18/7/2019
Fotografía

Philippe Halsman. La fotografía como espejo del mundo

Algunas de las imágenes más conocidas del artista nacido en Riga pueden verse en una exposición en Barcelona

Francesc Arroyo - 12/08/2016 - Número 46
  • A
  • a
Philippe Halsman. La fotografía como espejo del mundo
Retrato de Alfred Hitchcock para la promoción de la película ‘The Birds’, 1962. Musée de l’Elysée. PHILIPPE HALSMAN ARCHIVE / MAGNUM

Philippe Halsman (Riga, 1906 - Nueva York, 1979) fue fotógrafo o, según la licencia que obtuvo en París en 1935, “artesano fotógrafo”. Y durante casi tres cuartos de siglo hizo que su cámara fuera un espejo del mundo, dejando constancia de lo que ocurría. Decía Stendhal que la novela es un espejo que discurre en paralelo al camino. Desde entonces, esa definición ha quedado como prototipo del realismo y se aplica tanto a determinado tipo de literatura como a la fotografía. Pero ahí está Halsman para recordar que detrás del espejo hay una mirada que elije el enfoque, que encuadra y que decide qué parte de la realidad debe ser inmortalizada y cuál puede ser ignorada. En CaixaForum se ofrece la exposición Philippe Halsman. ¡Sorpréndeme!, con unas 300 fotografías de las miles que tomó a lo largo de su vida: desde retratos hasta composiciones, desde portadas de revistas hasta juegos oníricos en compañía de Salvador Dalí, pasando por su Jumpology, una serie en la que los personajes aparecen saltando. El resultado global de la obra de Halsman es un verdadero espejo del siglo XX: la política (Churchill, Nixon, Malraux), el arte (Dalí, Picasso, Chagall), el cine (con directores como Hitchcock y Truffaut y una multitud de actores y actrices), la ciencia (Einstein, Oppenheimer), la literatura (Gide, Cocteau), la música (Armstrong, Ellington), la danza (Martha Graham o coreografías de Broadway), el deporte (Muhammad Ali, Cassius Clay), la empresa (la familia Ford, los Rockefeller). A lo que hay que añadir un número considerable de imágenes para la publicidad.

Halsman trabajó desde los años 40 para la revista estadounidense Life (integrada en el grupo propietario de Time) y realizó 101 de sus portadas. Life era entonces un nuevo tipo de publicación: daba prioridad absoluta a la fotografía, tanto en blanco y negro como en color, y se imprimía en un papel de mayor calidad que el utilizado hasta ese momento. Vendía ocho millones de ejemplares y eso le permitía cuidar sus productos y ser la revista que mejor pagaba a los fotógrafos. Halsman cobraba unos 200 dólares por una fotografía de una página en blanco y negro y 350 si era en color. Por las portadas percibía mil dólares. Algunos fotógrafos se darían con un canto en los dientes si cobraran eso hoy. Life lo pagaba en los años 50 y 60.

Pero no era solo el dinero, eran también los medios que ponía a su disposición. Cuando Jean Cocteau viajó a Estados Unidos con motivo del estreno del filme El águila de dos cabezas, Halsman pudo tomar una serie de imágenes y realizar diversas composiciones, entre ellas la que le presenta como un nuevo Jano, contando con todo lo que consideró necesario.

“A mí nunca me bastó con ser testigo. Yo quería participar, provocar, estimular”, explicó sobre su trabajo

El resultado es que algunas de las imágenes de Halsman, y que pueden verse en la muestra de Barcelona, han quedado como verdaderos iconos. Es el caso de Einstein, Lauren Bacall o Salvador Dalí. Pensar en ellos está asociado a la fotografía que les tomó Halsman.

Historia de una amistad

Halsman sentía un gran afecto por Einstein, mezcla de admiración por su obra (que él, ingeniero de formación, comprendía bien) y de agradecimiento porque pudo emigrar a Estados Unidos gracias a la intervención de quien formuló la teoría de la relatividad. Halsman había nacido en Riga (Letonia), en el seno de una familia acomodada. En 1926, cuando tenía 22 años, su padre murió en un accidente en el Tirol austriaco y él fue acusado de haberle provocado la muerte y condenado a 10 años de cárcel en lo que los historiadores han creído ver una actuación influida por el antisemitismo dominante. Su condena produjo un movimiento de protesta en el que participaron, entre otros, Sigmund Freud, Thomas Mann y también Albert Einstein. Halsman consiguió huir y llegar a París, donde obtuvo asilo político. Allí se quedó y descubrió la fotografía, creó sus propias cámaras y asimiló las aportaciones del nuevo arte. En ese periodo asumió por igual las técnicas y la influencia del surrealismo y del expresionismo dominante en el cine alemán. Manejó el uso de los claroscuros, gracias a uno de sus amigos, el cámara Helmar Lerski, a quien retrató en los años 30. En París trabajó para revistas de moda e inició el tratamiento del retrato hasta que estalló la Segunda Guerra Mundial. El primero de los grandes personajes que fotografió fue André Gide, y a través de él, a sus amigos: Heinrich Mann, Paul Valéry, André Malraux, Ilya Ehrenburg, entre otros. Con el comienzo de la guerra trató de emigrar a Estados Unidos, pero el cupo para letones estaba agotado. Finalmente, se le concedió un “visado de urgencia” después de que Einstein se lo pidiera personalmente a Eleanor Roosevelt.

