28/3/2020
Literatura

Risas en la oscuridad

La novela más reciente del escritor británico, que aborda el Holocausto de una manera poco ortodoxa, llegó precedida de polémica

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Risas en la oscuridad
Martin Amis en su casa de Primrose Hill. Katie Kaars / Camera Press / Contacto
Algunos libros llegan precedidos por la polémica, de modo que no se pueden leer ajenos a ciertos prejuicios y expectativas. Así sucede con La Zona de Interés, la más reciente novela de Martin Amis (Swansea, Reino Unido, 1949), que hace su aparición en España después de levantar ampollas en el extranjero por su heterodoxo tratamiento del Holocausto. La controversia surgió cuando Gallimard y Hanser, editores habituales de Amis en Francia y Alemania respectivamente, desestimaron su publicación. Aunque de manera oficial la decisión estaba basada en consideraciones estrictamente literarias, para muchos se trata de un caso de censura editorial. De ahí que leer La Zona de Interés obligue a tomar posición y a reabrir el debate sobre los límites del humor. ¿Es un desprecio al dolor de las víctimas encontrar un motivo de risa en las cámaras de gas y en los crematorios de Auschwitz? ¿Debería haber temas sagrados sobre los que ni siquiera desde el arte podamos bromear?

La polémica resulta aún más incomprensible al adentrarse en las páginas de la novela. Adopta el punto de vista de los verdugos y por momentos Amis consigue provocar una sonrisa —cuando no una carcajada— en un escenario lleno de gaseados, cadáveres desenterrados que hay que hacer desaparecer y salvajes experimentos médicos. Pero estos recursos —la empatía con el punto de vista nazi así como el humor negro— en ningún momento están al servicio de la frivolidad. El escritor no recurre a lo escatológico o a lo escandaloso para hacernos reír sin consecuencias; es un profundo conocedor del tema del Holocausto, que se vale de todas las herramientas posibles para asistir al horror nazi desde una perspectiva original y reflexiva. 

Su mayor contribución al retrato del nazismo está en despojar al mal de su épica y presentarlo en su vulgaridad

Del mismo modo que Alfred Hitchcock buscaba en sus películas que el espectador se identificara con el asesino, Amis confronta al lector con la incómoda tarea de adoptar el punto de vista de los criminales. Este ejercicio de empatía no se conforma nunca con ser un mero juego, o si se quiere es el juego más serio que existe: invitar a mirar el mal desde sus propias entrañas. Amis ya había asumido esa tarea casi 25 años atrás con su novela La flecha del tiempo (Anagrama, 1996), si bien el Holocausto jugaba en ella un papel secundario.

Borrachos despiadados

Es aquí donde La Zona de Interés logra su mayor contribución al retrato del nazismo: despojar al mal de su épica para presentarlo en toda su vulgaridad, en toda su insignificancia, en toda su banalidad. Los verdugos y cómplices que hicieron posible Auschwitz, parece decir Amis, no son genios mefistofélicos y glamurosos sino más bien borrachos despiadados como el comandante del campo. Son estúpidos ambiciosos como Martin Bormann, más preocupado por erigirse en sucesor de Hitler que por la marcha de la guerra; fanáticos mediocres que creen en la victoria del III Reich cuando tras Stalingrado toda esperanza está de hecho perdida. En La Zona de Interés los criminales no son malvados porque gocen de un talento particular para ello sino más bien por una carencia: pecan de una absoluta falta de imaginación. Son incapaces de ponerse en la piel de los otros, no pueden siquiera imaginar el efecto que tienen sus acciones en aquellos que los rodean. 

A lo largo de toda la novela se alternan los puntos de vista de tres narradores. El primero es Golo Thomsen, un joven oficial sobrino del secretario de Hitler, Martin Bormann, que mientras colabora en la construcción de Auschwitz III se enamora de Hannah, esposa del comandante del campo Paul Doll. En segundo lugar narra sus vivencias el propio Doll, aparentemente un trasunto del auténtico comandante de Auschwitz, Rudolf Höss. Por último, cuenta también con el testimonio de Szmul, jefe del Sonderkommando, grupo de prisioneros judíos obligado a colaborar con las SS limpiando las cámaras de gas y trasladando los cadáveres hasta los crematorios. Los tres narradores giran en torno al omnipresente personaje de Hannah, trazando una órbita invisible que parece conseguir lo más difícil: contar una historia de amor entre las alambradas de espino y el olor a carne quemada de las chimeneas de Auschwitz. La perspectiva más endeble es probablemente la de Szmul.

La Zona de Interés es una obra brillante, soberbiamente documentada, llena de fuerza y audacia

Amis parece sentirse excepcionalmente cómodo adoptando el punto de vista de los responsables de las matanzas, cuya ideología retrata magistralmente. Pero no tiene el mismo éxito cuando intenta vestirse el pijama de rayas de los presos. El comportamiento pasivo de Szmul —incluyendo su gesto épico final— no resulta del todo convincente en la novela, tal vez porque en este caso es la propia realidad la que a la postre no resulta verosímil. 

Labor de documentación

La novela incluye un epílogo en el que Amis exhibe sus numerosas fuentes bibliográficas y expone una visión muy particular sobre Hitler, que toma prestada del historiador Sebastian Haffner. Según Haffner, entre noviembre y diciembre de 1941 el Führer ya era consciente de la imposibilidad de la victoria y pasó a programar inconscientemente su propia destrucción. “‘Ahora codiciaba la derrota’; y deseaba que esta derrota fuera ‘tan calamitosa y total como fuera posible’. En adelante su arremetida cambió de sentido y la dirigió contra un nuevo objetivo: el pueblo alemán.” Se trata de una visión tan heterodoxa como atractiva, y se agradece que Amis la exponga en el epílogo: únicamente cabe lamentar que no haya sabido integrarla mejor en el curso de la propia novela. 

La Zona de Interés es una obra brillante, soberbiamente documentada, llena de fuerza y audacia. Es una lástima que sus múltiples aciertos queden en cierto modo ensombrecidos por el exceso de sensibilidad de algunos lectores, que no han sabido o no han querido entender la seriedad que se oculta detrás del humor de Amis. Puede que no esté a la altura de la genial La flecha del tiempo, pero es una novela notable que contribuye a una mejor comprensión del alma humana, con sus luces y sombras. 
La Zona de Interés
La Zona de Interés
Martin Amis
Traducción de Jesús Zulaika,
Anagrama, 
Barcelona, 2015,
312 págs.