28/3/2020
Europa

Portugal: la última oportunidad de las izquierdas

El nuevo Gobierno se apoya en una serie de acuerdos bilaterales que intentan lograr la cuadratura del círculo de diversas sensibilidades

Nuno Ribeiro - 27/11/2015 - Número 11
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Portugal: la última oportunidad de las izquierdas
António Costa, primer ministro de Portugal y líder del Partido Socialista. PATRICIA DE MELO MOREIRA / AFP / Getty Images
Por primera vez en los últimos 40 años, las izquierdas portuguesas, cuyas relaciones fueron dilaceradas por las etapas posteriores a la Revolución de los claveles de 1974, se sentaron en la misma mesa, debatieron y acordaron apoyar un Gobierno del Partido Socialista (PS). Las negociaciones fueron sensatas, sin maximalismos, con un cuidadoso respeto por la identidad de cada uno. No hubo un frente sino un ejercicio al estilo de la cuadratura del círculo: combinando el ideario socialdemócrata del PS; la doctrina comunista del PCP, siempre apegada a la enorme influencia de que dispone en el aparato sindical de los funcionarios; las raíces del radicalismo de la izquierda urbana de las jóvenes formaciones del Bloco de Esquerda (BE) y las exigencias medioambientales de Os Verdes. Es una novedad, aunque no se sabe si va a hacer historia.

Más de un mes después de las elecciones del 4 de octubre, el presidente de la República, Cavaco Silva, designó el pasado martes al secretario general del Partido Socialista, António Costa, para formar Gobierno. Minutos después, se divulgaba un gabinete constituido por 17 ministros, en su mayoría militantes socialistas, que ha dejado un sabor agridulce cuando las izquierdas, por primera vez desde la reinstauración de la democracia en 1974, forman un Ejecutivo con un ambiente interno y externo adverso. Esta es, ciertamente, su última oportunidad.
“Después de este giro histórico [a la izquierda], cualquiera que retroceda entrará en un periodo de crisis de credibilidad ante la opinión pública”, comenta Carlos Brito, exdirigente de los comunistas del tiempo de Álvaro Cunhal. O sea, en la supervivencia del acuerdo de las izquierdas funciona el miedo a las consecuencias de la ruptura. De esta forma, un movimiento innovador y audaz pasa a mantenerse por el temor a la debacle.

El nuevo Gobierno combina características propias del largo liderazgo político de Costa. Traduce un equilibrio no tanto de tendencias internas de la familia socialista sino de cercanía a la figura, personalidad y trayectoria política del líder del PS. También se confirma la ausencia de los dirigentes de izquierdas que apoyan al gabinete, los comunistas del PCP,  los jóvenes militantes urbanos del BE oriundos de la difunta extrema izquierda y los ecologistas.

Un gabinete sin sobresaltos

Es un gabinete cuya constitución no representa sobresaltos. Ni rupturas. Uno de los autores del programa económico, Mário Centeno, va a ser ministro de Hacienda, y era previsible la designación del economista Manuel Caldeira Cabral, uno de los 12 que redactaron la propuesta económica del PS, para la cartera de Economía. A otro nivel, el de la cercanía personal a António Costa, se encuentra la ministra de Presidencia y Reformas Administrativas, Maria Manuela Leitão Marques. Lo mismo ocurre con la elección de Eduardo Cabrita como ministro adjunto, manteniendo de este modo su permanente condición de brazo derecho de Costa.

La supervivencia del acuerdo de la izquierda radica en el miedo a las consecuencias que provocaría la ruptura

El Ejecutivo no tiene paridad de género, es decir, un número equivalente de hombres y mujeres, lo que, sobre todo para el discurso político del BE, no es cómodo. Pero todavía no ha suscitado reparos. Sin embargo, la nueva ministra de Justicia, Francisca Van Dunen, una magistrada altamente cualificada de origen angoleño y de nombre destacado en la lucha de independencia de Angola, es la primera mujer negra en llegar a ministra en Portugal.

Hay también técnicos de renombre que pasan a tener responsabilidades ministeriales. Es el caso del médico y gestor hospitalario Adalberto Campo Fernandes, en la cartera de Sanidad, y de Constança Urbana de Sousa en la de Interior, especialista en asuntos de justicia, asilo, migración y seguridad. Finalmente, están las incógnitas. Sobre todo la del nuevo ministro de Educación, el joven investigador de 39 años Tiago Brandão Rodrigues. Para el Ministerio de Ciencia y Enseñanza Superior cuenta con Manuel Heitor, antiguo colaborador del ya desaparecido y reputado Mariano Gago.

