21/8/2019
Europa

Merkel pierde altura

Alemania endurece su política con los refugiados ante el creciente descontento y el auge del partido populista AfD

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Merkel pierde altura
Manifestantes en una marcha islamófoba convocada en enero en Dresde, Alemania. Arno Burgi/EFE
La política de Alemania frente a la crisis de los refugiados se inspira aún en el lema acuñado en agosto por Angela Merkel: “Lo logramos”. Este voluntarismo, sin embargo, no siempre ha dirigido la acción política de la canciller en esta materia. De hecho, a mediados de julio, Merkel aclaraba a Reem Sahwil, una adolescente palestina refugiada sobre la que pesaba la amenaza de ser deportada, que “la política a veces es dura”. “No podéis venir todos”, decía la canciller a Reem, “eso no lo lograremos”. Sus palabras dejaron a la niña llorando.

Apenas mes y medio después de aquello, Merkel mostraba su cara más solidaria al formular su célebre “lo logramos”. Mucho se ha especulado sobre las razones que llevaron a ese cambio. Kai-Olaf Lang, investigador de asuntos europeos del Instituto Alemán para la Política Internacional y la Seguridad de Berlín (SWP, por sus siglas en alemán), afirma a este periódico que la política de Merkel en esta materia es, en realidad, un “problema gestionado a base de emoción”. Así, acompañando las emotivas imágenes de centenares de alemanes dando la bienvenida a los demandantes de asilo en las estaciones de las grandes ciudades del país, el Gobierno germano rompió entre agosto y noviembre con el Reglamento de Dublín para facilitar la llegada de refugiados sirios. Esa normativa obliga a los demandantes de asilo a tramitar su solicitud en el primer país europeo que pisan.

“Las emociones, sin embargo, son volátiles, y ahora están en una fase más negativa” respecto a los refugiados, subraya Lang. “En este momento se duda de la política de refugiados del Gobierno”, opina Claudia Walther, experta en temas migratorios de la Fundación Bertelsmann. “La llegada de más de un millón de refugiados en 2015 supuso alcanzar una frontera psicológica que hace pensar que tal vez no vayamos a ‘lograrlo’”, agrega esta investigadora. Eso sin olvidar el impacto que tuvieron las agresiones masivas a mujeres en la pasada Nochevieja. En esos hechos, registrados en Colonia y en otra decena de ciudades germanas, se vio implicado un importante número de inmigrantes y de solicitantes de asilo, de acuerdo con las identificaciones realizadas por la policía.

Colonia, punto de inflexión

“Lo ocurrido en Colonia ha sido un punto de inflexión —estima Kai-Olaf Lang—. Ahora, en el debate público no para de relacionarse refugiados con comportamiento criminal.” En este clima, el “lo logramos” de Merkel encuentra cada vez menos apoyos. Una reciente encuesta del Instituto para Nuevas Respuestas Sociales publicado en el semanario Focus señala que un 40% de los alemanes quiere que Angela Merkel dimita debido a su política de refugiados. Otro sondeo, el Politbarometer de la cadena de televisión pública ZDF, mostraba hace unos días que el 56% de la población cree que Merkel lo está haciendo “mal” con los demandantes de asilo.

Las deportaciones no han dejado de crecer. En 2015 se registraron más del doble que el año anterior

Por otro lado, está creciendo la influencia del partido soberanista Alternativa para Alemania (AfD), una formación especialmente crítica con la canciller y que algunos comparan ya con el Frente Nacional francés. “Se ha convertido en el tercer partido en términos de intención de voto según las encuestas y podría conseguir representación parlamentaria en las próximas elecciones regionales”, aclara Lang. En marzo se celebrarán comicios en los Länder de Baden-Württemberg, Renania Palatinado y Sajonia-Anhalt.