Ya en Estados Unidos visitaba a Einstein con regularidad, pero no le hacía fotos, porque a Einstein no le gustaba. Un día de 1947 decidió coger la cámara. El físico aceptó que tomara algunas imágenes mientras hablaban. La charla evolucionó y Einstein le confesó su malestar por el uso militar de sus teorías. Así lo contó Halsman: “Sentí con todo mi ser hasta qué punto aquel hombre infinitamente bueno y compasivo sufría porque sus conocimientos hubieran permitido a los políticos hacerse con un monstruoso instrumento de devastación y muerte. Einstein se quedó en silencio. Su mirada era de una tristeza infinita. Había en sus ojos una interrogación y un reproche. La carga emocional del momento casi me paralizó. En ese instante, no sin cierto esfuerzo, accioné el obturador”.

Testigo o creador

En una de sus conferencias, Halsman señaló que las fotografías se “toman” y se “hacen”. Y añadió: “Es curioso que el idioma permita hacer esta sutil distinción. En el primer caso el fotógrafo es el testigo de un acontecimiento; en el segundo es el creador”. Y por si no quedara claro cómo concebía su labor, remató: “A mí nunca me bastó con ser testigo. Yo quería participar, provocar, estimular. Siempre he creído que la herramienta más importante del fotógrafo es la mente”.

Retrataba lo que veía, independientemente de que la realidad no se lo ofreciera en un primer golpe de vista

Y eso hacía: retratar lo que veía, independientemente de que la realidad no se lo ofreciera en un primer golpe de vista porque “el fotógrafo debe emitir una serie de hipótesis para intentar organizar el caos aparente”. En el caso del retrato, tras ese caos estaba el carácter del personaje: “esos rasgos dominantes” que “forman la esencia de una personalidad”. Una personalidad que, a veces,  ni siquiera necesita el rostro para impactar en el espectador, como en la imagen de Churchill de espaldas, tomada en 1951 en el parque de Chartwell. Anne Lacoste, una de las comisarias de la exposición, comenta al respecto en uno de los textos incluidos en el catálogo: “La mera silueta encarna al personaje”.

La carrera de Halsman se dio en los años más proclives a la fotografía de prensa, que empezó a declinar (o a cambiar de orientación) a partir de la generalización del cine y, sobre todo, de la televisión. Él la concebía como una forma de narración, de ahí que, desde joven, improvisara guiones que se explicaban con imágenes. Uno de los más famosos es el que reproduce una serie protagonizada por una actriz (Marilyn Monroe) que busca trabajo. Se titula La entrevista y consta de siete imágenes: la aproximación, la posición ofensiva de la pelvis, la posición de combate, el parapeto, el ataque, el asalto final y la victoria.

Más que artista y modelo

La primera vez que Halsman fotografió a Marilyn fue en 1949. No era aún famosa. Formaba parte de un grupo de ocho actrices prometedoras a las que debía retratar por encargo de Life. Lo cautivó desde el primer momento: “Sabía seducir al objetivo mejor que ninguna otra actriz que haya fotografiado”, escribió. Tres años más tarde, volvió a fotografiarla, esta vez para la portada de la misma revista, iniciando una relación que superaba la del retratista y la modelo. En 1954, durante otra sesión, Halsman pidió a la actriz que diera un salto y le tomó una foto. Luego le contó que llevaba un tiempo haciendo lo mismo con otros personajes a los que retrataba. Al saltar, sostenía, la gente se desinhibía y se mostraba como era realmente. Marilyn se negó a saltar de nuevo. No estaba dispuesta a que nadie conociera su intimidad. Aceptó cinco años después y saltó unas 200 veces, hasta que Halsman consideró que había dado el salto perfecto. En 1967, y a petición de Salvador Dalí, Halsman realizó un fotomontaje titulado Marilyn Mao Monroe en el que juega con la imagen de ella hasta asociarla a la del dirigente chino.

