15/10/2019
Política

Resultado incierto, pacto difícil

PP y Unidos Podemos cortejan al PSOE que, salvo sorpresas, volverá a ser imprescindible para alcanzar cualquier acuerdo de investidura y gobierno. Si hay sorpasso la crisis interna de los socialistas puede paralizar las negociaciones

AHORA / Rosa Paz - 24/06/2016 - Número 39
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Resultado incierto, pacto difícil
Rajoy con Fernández el día que se supo que este buscó escándalos contra independentistas. QUIQUE GARCÍA / EFE
El 20 de diciembre todos los analistas coincidieron en señalar que había comenzado una nueva era política en España marcada por el multipartidismo y por los pactos. Lo primero era cierto. El llamado “bipartidismo imperfecto” fue sustituido por un cuatripartidismo alejado también, por lo que se vio, de la perfección, porque sus representantes fueron incapaces de alcanzar los acuerdos necesarios para lograr una investidura, formar un gobierno y evitar la repetición de las elecciones. Acuerdos hubo, por tanto, pocos e insuficientes.

Ahora, en esta que debería ser la última vuelta electoral de las elecciones que tuvieron su primera ronda aquel 20-D, si los sondeos aciertan el resultado de las urnas puede ser aún más difícil de administrar que el de hace seis meses. Ningún bloque, ni PP más Ciudadanos ni PSOE y Podemos, tendría mayoría absoluta y si Unidos Podemos supera a los socialistas, estos entrarán en una crisis interna que los anulará durante los meses —un par— que necesiten para resolver sus problemas internos y elegir un nuevo liderazgo.

Alternativas de pacto

Así que, pese al compromiso de los cuatro candidatos, Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera, de evitar una nueva convocatoria, ya hay expertos que empiezan a no descartar unos terceros comicios. “Una locura que los ciudadanos no nos perdonarán”, a juicio de veteranos de los dos partidos tradicionales, que hablan —como ya insinuaron la pasada primavera— de la necesidad de abrirse a alternativas diferentes, ingeniosas, basadas en experiencias de otros países europeos, coaliciones diversas e incluso soluciones, como las que se reflejan en la serie danesa Borgen, en las que no gobierna el primer partido ni el segundo, sino el tercero en liza. Esta última hipótesis la acarician también, lógicamente, en Ciudadanos.

El PP se enfanga con el intento del ministro del Interior de buscar escándalos de ERC y CDC antes del 9-N

Esas reflexiones no tienen nada que ver con lo que dicen, al menos de momento, en la dirección de PP y PSOE, donde saben, al igual que en las dos nuevas formaciones emergidas en diciembre, que si quieren alcanzar acuerdos deberán demostrar la generosidad y la flexibilidad que algunos no tuvieron en la anterior intentona, pero aún abominan de soluciones inéditas en la cultura política española.

En los últimos días de campaña la cuestión de los pactos ha centrado buena parte del debate, pero los partidos han dedicado sus esfuerzos a arañar el máximo posible de votos. El PP, porque podría ser la fuerza más votada pero con menos escaños que el 20-D, dado que el avance de Unidos Podemos le puede arrebatar algunos de los diputados que, gracias a la ley D’Hondt, se obtienen en algunas circunscripciones por un puñado de votos.
Ciudadanos también busca fidelizar el voto de diciembre y mejorar, si pudiera, pero su perfil ha quedado desdibujado y su pacto con los socialistas puede hacer que algunos de sus electores vuelvan a preferir la papeleta del PP.

La conspiración del ministro

Y eso que el partido de Mariano Rajoy se ha visto esta semana de nuevo enfangado con la publicación en el diario Público de unas conversaciones de 2014 en las que el ministro del Interior, Jorge Fernández, le pedía al director de la Oficina Antifraude de Cataluña, Daniel de Alfonso, que investigara a dirigentes de ERC y Convergència para sacarles escándalos antes de la consulta del 9 de noviembre.

