20/10/2021
Literatura

Peligrosamente ordinario

Shirley Jackson cultivó la novela gótica y la comedia doméstica. Sus relatos,  de los que se publica una selección, son una magistral síntesis de ambas

AHORA / Aloma Rodríguez - 12/02/2016 - Número 21
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La escritora estadounidense Shirley Jackson (San Francisco, 1916 - Bennington, 1965) envió en 1943 el relato breve “Después de usted, mi querido Alphonse” a The New Yorker. Los siguientes 10 años fue una colaboradora habitual de la revista, a la que enviaba sus cuentos en los que de la cotidianidad más anodina surge una amenaza o una ruptura brutal con la lógica narrativa: de esa grieta nace el terror.

Los cuentos reunidos aquí tienen la virtud de acompañar al lector mucho después de haber cerrado el libro

La necrológica que le dedicó The New York Times recoge mal su fecha de nacimiento, dice que nació en 1919, ella solía quitarse tres años por coquetería. La pieza explica que Jackson escribió en dos estilos: “Podía describir los placeres y la confusión de la vida doméstica ordinaria con una hilaridad distanciada; y podía, con críptico simbolismo, escribir una tenebrosa historia de miedo con el molde gótico en el que el comportamiento anormal pareciera peligrosamente ordinario”. La selección de sus relatos que apareció a finales de 2015 bajo el título de Cuentos escogidos es una muestra de la combinación de los dos estilos que cultivó la narradora.

En 2012 se publicó Siempre hemos vivido en el castillo (Minúscula), escrita por Jackson en 1962 y protagonizada por las hermanas Blackwood, las únicas supervivientes de su familia, como cuenta Mary Katherina —una de las hermanas— en el primer párrafo del libro. La novela tuvo una adaptación teatral y ha tratado de llevarse al cine en varias ocasiones. En la línea del retrato cómico de la vida doméstica están Live Among the Savages (1953) o Raising Demons (1957), en los que, según la necrológica, estaba contenida “la sensación de alegría”. De esas dos novelas dice que, “con destreza e ingenio, Jackson contó el perpetuo pandemónium y las constantes crisis que acompañan al crecimiento”.

Romper la comodidad

Cuentos escogidos reúne solo siete relatos y todos tienen la virtud de acompañar al lector y hacerle pensar en ellos mucho después de haberlos acabado. Sucede con “El amante demoníaco”, que abre el volumen. Está protagonizado por una mujer que previsiblemente ha sido engañada y, después de dudar entre varios vestidos —y haber elegido el más atrevido, uno estampado—, deambula por la ciudad buscando al hombre que prometió recogerla a las 10 de la mañana en su casa para casarse con ella: James Harris. El trayecto en tren de una madre con sus dos hijos —un niño y una bebé— le sirve a Jackson para crear un breve y perfecto cuento de terror cotidiano en “Brujas”. Mientras el niño mira por la ventana y asegura que ve brujas, un desconocido entabla conversación con él para contarle que cortó en pedazos a su hermana pequeña. Pero lo realmente perturbador no es lo que el desconocido cuenta, sino lo que le dice el niño a su madre cuando esta le asegura que estaba bromeando: “Probablemente”.

Aparece también el cuento con el que Jackson inauguró su colaboración con The New Yorker y el que le daría una fama inesperada y un tanto ingrata, “La lotería”, que cierra la recopilación, después de los estupendos mecanismos de relojería e igualmente desasosegantes “Charles” —sobre unos padres que descubren que su hijo no se adapta al colegio tan bien como el niño les había hecho creer—, “La muela” —un cuento magnífico sobre cómo algo tan anodino como un viaje a la ciudad para una extracción molar acaba convirtiéndose en una crisis de identidad para la protagonista— y “Siete tipos de ambigüedad” —que sucede en una librería—.

Un cuento impecable

“La lotería” apareció por primera vez en The New Yorker en junio de 1948. Un apacible pueblo se prepara para su gran ritual anual: la rifa en la que el azar hará que se escoja quién será apedreado hasta la muerte por el resto de la comunidad. El cuento causó gran impacto —la revista recibió cientos de cartas a propósito del relato— y fue adaptado a la televisión, al teatro, ópera, ballet e incluso Los Simpson le hicieron un guiño. Como sucede en el resto de las piezas reunidas, Jackson administra la información de manera impecable para crear un clima aparentemente tranquilo que se ve brusca e inesperadamente alterado al descubrir una actitud extraña asumida como cotidiana.

El clima tranquilo de los relatos se ve alterado al descubrir una actitud extraña asumida como cotidiana

Uno de los aciertos de este volumen es el material añadido bajo el título de “Tres conferencias y un cuento”. En esas piezas, Jackson da algunas pistas sobre su trabajo así como algunos consejos (en “Notas para un joven escritor”, que cierran el libro y están dedicadas a Sally, una de sus hijas, que quería ser escritora). En “Biografía de una historia” explica la génesis de su cuento más recordado. Ahí confiesa que “uno de los aspectos más aterradores de publicar cuentos y libros es ser consciente de que van a ser leídos, y leídos por extraños”.

Entre los consejos que da a su hija está la importancia de los personajes para construir la historia. “Solo te queda escribirla, prestando atención, por favor, a la gramática y la puntuación”, concluye.

Cuentos escogidos
Cuentos escogidos
Shirley Jackson
Traducción de Paula Kuffer, Minúscula, Barcelona, 2015, 168 págs.