15/10/2019
Opinión

Nuevas reglas para Francia

Con la reforma laboral y las protestas que ha generado, lo que se ha extendido es la idea de que su modelo ha cambiado y en el mundo habrá cada vez más desigualdades

Sylvain Cypel - 15/07/2016 - Número 42
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Nuevas reglas para Francia
FEDE YANKELEVICH
Hace unos meses, Emmanuel Macron, que trabajó para un banco de inversión y es ahora el joven ministro de Economía del gobierno socialista, visitó Lunel, una pequeña ciudad en el sur de Francia. Allí fue reprendido por la loi travail, la ley del trabajo —recientemente aprobada por su Gobierno— que había ido a promover a Lunel. Un sindicalista en camiseta se le enfrentó: “Tú, tú tienes mucho dinero, te compras trajes caros”. Sin dudar un segundo, Macron le respondió: “La mejor forma de poder permitirse un traje es trabajar”.

Un vídeo del diálogo se estuvo reproduciendo sin cesar en Youtube desde entonces. Para la mayoría de franceses, este diálogo lo dice todo sobre la distancia entre Macron y las clases trabajadoras. A sus ojos, si no tienes un traje es porque no trabajas.

En Francia, ahora mismo, no solo es cada vez más difícil encontrar un trabajo, sino que incluso quienes tienen uno es probable que no puedan permitirse un buen traje. El trabajo cada vez está peor remunerado, excepto para las élites representadas por Macron. Como en España, la desigualdad de ingresos está creciendo en Francia.

Durante los últimos 30 años, la tasa de desempleo en Francia ha fluctuado entre el 9 y el 12%

La nueva ley laboral francesa pretende hacer el empleo más “flexible”. Su principal estipulación sigue una sola idea motriz: facilitar la capacidad de las empresas para despedir a gente, lo que, aseguran los promotores de la ley, hará que el mercado laboral sea “más fluido” y a largo plazo creará más empleos. Los sindicatos respondieron con grandes huelgas en refinerías de petróleo, ferrocarriles y centrales de energía nuclear, agitando las bases del poder. Un movimiento juvenil afín, Nuit Debout (Noche en pie) emergió, aunque desorganizado e idealista, para cuestionar el triunfo del capitalismo financiero.

La abrumadora mayoría de la clase política, las grandes empresas, los medios de comunicación y las élites intelectuales aplaudieron la ley laboral. Para ellos, las huelgas ofrecían una prueba más de que Francia es “irreformable”.

¿Por qué esta ley está sometida a un debate así? ¿Y por qué los dos principales sindicatos del país —ambos sumidos en un declive desde hace décadas— lograron mantener la movilización y organizar grandes huelgas? ¿Por qué la gente se reunió para discutir sobre la injusticia en las plazas públicas una noche tras otra, desde finales de marzo, bajo la bandera informal de Nuit Debout?

Aunque nadie sabe exactamente qué efecto tendrá la ley, pocos asalariados franceses, sindicalistas o no, creen que hacer más fácil despedir cree más trabajos. Con lógica, creen que creará más despidos. Pero lo más importante es que los franceses conocen la historia reciente y pueden percibir tendencias.

La nueva ley no es la primera en favorecer una mayor flexibilidad. Los últimos 30 años han sido testigos de una gradual desregulación del mercado de trabajo francés, y esa evolución no se ha visto acompañada por un descenso de la tasa de desempleo, sino por un aumento sostenido. Los huelguistas no son capaces de imaginar por qué esta vez iba a ser diferente.

Sus protestas se centraron en la parte de la ley que permitía a las empresas establecer sus propios términos para las pagas de las vacaciones y otros beneficios de los trabajadores, en lugar de seguir los estándares nacionales. Los huelguistas temían que esta medida acelerara la desaparición de bons boulots, buenos trabajos, y aumentara el número de los precarios. Una vez más, nada nuevo. El mercado laboral francés lleva décadas ofreciendo cada vez menos seguridad laboral. Hoy en día, el 85% de las nuevas contrataciones son empleados temporales y la duración de sus contratos laborales sigue disminuyendo: el 70% de los contratos es de un mes o menos. ¿Cómo puede una ley laboral que alienta aún más la inseguridad estimular el empleo?

En el debate sobre la ley laboral no hay ninguna referencia a la realidad de los trabajos que creará

El Gobierno no ofreció ninguna respuesta satisfactoria a esta pregunta, solo señaló que la situación actual no es sostenible y que rechazar el cambio es la peor opción posible. Durante los últimos 30 años, la tasa de desempleo ha fluctuado la mayor parte del tiempo entre el 9 y el 12%, con un breve descenso temporal entre 2007 y 2008. El presidente, François Hollande, ha dicho que el persistente desempleo de larga duración ha creado una “emergencia social y económica”. Sobreponerse a una duradera crisis estructural de esta clase es mucho más intimidatorio que salir de una de carácter cíclico.

En Francia hay hoy 5,7 millones de desempleados (incluidos los desempleados parciales). La acción es necesaria, urgente. Pero la gran ausente en el debate sobre la ley laboral en el seno del Gobierno es cualquier referencia a la realidad de los trabajos que supuestamente creará. La mayoría de gente llena ese vacío con miedo.

Las rondas de huelgas ya han terminado con la llegada del verano. Y Nuit Debout se desintegró hace ya algún tiempo. Pero el 15-M español dejó su herencia: la idea del 1% y el carácter perjudicial de unas crecientes desigualdades sociales. Lo que está pasando ahora en Francia está aclarando las tendencias de una manera similar: para trabajar en el futuro, tendrás que aceptar que te paguen menos bien, tener una peor atención sanitaria y unos subsidios de desempleo más bajos. Por lo que respecta a tus hijos, vivirán en un mundo con mucha más desigualdad que el mundo en el que tú has vivido. Estas son las nuevas reglas.

Traducción del inglés de Luisa Bonilla.