Muy sonadas son también las “diferencias de pensamiento” que existen en la propia familia política de la canciller. A Horst Seehofer, líder de la Unión Social Cristiana (CSU) de Baviera, partido hermanado con la Unión Cristiano Demócrata (CDU) de la canciller, se le suele escuchar formulando críticas al Ejecutivo en materia de refugiados. Fuentes cercanas al Partido Socialdemócrata (SPD), el otro socio de la CDU en el Gobierno, aseguran a AHORA que esta formación progresista está apoyando las medidas de la canciller, aunque no se dedique especialmente a defenderla. Merkel se encuentra en una posición muy delicada. La acogida de los refugiados se ve en Alemania como “el mayor desafío desde la reunificación”, asegura Stefan Telöken, portavoz de ACNUR en Berlín.

En la CSU gustaría mucho que Alemania limitara a un número determinado la entrada de demandantes de asilo. “No es suficiente mostrar una cara amable al mundo”, ha dicho —retomando otra popular fórmula de Merkel frente a la crisis— el ministro para el Transporte y miembro de la formación conservadora bávara Alexander Dobrindt. Sin embargo, “Merkel está tratando de reducir el número de refugiados que entran, dejando, por ejemplo, que sea Turquía el país que lidie con un mayor número de ellos, o haciendo diferencias entre los demandantes de asilo”, explica Walther. Así, casi exclusivamente quienes procedan de países considerados no seguros —como Siria, Irán, Irak y Eritrea— tienen opciones de conseguir el asilo. Otros colectivos, como los venidos de Afganistán —donde Alemania cuenta con un millar de soldados desplegados—, presentan menos garantías para permanecer en Alemania. Para los solicitantes de países calificados seguros —como Albania, Kosovo o Montenegro— es realmente difícil quedarse.

Paralelamente, las deportaciones no han parado de crecer en Alemania, alcanzando en 2015 cerca de 21.000 casos, casi el doble de los aproximadamente 11.000 que se registraron en 2014. En cuanto a las peticiones de asilo, según Statista —un portal de información que recopila información de fuentes oficiales, de institutos de investigación y de organizaciones comerciales— hasta un 50,2% de las demandas de asilo son rechazadas en Alemania.

Expulsiones y exacciones

Tras lo ocurrido la noche del 31 de diciembre en la ciudad de Colonia, ya hay un acuerdo con los socialdemócratas para aprobar una ley que, entre otras cosas, facilite las expulsiones de extranjeros que cometan crímenes y de aquellos que procedan de países del Magreb. Se prevé igualmente la creación de centros para registrar rápido a los refugiados y evitar que estos puedan viajar con libertad por el país. Además, los solicitantes de asilo se verán obligados a pagar una cantidad de 10 euros mensuales por las clases de alemán.

Las medidas que asocian a refugiados con costes para el Estado han sido criticadas recientemente desde la oposición por Ulla Jelpke, diputada de Die Linke. Lo hacía tras saberse que, al igual que en Suiza o Dinamarca, en Alemania también se expropia a los recién llegados en virtud de una ley que data de los años 90. Su aplicación varía en función de cada Land. De ahí que en Baviera las autoridades puedan quedarse con dinero y pertenencias de los demandantes de asilo si su valor supera los 750 euros. Solo en este estado han reconocido las autoridades haber realizado registros a los refugiados. En Baden-Württemberg la policía puede requisar dinero a partir de los 350 euros, mientras que en Renania del Norte-Westfalia, Bremen, Brandemburgo, Sajonia o Turingia se permite a los solicitantes disponer de 200 euros.

En Alemania se permite la confiscación de bienes a los refugiados en virtud de una ley que data de los años 90

Con todo, fijar un límite de solicitantes de asilo como el anunciado hace unos días por el primer ministro austriaco, el socialdemócrata Werner Faymann, no figura aún en los planes de la canciller alemana. La idea de Angela Merkel es “mantener la cara amable frente a los refugiados”, según Walther. “Imponer un límite a la entrada de refugiados, como ha hecho Austria, es el último recurso”, sostiene Lang. Sin embargo, la determinación austriaca aleja un poco más la posibilidad de un reparto de refugiados equitativo y solidario en Europa, algo a lo que, cada vez más sola dentro y fuera de Alemania, todavía aspira la canciller.

La solitaria
La solitaria

Al hilo de las crecientes críticas a la política de Merkel con los demandantes de asilo, la revista ‘Der Spiegel’ dedicó una reciente portada a la canciller con el apodo “La solitaria”.