En un análisis más detallado se revelan las perplejidades. Durante la campaña electoral, António Costa prometió que las cuestiones europeas, además de ser transversales a la acción gubernativa, tendrían una estructura propia. Lo que no se ha verificado, ya que la eurodiputada socialista Elisa Ferreira no ha cambiado Estrasburgo por Lisboa. En las izquierdas portuguesas hay puntos de partida divergentes en cuanto al futuro de la deuda; su renegociación no consta en el vocabulario de los socialistas, pero es la estrella programática de los otros tres partidos. Ya en los acuerdos bilaterales firmados el 10 de noviembre por los líderes de la izquierda por separado —António Costa, el comunista Jerónimo de Sousa, Catarina Martins, del BE, y Heloísa Apolónia, de los Verdes—, Europa estaba ausente.

Europa queda fuera

Lo que no deja de ser una paradoja. La importancia nacional y europea de los acuerdos obtenidos y de la unión de voluntades expresada fue decisiva para iniciar conversaciones en Lisboa. Después del fracaso estruendoso de la oposición frontal de los griegos de Alexis Tsipras y de Syriza, que no querían  austeridad y recibieron más medidas austeras, tras el silenciamiento de las críticas del presidente francés François Hollande y del primer ministro italiano Matteo Renzi y tras la transformación del SPD alemán en socio de coalición de Angela Merkel, Portugal tiene otra vía.

“Austeridad de rostro humano” podría ser la síntesis que subyace a las medidas propuestas por el socialista António Costa. Intentar aprovechar un estrecho margen y recordar que la numerología del Tratado Presupuestario es un handicap para las economías débiles: un déficit por debajo del 3% implicaría consecutivos crecimientos del PIB superiores al 4% que Portugal nunca ha tenido. La erosión del Estado social en un país de fragilidades y desigualdades patentes es como poner a la democracia a jugar a la ruleta rusa; ciertamente, un ejercicio de pirómanos.

Renegociar la deuda no consta en el vocabulario de los socialistas, pero es la estrella en el programa de los otros tres partidos  

De todo ello ha hablado António Costa en los últimos meses en el Partido Socialista Europeo: con Hollande, Renzi, el PSOE y el vicecanciller alemán y ministro de Economía Sigmar Gabriel, con quien el portugués volvió a hablar después de las elecciones del 4 de octubre y de quien recibió el apoyo para explorar esta alternativa. La política europea de las izquierdas portuguesas diverge. No en matices sino en cuestiones tan esenciales como la pertenencia a la moneda única, al euro, o la renegociación de la deuda. Para que el acuerdo no fuese un mosaico inconsistente sino el fruto del voluntarismo político, el PCP y el Bloco aceptaron implícitamente el compromiso asumido por el PS de un déficit por debajo del 3%, cumpliendo el Tratado Presupuestario e intentando calmar de esta forma a los acreedores.

Por todo ello, es necesaria, más que nunca, una diplomacia activa en Europa. El ministro de Asunto Exteriores elegido por Costa, Augusto Santos Silva, tendrá que constituir un equipo de combate para los desafíos con los que Portugal va a tener que enfrentarse en Europa. La volatilidad de las relaciones internacionales y los peligros y consecuencias del terrorismo no son terrenos fáciles. Y no se ha cumplido la promesa de darle a la dimensión europea la autonomía prometida en campaña: que elevase la voz de los intereses de Portugal a las instituciones europeas.

Acordes y desacuerdos

Un acuerdo político necesita coherencia intrínseca. Pero no ha quedado asegurada sino solo consagrada la garantía de que los cuatro partidos se comprometan a iniciar “un examen común” de las medidas que puedan constar en los presupuestos generales del Estado para 2016. Es cierto que se hace camino al andar pero, en este caso, subsisten dudas sobre la dirección del camino a seguir. 

En el día a día de la agenda de las izquierdas se encuentra una de las vías para cimentar el acuerdo y dar solidez al gabinete. Hace una semana, los cuatro partidos de izquierda revocaron en el Parlamento los cambios que limitaban  la ley de despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo, impuestas por el gobierno de Passos Coelho, y reconocieron el derecho a la adopción a parejas del mismo sexo. La legislatura empieza con una carga simbólica que, según la nueva mayoría, quiere “garantizar igualdad y diversidad”. Son políticas de derechos, los temas denominados polémicos, donde el entendimiento es inmediato y nulas las consecuencias económicas de lo adoptado. Se trata de empezar por lo fácil.

Tiempo habrá para problemas más complejos. Existe un acuerdo sobre el aumento por tramos del salario mínimo interprofesional, que en 2019 será de 600 euros. Ya el próximo año pasará a 530 euros. Las asociaciones patronales y la UGT quieren que estos y otros temas sean abordados en el Consejo de Concertación Social, que reúne a patronato, trabajadores y Gobierno. Hay presiones para que sean acordados en el Parlamento por la mayoría de izquierda. El PS pretende dar prestigio a este órgano. Pero la central sindical CGTP, del área del PCP, y el Bloco contemplan, en caso de bloqueo de las negociaciones tripartitas, recurrir a la mayoría parlamentaria. Se entrevé, por tanto, un escenario de discordia.