La serie Jumpology se publicó en 1959: recogía 10 años de tomas de saltos (jump, en inglés) realizados por 170 personajes. Entre otros, María Félix, Anthony Perkins, los duques de Windsor, Richard Nixon, Robert Oppenheimer, Grace Kelly, Brigitte Bardot, Audrey Hepburn, Jean Seberg, François Mauriac, Peter Ustinov y él mismo, junto a Marilyn Monroe, en una imagen tomada por su mujer, la también fotógrafa Yvonne Halsman, con la que se había casado durante su estancia en París.

El guion fotográfico no se agotó con Marilyn Monroe. En algunos casos le bastó con una imagen, como la de Edward Albee en cuya cabeza aparece una escena teatral. En otras necesitó más espacio. Durante uno de sus viajes coincidió con el actor francés Fernandel, entonces en su máximo apogeo. Ambos concibieron un libro, The Frenchman [El francés] con una pregunta en una página y la respuesta del actor en la siguiente. La respuesta es siempre la expresión de Fernandel. El cuestionario es formulado por una supuesta periodista estadounidense especialmente puritana. Se vendieron 190.000 ejemplares.

Trabajo en el cine

Halsman vivió los años dorados de Hollywood, no es extraño que Life le encargara diversos trabajos sobre el cine. También los cineastas le pidieron que hiciera fotografías que, más tarde, servirían para promocionar las películas. En este campo destacan la serie de Tippi Hedren y Hitchcock durante el rodaje de Los pájaros (1963), las tomadas durante una charla entre Hitchcock y François Truffaut o las que hizo de Anjelica Huston para Paseo por el amor y la muerte (1969), a petición del director, John Huston. Halsman fotografió también el rodaje de la partida de ajedrez ideada por Marcel Duchamp, titulada A Chess Sonata in 8 Movements y rodada por Hans Richter.

Jean Cocteau, el artista multidisciplinario, 1949. PHILIPPE HALSMAN ARCHIVE / MAGNUM

No todas las propuestas de Halsman fueron aceptadas. En 1946, Life le sugirió un reportaje sobre bañadores femeninos. Halsman, que como profesional se ajustaba a los deseos del cliente, decidió presentar una imagen del “bañador más hermoso”. Representaba a una modelo de espaldas. Desnuda. No se publicó. La empresa Richton, dedicada a accesorios de moda, recibió una fotografía en la que aparecía la cabeza de una modelo con un cuello de piel, colgada en la pared al modo de los trofeos de caza. Ambas se publicaron después en revistas especializadas en fotografía.

La exposición dedica una sección a sus relaciones con Dalí, con quien mantuvo una amplia y franca colaboración, incluyendo una serie de fotografías en las que el elemento dominante era el bigote del pintor. Una de ellas lo representa al modo de Mona Lisa. Tras tener la idea, sin embargo, Dalí se mostró reticente porque ya Duchamp había pintado bigote al personaje de Leonardo da Vinci. Finalmente, Halsman encontró la solución: Dalí aparecería con las manos llenas de dinero, lo que lo identificaría de modo inconfundible. Aceptó encantado. La colaboración entre ambos se muestra también en el vídeo rodado para criticar las aportaciones del arte abstracto, incluido en la muestra. Mención especial merece la obra In Voluptate Mors, donde Halsman distribuye y fotografía a siete modelos desnudas de forma que reproduzcan la imagen de una calavera ideada por Dalí. Fue utilizada años después para promocionar El silencio de los corderos (1991).

Philippe Halsman, que nunca olvidó que había nacido en Riga, la ciudad, decía, donde se editó la primera edición de Crítica de la razón pura, de Immanuel Kant, acabó perfectamente adaptado a los Estados Unidos, a sus formas de vida y de expresión. Allí fue reconocido como uno de los 10 fotógrafos más importantes de su tiempo, junto a Irving Penn, Richard Avedon o Henri Cartier-Bresson, uno de los fundadores de la agencia Magnum, en la que el propio Halsman se integró más tarde. Además, fue un denodado luchador por el reconocimiento del derecho del fotógrafo a firmar sus producciones.

A su muerte, el fondo que conservaba fue vendido a un coleccionista, pero la familia consiguió recuperarlo y parte del mismo puede verse ahora en Barcelona.

Philippe Halsman ¡Sorpréndeme!
Philippe Halsman ¡Sorpréndeme!

En CaixaForum Barcelona Comisariada por Sam Stourdzé y Anne Lacoste
Hasta el 6 de noviembre