Pero quienes trabajan con más ahínco para mantener el voto de diciembre y reconquistar a quienes los abandonaron y apoyaron a Podemos son los socialistas, que han sacado como munición electoral el “orgullo” de ser socialista —ahora que Pablo Iglesias les quiere arrebatar la definición de socialdemócratas— y el de los logros de sus gobiernos: desde la sanidad pública y universal a la educación, pasando por el matrimonio entre personas del mismo sexo o las leyes de igualdad de género, las últimas del gobierno de Zapatero que ahora elogia Iglesias.

A por el PSOE

Lo curioso es que todos los partidos cortejan al PSOE al tiempo que han intentado aprovechar su debilidad interna y la aparente desmovilización de sus electores para quitarles votos. El convencimiento, no obstante, de que acierten o no las encuestas no habrá mayorías absolutas y, haya o no sorpasso, los socialistas seguirán siendo esenciales para cualquier pacto —salvo que PP y Ciudadanos sumaran suficiente, lo que ahora parece improbable— ha hecho que arreciaran en los últimos días los llamamientos al PSOE. Del candidato del PP, Mariano Rajoy, que esta vez se ha mostrado dispuesto a sentarse a negociar el mismo lunes 27 una coalición con el PSOE. De Pablo Iglesias, que lleva semanas convencido de que será segundo y, por tanto, para poder gobernar necesita la colaboración de los socialistas. Y de Albert Rivera que quiere, como ya manifestó en el periodo de negociaciones anterior, conseguir un acuerdo tripartido con PP y PSOE.

Mientras, los socialistas confían —sueñan— aún con mantener la segunda posición, al menos en escaños, pero también en votos, si fuera posible, para volver a intentar un pacto con Podemos y Ciudadanos, pero liderado por los socialistas y presidido por Pedro Sánchez. Los sondeos no visualizan esa posibilidad, pero en la dirección del PSOE aseguran que en los últimos días han notado más entusiasmo entre sus seguidores y siguen fiando sus esperanzas a que una parte del 30% de indecisos declarados se decante por su partido.

Así que mientras algunos de sus notables barajan una solución a lo Mario Monti, la del tecnócrata italiano que fue primer ministro en sustitución de Silvio Berlusconi —incluso se barajan nombres—, en la cúpula del partido tratan de conjurar el riesgo de quedar terceros. Porque de darse ese resultado, el liderazgo de Sánchez habrá caducado la misma noche del 26, muy probablemente con su dimisión y la creación de una gestora.

Hay políticos que defienden un pacto rápido y quienes creen que puede haber unas terceras elecciones

Un dirigente confesaba que en la sede socialista de Ferraz se viven estos días de víspera “entre la esperanza y el velatorio” y que se habla ya de qué personas, respetadas por la militancia, podrían presidir la gestora que dirigiría el partido hasta un congreso extraordinario en que se elegiría un nuevo líder o lideresa. La presidenta andaluza, Susana Díaz, es la única persona que aparece como posible sustituta de Sánchez. Esa gestora no podría tomar decisiones sobre pactos, así que, si eso ocurriera, el PSOE marcaría un paréntesis de al menos dos meses para la formación de gobierno.

Las prisas

En el caso de que el PSOE sea imprescindible para los acuerdos, la hipótesis de la gestora exaspera a quienes creen que hay que buscar una solución rápida: que la investidura y el gobierno deben acordarse en las primeras semanas por el hastío de la ciudadanía —que no parece expresarse en las previsiones de abstención— y  porque la solución a los problemas que acucian a los españoles no pueden esperar más.

A lo que sí hay que esperar, no obstante, es a que los españoles voten el domingo y se haga el recuento. Porque a dos días de las elecciones los resultados son imprevisibles y ningún analista, ni siquiera los demoscópicos, se atreve a asegurar que la coincidencia entre todas las encuestas sea garantía de que vayan a acertar, ni siquiera en lo referente al sorpasso, que la opinión pública da por hecho.

Sí que empieza a crecer, sin embargo, la opinión de que si no se produce “un milagro”, los resultados podrían desembocar en unas terceras elecciones. “Seguramente lo que dicen las encuestas hoy no sucederá tal cual, pero se parecerá mucho. Por primera vez veo alta la posibilidad de que se tengan que repetir de nuevo las elecciones”, asegura a AHORA una prestigiosa socióloga.