Después de un maratón de contactos con los más diversos sectores de la sociedad portuguesa, de una ponderación llevada casi al límite del tiempo y de los procesos, el presidente de la República también solicitó aclaraciones adicionales a António Costa sobre la perdurabilidad de su fórmula. Sin embargo, el margen de maniobra presidencial era escaso. Cavaco Silva no quiso anticipar las elecciones para antes de las vacaciones de verano, cuando los sondeos daban ventaja a los socialistas, y al final del mandato  —las elecciones presidenciales son en enero de 2016— tiene límites constitucionales. El presidente no puede disolver el Parlamento en los últimos seis meses de su mandato y la Asamblea de la República no puede ser disuelta el primer semestre tras su constitución. La superposición de calendario impide esta opción hasta mediados de 2016.

Del poder a la autofagia

Cuarenta años después de la instauración de la democracia en Portugal, el escenario político vive un giro significativo. Durante décadas ha funcionado la alternancia del PS y el PSD, con el recurso de ambos grandes partidos al pequeño CDS. La acción y el discurso político del gobierno de Passos han dinamitado estos puentes, cuya reconstitución depende del reemplazo de líderes de la derecha, y ha convertido el “bloque central” en un espejismo y pieza de arqueología política.

A la coalición de derecha que ha estado los últimos cuatro años en el poder —constituida por el PSD y el CDS-PP— le queda la oposición. Si Costa se beneficia de una tregua de Bruselas ante su política de aumento de gasto, el nerviosismo se va a instalar en el PSD y CDS. Este efecto puede incluso agrandarse si las políticas económicas del Gobierno socialista consiguen reponer algo de dinero en los bolsillos de los portugueses, sobre todo de la depauperada clase media.

Sin el cemento del poder, PSD y CDS-PP sufren la abstinencia del poder. Y sobre todo el PSD consolidará su trayectoria repleta de autofagia: un líder derrotado, fuera del poder, está políticamente muerto. Pedro Passos Coelho, que admiraba y era admirado por Esperanza Aguirre, pasaría de héroe a villano.



 

Aumentar las rentas de las familias

Nuno Ribeiro
En un ejercicio inédito de claridad política, el PS presentó, incluso antes del programa electoral, un marco macroeconómico elaborado por 12 economistas, la mayoría entonces al margen del partido. Cada medida anunciada era acompañada por su factura, en un equilibrio entre la propuesta y sus implicaciones financieras. A este ejercicio le faltó, sin embargo, dimensión política. Se habló de todo, sin destacar lo esencial. El PS quería defender el Estado social, el servicio nacional de Salud, la escuela pública. La multiplicidad de referencias de cariz tecnocrático ocultó lo esencial del mensaje. Y los resultados electorales quedaron por debajo de lo esperado y obligaron al acuerdo de las izquierdas. Presentaron 71 medidas consensuadas, aunque el desarrollo de algunas corresponda al esfuerzo futuro de los grupos de trabajo.

El principio genérico es inyectar más dinero en la economía y favorecer las rentas de las familias mediante el descongelamiento de las pensiones sociales, jubilaciones, salarios; el aumento del salario mínimo a 600 euros en 2019 y 530 euros ya a partir de enero; la revisión de los tramos del impuesto sobre la renta; el aumento de las ayudas sociales y reducción del IVA de la hostelería del 23% al 13%. Técnicamente, entran en función diversos multiplicadores en una ecuación en la que más crecimiento de la economía corresponde a más ingresos fiscales y menos gastos sociales, como los de desempleo. El PS, al abdicar de la propuesta de reducción de la contribución a la Seguridad Social de trabajadores y empresas, avanza un plus de 524 millones de euros para los presupuestos del Estado de 2016.

El aumento de la tasa del impuesto de sucesiones por encima de un millón de euros puede suponer entre 70 y 100 millones de euros. El régimen de exención de los dividendos de las empresas será menos favorable, por lo que contribuirá más a la tesorería pública. En contrapartida, se revisa a la baja la tributación municipal de patrimonio y habrá deducciones fiscales por cada hijo.

Los socialistas garantizan que las cuentas están hechas, y asocian la credibilidad de esta propuesta a la figura de Mário Centeno, próximo ministro de Hacienda, miembro del Banco de Portugal y economista reconocido en el extranjero. “Nadie en su sano juicio pensará en no pagar las deudas que ha contraído”, dijo hace dos semanas al Financial Times, en una de las muchas entrevistas para calmar a los mercados. Los socios de la izquierda, PCP y Bloco, nada comentaron al respecto.