18/11/2019
Economía

¿Quién teme al dólar feroz?

Las turbulencias que amenazan la economía global y la baja inflación interna aplazan la subida de tipos en Estados Unidos

Sebastián Tobarra - 25/09/2015
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¿Quién teme al dólar feroz?
Operadores del índice Standard&Poor en Chicago siguen en los monitores la decisión de la FED sobre la subida de tipos.Scott Olson / Getty Images
No ha habido subida de los tipos de interés en Estados Unidos y el banco central del país sigue inyectando dinero barato —entre el 0% y el 0,25%— a la economía. El enésimo aplazamiento de la subida mantiene en vilo a inversores y gobiernos por los efectos que tendrá dentro y fuera del país un dólar fuerte que se ha apreciado mucho en los últimos meses.

La situación económica en EE.UU. es boyante y permitiría iniciar la subida de los tipos. Pero fuera hay muchos nubarrones. La Reserva Federal no toca los tipos después de que, entre julio y septiembre, tres hechos hayan alterado el panorama global: la triple devaluación del yuan, el deterioro económico de los países productores de materias primas —que han visto hundirse más sus monedas— y la zozobra por un nuevo desplome del precio del petróleo. Los dos primeros factores han fortalecido al dólar sin que la Reserva Federal tuviera que elevar sus tipos de interés.

Por el contrario, las indicadores internos reflejan una situación idílica de la economía estadounidense. Inflación, paro y crecimiento 
—las principales cifras que tiene en cuenta la Reserva Federal para decidir sus tipos a corto— evolucionan bien. El crecimiento supera el 3% y el paro ha caído al 5,1% en la era Obama. Y aunque la inflación en agosto cayó una décima y la anual apenas sube el 0,2%, la subyacente —sin energía y productos no elaborados—, en la que se fija la Reserva Federal, ronda el 1,8%, cerca de la meta del 2%.

La devaluación del yuan y la caída del precio de las materias primas pueden influir a la hora de decidir


Cuando suban los tipos en Estados Unidos se notará en otros países porque las economías están más interconectadas que nunca, y eso puede volverse en su contra. Europa sufrirá una ligera desaceleración, según algunas estimaciones. También China crece menos y ha contagiado a los países emergentes, al ser el primer comprador de sus materias primas. Y entre los inversores hay una crisis de confianza que este verano hundió las bolsas mundiales e hizo evaporarse miles de millones de euros de riqueza financiera.

Deflación en ciernes

¿Se atreverá a corto plazo Estados Unidos a subir sus tipos con este panorama externo? ¿Lo hará este año? Imposible saberlo. La última comparecencia de la presidenta del Sistema de la Reserva Federal, Janet Yellen, no ha aclarado mucho las cosas. Y las actas de la reunión del 16 y 17 de septiembre, en las que se decidió no tocarlos, no se harán públicas hasta dentro de unos días. Pero, al mantenerlos, la Reserva Federal pondera al máximo la frágil situación internacional y parece temer una inflación raquítica, incluso a la deflación, aunque no la cite. En su último comunicado —fraguado, como todos, a base de equilibrios semánticos—, el banco central norteamericano muestra prevención ante los “recientes acontecimientos económicos y financieros globales, que pueden contener la actividad económica. Y es probable que haya más presión a la baja en la inflación”.

El dólar ya se ha apreciado. Diversos expertos dicen que cuando suban los tipos lo normal es que tienda a apreciarse más, alentando el riesgo de que Estados Unidos importe deflación. Eso no le conviene al país porque apenas tiene inflación. Y el hundimiento de las materias primas —sobre todo del petróleo, cuyo precio ha caído un 50% en un año— también es un potencial generador de deflación porque abarata los costes y puede reducir los precios finales.

“No me gusta hablar de deflación porque eso supondría no solo una bajada de precios sino también retrasar decisiones de consumo e inversión, pero es verdad que con la devaluación del yuan y la caída del precio de las materias primas EE.UU. importa desinflación y eso puede influir a la hora de decidir subir sus tipos”, asegura Víctor Echevarría, de Analistas Financieros Internacionales (AFI). “En términos internos, el país parece preparado para subir tipos, pero la situación externa puede condicionar el ritmo de estas subidas”, concluye.

