21/1/2020
Economía

Se buscan 27.000 millones de déficit

Rajoy se propone realizar nuevos recortes para cuadrar las cuentas pero promete bajar los impuestos

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Se buscan 27.000 millones de déficit
El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y Mariano Rajoy en Madrid. GERARD JULIEN / AFP / Getty

El verbo cuadrar no se conjuga en esta campaña electoral. Y eso a pesar de que la nueva legislatura arrancará con un descuadre en las cuentas públicas de este año de nada menos que 9.000 millones de euros por el desvío del déficit público. El Gobierno deberá dar otro tijeretazo de 27.000 millones al déficit público para bajarlo del 5% a menos del 3% en 2017. Lo exige la Comisión Europea, que ha dado un año extra a España para reducir el desajuste presupuestario, aunque ha aplazado hasta después de las elecciones una posible multa por el desbordamiento del déficit este año.

Llueve sobre mojado

Cuadrar ingresos y gastos no va ser fácil. Pero Mariano Rajoy incluso ha asegurado al Financial Times que volverá a bajar los impuestos, si la recaudación sigue creciendo, aunque luego por carta le ha dicho al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, que está dispuesto a tomar nuevas medidas de ajuste en la segunda mitad de este año para cumplir la meta de déficit, todo ello si vuelve a gobernar. Pero llueve sobre mojado. Rajoy bajó el IRPF y el Impuesto de Sociedades en 2015 y esa ha sido la causa fundamental del desvío del déficit de unos 7.000 millones este año. “En la segunda mitad del año, una vez haya Gobierno, estamos dispuestos a adoptar nuevas medidas, si se requieren, para cumplir con este objetivo” ha sido la frase de la carta de Rajoy a Juncker que ha soliviantado a la oposición.

En realidad, el déficit solo podrá reducirse por tres vías: con cargo a los mayores ingresos fiscales que da el crecimiento económico, mediante nuevos recortes de gasto o bien a través de subidas de impuestos. Hay una cuarta manera de hacerlo que suele predominar: hacer todas estas cosas a la vez.

El presidente anuncia bajadas de impuestos a la vez que promete recortar el gasto para cumplir con Bruselas

“No hay margen en este momento para bajadas de impuestos. Sería poco responsable bajar la recaudación fiscal porque hay que cumplir con el objetivo de déficit por debajo del 3% el año que viene”, dice Alain Cuenca, profesor titular de Economía de la Universidad de Zaragoza. “Además, no tiene sentido —añade Cuenca— hacer retoques parciales como el que se hizo el año pasado bajando el IRPF y el Impuesto de Sociedades, una rebaja que ha tenido un coste de 5.225 millones en forma de menores ingresos, que es el equivalente a casi todo el desvío sobre el objetivo de déficit de este año.”

Antonio Durán-Sindreu, socio director del despacho de asesoría legal y fiscal que lleva su nombre y profesor de la Pompeu Fabra, cree que “ha llegado el momento de preguntarnos si nuestro actual modelo fiscal es justo, y la respuesta es que no porque presenta graves déficits redistributivos. Es necesario replantear el sistema de financiación del gasto público financiándolo con impuestos y precios públicos en función del nivel de renta. De esta forma se podrían reducir los impuestos, hacer más justo nuestro sistema tributario y financiar los servicios públicos”, añade este experto.

El recorte del déficit de 27.000 millones en dos años exigido por Bruselas (unido al de más de 40.000 ya realizado desde 2011) no parece fácil desde el lado de los ingresos. España arrastra dificultades para elevar sus ingresos fiscales desde hace décadas. De hecho, la presión fiscal fue en 2014 el 33,2% del PIB. Eso significa que ingresa unos 13.000 millones menos en impuestos de lo que le correspondería por el tamaño de su economía. El cálculo proviene del informe “Revenue Statistics 2015” sobre fiscalidad publicado en diciembre por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). El documento abunda en lo que otros ya habían apuntado: en España la recaudación es inferior a la media de los 34 países más ricos del mundo, que alcanza un 34,4%. 

¿Recaudar o recortar?

