así funciona la nostalgia

La escritora madrileña analiza el carácter ibérico con gracia e inteligencia

AHORA / Aloma Rodríguez - 03/06/2016 - Número 36
  • A
  • a
Mercedes Cebrián. Así funciona la nostalgia
Verano Azul. TVE
Mercedes Cebrián (Madrid, 1971) vio la primera emisión de Verano azul en el sillón de una tía: fue cada domingo entre octubre de 1981 y febrero de 1982. En agosto de ese mismo año, la serie fue repuesta en horario de sobremesa, de lunes a jueves. Cebrián tenía 10 años la primera vez que vio Verano azul y desde entonces se hizo fan. “Esa insistencia mía en buscar la ‘verdad’ sobre Verano azul es la que me ha llevado a escribir este libro. Pero el combustible que puso definitivamente en marcha el motor de este ensayo lo hallé en una de mis búsquedas nostálgicas y vergonzantes en Google, hace ya tiempo: entre los centenares de resultados que aparecieron al teclear ‘Verano azul’ encontré anunciada la ruta por Nerja que se inspira en la serie, con el mismísimo Tito
El libro habla de la relación que se tiene con el pasado y de la mitificación a la que se somete la infancia
(adulto y tridimensional) como guía de paseo. […] pensé ‘es justo y necesario que haga esa ruta para empaparme ya del todo de la serie, para saber dónde acabo yo y dónde empieza la ficción porque, sin mirarme al espejo, ¿quién me dice a mí que la que se sienta en ese momento junto a la barandilla del balcón del Europa de Nerja esperando que aparezcan Julia, Bea y Desi no soy yo misma a los diez años?’.” El libro está a medio camino entre la crónica, el estudio sociológico y el recuerdo de infancia. Es un análisis sobre el éxito de Verano azul y un intento de aclarar qué significó: “En la serie, el veraneo funciona como una navaja suiza, que significa muchas cosas: la aventura, el encuentro con lo desconocido, el aprendizaje de aspectos extraescolares de la vida y la constatación de las libertades que llegaban tímidamente a España, como llamando a la puerta sin aporrearla. Estas metáforas se articulan como teselas del mosaico que encarna la serie, dando lugar a un producto de fácil digestión y exportación, que se ha seguido consumiendo año tras año sin provocar gases ni trastornos a nadie (aunque, reconozcámoslo, ya comienza a perder su sabor)”.

Bajo ese análisis —que es también el del contexto y de los productos culturales que podrían funcionar como antecedentes de la serie de Mercero (de Pippi Calzaslargas a los anuncios y La gran familia, de Los Cinco a Parchís)— se oculta una investigación mucho más interesante: por qué cree que le gustaba la pandilla, en qué cree que se identificaba con los personajes y qué cree que aprendió de ellos. Es decir, habla también de la relación que se tiene con el pasado, de la mitificación a la que se somete la infancia, que con el paso del tiempo pasa a verse como un verano infinito, como “un tiempo entre paréntesis”.

Cebrián sostiene que Verano azul es una sinécdoque de la España de la época: “Está un poquito coja, pues a la pandilla le falta el lado rancio de la población española del momento. Es más bien una sinécdoque utópica de cómo se desearía que fuesen las cosas”. Cree que la serie resume el espíritu de la Transición: voluntad unificadora, de apertura, de búsqueda de equilibrio entre las posiciones más avanzadas y las más conservadores para la que se requiere flexibilidad y capacidad de comprensión. Chanquete y Julia funcionan como una especie de bisagra —a veces casi oráculo— entre las posturas enfrentadas. Sin embargo, tal vez esa interpretación sea demasiado generosa y oculte algunos tics conservadoras de la serie. Por ejemplo, Julia, que podría ser un ejemplo de mujer liberada, esconde un secreto: está sola porque su marido y su hija murieron en un accidente. Es decir, está sola por error, no por decisión propia.
 

Una de las virtudes del libro es el personaje de la propia Cebrián, mucho más seductor e interesante que los de la serie: esa mujer entre torpe y
Es capaz de condensar reflexiones e ideas sobre asuntos universales en comparaciones brillantes
encantadora, a veces un poco caricaturesca, pero siempre tierna. Por otro lado, es capaz de condensar reflexiones sobre asuntos universales en comparaciones brillantes: “La lista es tan larga como el BOE, porque cuando la nostalgia se instala en ti es difícil que te abandone”; “Se detecta en las baldosas la buena intención del ceramista local al que le encargaron todo el lote, pero al mismo tiempo, e involuntariamente, las baldosas irradian una melancolía de la que no es fácil reponerse”; “La obsesión por las criaturas rubias en España venía ya de lejos: Carlos III repobló el sur de España con colonos católicos de Alemania, Suiza y Holanda”.

Es un ensayo pop, tanto en la temática (hay anuncios, películas, grupos musicales, libros) como en lo formal (fragmentario, no lineal y donde lo íntimo se mezcla con el contexto), que retrata el carácter ibérico con gracia e inteligencia.

Verano azul. Unas vacaciones en el corazón de la Transición
Verano azul. Unas vacaciones en el corazón de la Transición
Mercedes Cebrián
Alpha Decay,
Barcelona, 2016,
152 págs.