Si los tipos suben gradualmente, EE.UU. atraerá capital y las bolsas pueden perder atractivo y caer


“Creemos que, con los tipos al alza, el dólar puede apreciarse a corto plazo respecto al euro hasta situarse en una horquilla entre 1,05 y 10,7 (los últimos meses se ha movido entre 1,10 y 1,15), y eso puede traer consecuencias para otros países”, dice Diego Triviño, jefe del departamento de análisis de Intermoney. Pero “los efectos de la apreciación del dólar no deberían ser importantes para las exportaciones norteamericanas a China porque no son demasiado altas sobre el total. Y en cambio, pueden afectar a las multinacionales implantadas en países periféricos”  si sus monedas siguen cayendo, añade Triviño.

Atraer capital

Muchos temen al dólar fuerte, empezando por Estados Unidos. También los países emergentes. La apreciación del dólar afecta directamente a todo lo relacionado con esta moneda: exportaciones, ahorro, importaciones, remesas de inmigrantes, turismo y petróleo. Con un dólar más fuerte, EE.UU. exportaría menos productos (aunque más turistas) y aumentaría las importaciones.

Si los tipos suben gradualmente en Estados Unidos, el país atraerá capital y las bolsas pueden perder atractivo y caer. Y quienes se endeudaron en dólares saldrán perdiendo si la moneda sube más, porque sus créditos resultarán más caros de devolver.

Los efectos de la revalorización del dólar frente al yuan se notarán en forma de castigo para numerosas empresas estadounidenses. Muchos empleos en este país dependen de las exportaciones a China, país al que han ido a parar en los últimos años entre el 7% y el 9% de las exportaciones de Estados Unidos. Lo mismo ocurre con México y Canadá —principales clientes de Estados Unidos—, cuyas monedas están muy debilitadas y han perdido capacidad de compra.

Un dólar fortalecido puede beneficiar a las exportaciones de los países europeos. Por vía directa, el impacto para España no sería muy elevado porque solo el 4,5% de las ventas españolas al exterior van a Estados Unidos y apenas el 4,3% de las importaciones proceden de ese país. Pero, indirectamente, las ventas españolas al exterior pueden verse beneficiadas. Francia y Alemania, sus principales clientes, venden mucho a Estados Unidos, y con el euro más debilitado frente al dólar es probable que le vendan más.

En cuanto al turismo, con el dólar fuerte los visitantes llegados de Estados Unidos a España han aumentado un 21,3% de enero a julio de este año. Pero la apreciación del dólar perjudicará a quienes vayan a Estados Unidos. 

En contrapartida, está aumentando el valor de las remesas enviadas por los inmigrantes procedentes de los países emergentes. Su efecto ya se está notando en lugares como Brasil, México o Colombia.

Brasil y Canadá, suma y sigue

Sebastián Tobarra
EE.UU. ha perdido viento de cola. Le afecta el parón de China, pero también las recesiones que han empezado en Canadá (su primer cliente), en Brasil y el hundimiento del peso mexicano (su segundo cliente). China es la segunda mayor economía del mundo y el destino del 7,6% de las exportaciones de EEUU. Basado en las exportaciones, el crecimiento de ese país ha caído del 10% a alrededor del 7%. Algunas previsiones le dan peor recorrido. Necesitaba un yuan más débil para mantener las ventas al exterior, atraer turistas y captar más divisas. Depreciando su moneda, ha ganado competitividad: cerca de un 4% frente a un dólar revaluado.

Canadá representa el 19% de las exportaciones estadounidenses. El país entró en recesión en el segundo trimestre de 2015. El dólar canadiense se ha depreciado un 30% desde enero respecto al de EE.UU.  El poder de compra de los canadienses podría caer aún más.
México, segundo cliente de EE.UU. con el 14% de sus exportaciones, sigue creciendo pero la depreciación del peso reduce su poder de compra.

La economía brasileña va peor: acaba de entrar en recesión. Aunque solo absorbe el 2,6% de las ventas estadounidenses, el real ha caído un 40% y hay muchas firmas estadounidenses radicadas en el país.
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