26/11/2020
Arte

El Prado al desnudo en Nueva Inglaterra

El Museo Clark de Williamstown acoge 28 piezas del Prado, de las que 24 han viajado por primera vez a Estados Unidos

Soledad Fox Maura - 05/08/2016 - Número 45
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El Prado al desnudo en Nueva Inglaterra
Entre 1827 y 1838, los desnudos del Prado estaban en una sala con el acceso prohibido a mujeres y niños. En la imagen, la exposición ‘Splendor, Myth, and Vision: Nudes from the Prado”.

Si en los próximos meses tiene ganas de ver los grandes desnudos del Prado —los de Tiziano, Rubens, Tintoretto, Velázquez, de Ribera, o Bruegel el viejo, por ejemplo— tendrá que volar a Boston o a Nueva York, y en cualquiera de estas ciudades, alquilar un coche para desplazarse unas 150 millas a un pequeño pueblo de Nueva Inglaterra, donde está el Sterling and Francine Clark Art Institute.

A finales del siglo XVII la familia real española tenía la mayor colección de desnudos del mundo

La muestra Splendor, Myth, and Vision: Nudes from the Prado (Esplendor, mito y visión: desnudos del Prado) se inauguró el 11 de junio y estará hasta el 10 de octubre. Tanto por la calidad como por la cantidad de los cuadros, supone algo excepcional que 28 obras tan importantes hayan salido del Prado para viajar juntas a Estados Unidos, 24 de ellas por primera vez. La exposición es un acontecimiento internacional único: no viajará a otros museos y cuando acabe los cuadros volverán a Madrid. La muestra de desnudos se centra en dos de los mecenas más importantes de sus respectivas épocas: Felipe II y su nieto Felipe IV, e incluye retratos de los reyes (Felipe II por Tiziano y Felipe IV por Velázquez). Entre los dos monarcas está colgada la espectacular pieza La Fortuna de Rubens, una exuberante mujer desnuda de pies a cabeza. A finales del siglo XVII la familia real española tenía la colección de desnudos más grande del mundo.

Historia de un museo

El museo toma el nombre de su fundador, heredero de Singer, que coleccionó arte durante 50 años

El Museo Clark tiene una historia, y ubicación, curiosa, y su fructífera relación con el Prado es reciente. Lleva el nombre de su fundador, Sterling Clark (1877 - 1956), que fue el heredero de la fortuna de las máquinas de coser Singer. Después de licenciarse en Ingeniería en la Universidad de Yale, se dedicó a viajar a menudo a París, donde conoció a su futura mujer, la actriz de la Comédie Française Francine Clary. La pareja se dedicó durante 50 años a coleccionar arte. Compraron más de 30 cuadros de Renoir y obras de muchos otros impresionistas, además de artistas holandeses, americanos y españoles. A finales de los años 40, el matrimonio empezó a pensar en un lugar para albergar su colección para la posteridad. El ambiente político de la guerra fría y el miedo a las bombas atómicas les hizo descartar las posibilidades más lógicas como París o Manhattan. Apostaron por construir el museo en el pueblo universitario de Williamstown, Massachusetts, a tres horas de Nueva York y de Boston. El museo, un imponente edificio blanco hecho del mármol de la zona y que está en una especie de arcadia con vacas pastando al fondo, se inauguró en 1955. Desde 1972 va mucho más allá de ser el hogar de una colección y un centro de exposiciones. El Clark, en colaboración con Williams College, ofrece uno de los másteres en arte más importantes de Estados Unidos. Es un gran centro docente e intelectual, cuenta con una magnífica biblioteca y un centro de investigaciones (el Manton Research Center), y todos los años tiene visiting fellows del mundo entero. A veces se dice que el Clark es el “Getty de al costa este”. Muchos de los más de 500 exalumnos del exclusivo programa están a cargo de las instituciones y museos más prestigiosos de Estados Unidos—Christie’s New York, Sotheby’s, la Gagosian Gallery, el Museo Whitney, el Smithsonian, entre muchos otros—.

El museo en sí siguió, más o menos, en su estado original hasta una reciente remodelación y expansión inmensa —que duró varios años y costó 145 millones de dólares— a cargo del arquitecto japonés Tadao Ando, el maestro del “regionalismo crítico”. El Clark en su nueva encarnación aerodinámica se estrenó en 2014.

Mientras estuvo cerrado por las obras, aprovechó para prestar piezas importantes a otros museos internacionales. El Prado tuvo la oportunidad de exponer 31 cuadros de Renoir —la cuarta exposición más visitada de su historia— y así se forjó una importante relación recíproca entre las dos instituciones, la de los reyes de España y la del rey de la máquina de coser.

