11/12/2019
Música

Poesía, muerte y abandono en el viaje

La artista británica publica su primer poemario tras recorrer Kosovo, Afganistán y Washington D.C. junto al fotógrafo Seamus Murphy

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Polly Jean Harvey comprendió a los 40 años que las posibilidades narrativas de su alter ego musical —siempre reflejo directo de sus propias experiencias vitales aunque no autobiográfico— habían quedado caducas. Su creatividad no podía sostenerse con el mismo vigor 20 años después de haber plantado una gigantesca bandera en la cima de la escena musical alternativa. Así, relegó la voluptuosidad de sus discos a la alcoba en beneficio de una espiritualidad lírica que, ahora, se funde con las fotografías de Seamus Murphy en El hueco de la mano. El libro sirve de recopilatorio de poemas y de imágenes a propósito de los viajes de ambos por Kosovo, Afganistán y Washington D.C. Harvey ofrece las palabras y Murphy las instantáneas de países y ciudades derrotadas en un proceso de deconstrucción permanente por el que nunca perecen pero tampoco resucitan.

El origen de las exploraciones de Harvey se encontraba en su necesidad de experimentar de forma física con realidades sociales e históricas que le fascinaban. ¿Qué podía escribirse sobre Kosovo sin haber recorrido las vetustas calles de Pristina? Nada, se debió de responder. Sumergida de forma cada vez más progresiva en las dóciles y ondulantes aguas de la

Los poemas funden el espíritu trascendental de sus últimos temas con la agresividad verbal de sus orígenes 

poesía, disciplina a la que ha dedicado más atención que nunca desde hace un tiempo, Harvey tomó aviones, paseó orografías urbanas y visitó rincones olvidados de países abandonados durante tres años.
 
En el proceso dejó caer letras sobre folios en blanco y tradujo la vitalidad de sus viajes y de sus recuerdos a un código poético en el que el lector recorre las esquinas más tenebrosas de Washington D.C., los cementerios más atestados de Kosovo y los pueblos más ensangrentados de Afganistán.
 
Al igual que en Let England Shake, su disco más reciente, PJ Harvey se sirve del hecho bélico para dar rienda suelta a su imaginación. Si en aquel trabajo eran la Primera Guerra Mundial y el fuerte nacionalismo inglés los vehículos sobre los que cantaba a la muerte y al abandono, entre instrumentaciones acústicas y arreglos fantasmagóricos, en El hueco de la mano son tres estados fallidos los que sirven a idéntico propósito. Sus poemas funden el espíritu trascendental de sus últimas creaciones musicales con la agresividad verbal de sus orígenes y retratan paisajes deprimentes y disfuncionales, hijos de conflictos armados —también Washington— que les han sustraído la vida.

Fragmentos de vida

A través de las historias de terceras personas, todas anónimas, Harvey colecciona fragmentos de un puzle para el que nunca hay piezas suficientes. Los poemas de El hueco de la mano no tienen propósito lineal alguno, sino que se enmarcan dentro de una gran historia sobre la soledad y los espacios vacíos. Harvey resulta especialmente brillante en Kosovo, ya sea siguiendo los pasos de viudas errantes que aún velan por el alma de sus muertos, tan prosaicas como afectadas, o amontonando las perversiones imaginativas de los niños en una tierra donde las cicatrices de la guerra se sienten en el asfalto. Son solo retazos, fragmentos de una vida que Harvey adorna de palabras secas y duras, de un vocabulario que no

Esta es una nueva huida hacia delante de Harvey, un testimonio revelador y quizá un clavo ardiendo

pretende ni edulcorar ni dramatizar, sabedora de que en cualquiera de los casos se serviría del horror ajeno para comerciar con la emotividad. Sus poemas no son tan espirituales como terrenales. Por eso parecen reales.

La traslación de la realidad a las páginas se salda con literalidad gráfica también en Afganistán, donde la amenaza de la muerte está más presente que en casi ningún otro lugar de la Tierra. Las esquinas de los barrios periféricos de Washington D.C. están dominadas por la violencia callejera y la más absoluta desigualdad.
 
Ya sea magnificando un desierto físico y humano donde todo lo ajeno es un posible enemigo o paseando a través del reverso tenebroso de la ciudad, Harvey experimenta con las palabras, dota de musicalidad a universos carentes de ella y hace de lo cotidiano y de la historia social una poesía tan subterránea como fascinante, compuesta de palabras bellas en su austeridad melodramática.

El hueco de la mano es una nueva huida hacia delante de PJ Harvey. Es un testimonio artístico revelador y quizá un clavo ardiendo para todos aquellos a quienes les parece que el encanto espectral de sus dos últimos discos no logró hacer evaporar la figura casi mesiánica que se retrató en sus primeros álbumes. Esta colección de poemas no resulta particularmente delicada, sino que se deleita en los rincones de la carne, y se va desplegando  sin adorno ni negociación.
El hueco de la mano
El hueco de la mano
PJ Harvey y Seamus Murphy
Traducción de Pedro Carmona Sexto Piso, Madrid, 2015, 232 págs.