Los desnudos cruzan el océano

Ahora le tocaba al Prado corresponder, y lo ha hecho con esta llamativa selección de desnudos. Según Miguel Falomir, director adjunto de Conservación e Investigación del Museo del Prado, la selección de cuadros enviados huye del modelo antológico de exposición. La idea viene de una muestra que se había hecho en El Prado en el 2002 sobre la Sala Reservada, partiendo del libro de Javier Portús Pérez La Sala Reservada del Museo del Prado y el coleccionismo de pintura de desnudo en la corte española, 1554-1838 (Madrid, Museo del Prado, 1998), en el que cuenta que entre 1827 y 1838 los desnudos del museo estaban en una sala especial con acceso restringido en la que no podían entrar las mujeres ni los niños. Este es el leitmotiv de la exposición que está en el Clark. Falomir dice que para los estadounidenses es increíble descubrir que los reyes españoles, tan católicos, fueran coleccionistas de desnudos. En este sentido, la exposición del Clark pretende enfrentar al público, con sus ideas preconcebidas sobre el catolicismo y las costumbres y gustos de la familia real española, como con sus propias reacciones a la representación del cuerpo desnudo. Aunque resulte paradójico para algunos, la realidad es que los católicos pudientes tenían pasión por los cuerpos desnudos. De hecho, a veces los temas religiosos, por ejemplo los del Antiguo Testamento, brindaban la oportunidad perfecta para justificar los desnudos. ¿Qué modelos más oportunos para el desnudo que Adán y Eva? María Magdalena, la prostituta y pecadora arrepentida, también es otra figura clásica del desnudo, y fue una de las más coleccionadas.

Lara Yeager-Crasselt, comisaria interina de Pintura y Escultura del Clark, señala que la exposición, a la que acompaña un ciclo de conferencias y actividades relacionadas, es rompedora en muchos niveles, desde el institucional al académico. Señala la naturaleza excepcional de la estrecha colaboración con El Prado y la cantidad impactante de cuadros de viejos maestros. El tamaño relativamente pequeño del Clark hace que la escala de los cuadros sea aún más impresionante. La historia de las obras también da que pensar. Los cuadros siempre estuvieron alejados del público y sobrevivieron a los siglos XVIII y XIX cuando tanto Carlos III como Carlos IV pensaron en destrozarlos para erradicar sus efectos inmorales. Desde un punto de vista intelectual, el tema de la representación del desnudo es complicado, y suscita —hasta la fecha— una gama inmensa de reacciones que van desde el entusiasmo al rechazo.

El tema del desnudo y la religión católica da para mucho, y en el contexto de esta exposición hay que pensar también en la larga tradición puritana de Nueva Inglaterra. ¿No han escandalizado estos cuadros, con su innegable erotismo? Según Yeager-Crasselt, hubo alguna protesta local durante el periodo de prepublicidad de la exposición, sobre todo por la combinación de desnudez y violencia en algunas de las obras. En particular, hubo personas contrariadas porque la exposición incluía temas y títulos como El rapto de Hipodamía de Rubens (y taller), el El rapto de Europa de Rubens y Pedro Pablo (copia de Tiziano, Vecellio di Gregorio). “Rapto” se ha traducido como rape en ambos casos. La traducción es correcta, pero en el contexto social de Estados Unidos rape tiene un significado estrictamente criminal y completamente alejado del mundo mitológico o alegórico. Sin embargo, desde que se inauguró la exposición, no ha habido quejas a nivel local, ni en los medios. En cuanto el público ha podido ver los cuadros, discutirlos y aprender más sobre su contexto histórico, las dudas han parecido esfumarse.

España es un país ejemplar en su riqueza artística, pero ¿qué tal va la marca del arte español en Estados Unidos? Según Falomir, hay un desfase entre los dos países en cuanto a sus intereses artísticos. La inmensa mayoría del arte español es demasiado católica y sangrienta para los estudiosos estadounidenses. En Estados Unidos interesa muchísimo el arte colonial, que en España importa menos.

Quizás esta exposición sea un paso importante para fomentar las relaciones entre los museos y los historiadores del arte de ambos países y crear más intercambios en el futuro. La llegada de los cuadros ha conmocionado al público y a los medios nacionales estadounidenses. Según Yeager-Crasselt, la relación con el Museo del Prado es extraordinaria para una institución pequeña como el Clark. “El arte español sigue estando marginalizado en Estados Unidos. Si preguntas quiénes son los expertos en arte español, todos te dan la misma respuesta: Jonathan Brown. No es el único, claro, pero durante años ha sido la persona clave, casi en exclusiva. Me dedico al arte flamenco y sorprendentemente no he tenido nunca un diálogo con especialistas españoles en el tema. Esta exposición es emocionante porque ya conozco bien la mirada hacia España desde el norte, y ahora he podido explorar lo contario: la mirada española hacia el norte. Además, para el público es revolucionario: tiene que repensarse las preconcepciones que tienen sobre España (si es que las tienen) y algunos descubren por primera vez la riqueza del Prado y de las grandes colecciones de las familias reales españolas.”

Splendor, Myth, and Vision: Nudes from the Prado
Splendor, Myth, and Vision: Nudes from the Prado
Hasta el 10 de octubre en el Museo Clark de Williamstown, Massachusetts