Aun así, algunos economistas, como Daniel Lacalle, defienden que los impuestos deben seguir bajando porque así se estimulará el crecimiento económico y acabará elevándose la recaudación. “Para rebajar el déficit público, lo que hay que hacer es bajar los impuestos, no subirlos, sobre todo las cuotas a la Seguridad Social”, asegura Lacalle. “El actual déficit de la Seguridad Social no se solucionará subiendo las cuotas sino creciendo más y creando más empleo”. El economista añade: “Para reducir el déficit lo que debe hacerse es recortar gasto político en asesores, en liberados sindicales, en administraciones paralelas y en empresas públicas deficitarias. No debe recortarse ni en educación ni en sanidad pero sí ser más eficientes”, sugiere Lacalle.

La presión fiscal en España es inferior a la media de los 34 países más ricos del mundo, que alcanza un 34,4%

No opina lo mismo Joaquín Maudos, catedrático de la Universidad de Valencia y director adjunto del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas. “La presión fiscal en España es muy baja, por lo que gran parte del problema del déficit está en la vertiente de los ingresos. Siempre hay potencia de reducción de costes, pero en mi opinión, tras el ajuste realizado, la prioridad está en los ingresos.” Y añade Maudos: “Está claro que España tiene un problema de insuficiencia de ingresos incompatible con el Estado del bienestar, como refleja el déficit público, que en 2015 ha sido el segundo más elevado de la UE28 solo por detrás de Grecia”.

Además, asegura Maudos, “la evidencia muestra que una estructura fiscal más favorable al crecimiento es aquella que descansa más en los impuestos indirectos que directos, algo que no ocurre en la estructura fiscal de España. Conviene por tanto aumentar el peso de los indirectos (IVA) y reducir la de los directos (IRPF y Sucesiones). Esta es precisamente la recomendación que siempre nos hacen desde organismos como el FMI, o incluso el comité de expertos para la reforma fiscal. Hay margen de maniobra para subir el IVA, y no solo es un tema de tipos, sino de reclasificación de bienes desde niveles inferiores a superiores”.

La presión fiscal nunca ha llegado en España a la media de los países de la OCDE y de los socios del euro, aunque los dos grandes impuestos —IVA e IRPF— sí son similares. Ni siquiera ocurrió en 2006-2007, cuando hubo un pequeño superávit fiscal y la presión fiscal llegó al 36,5% del PIB para luego caer en picado hasta el 29,8% tras pincharse la burbuja del ladrillo, según la OCDE.

Que hablen los documentos

Tampoco ocurrirá ahora. El Gobierno del PP ha hablado a través del Programa de Estabilidad 2016/2019 que ha enviado a Bruselas. En él detalla (páginas 40-43) que su plan para atajar el déficit descansa más en un recorte de los gastos en relación al PIB (unos 33.000 millones menos sobre el PIB de 2019) que en un aumento de la presión fiscal (que no rebasará el 34,5% del PIB). Eso no significa que no se vayan a producir “ligeros aumentos del gasto nominal”, pero siempre a menor ritmo que lo que crezca la economía, dice el documento enviado por el Gobierno a Bruselas. El Ejecutivo atribuye el menor peso del gasto a la caída tanto del capítulo de intereses de la deuda como del gasto en desempleo por la esperada bajada del paro, así como a la no sustitución de todo el personal que se jubila o se jubilará en los próximos cuatro años.

Además de la menor presión fiscal, los expertos señalan otras dos causas de esta brecha fiscal en España: la falta de recaudación —sobre todo por IRPF— que causa el elevado paro y el fraude fiscal —que diversos estudios estiman en torno al 20% del PIB—, sin parangón respecto a otros países desarrollados.

La plantilla de la Agencia Tributaria la forman 25.742 personas. Hay 1.803 inspectores fiscales, un 30% más que en la década de los 90, según las memorias de este organismo. Pero la Organización de Inspectores de Hacienda del Estado estima en un informe que se ha apostado por aumentar el personal dedicado a tareas informáticas y adivierte de que para combatir con mayor eficacia la economía sumergida se necesita “el uso intensivo de recursos humanos en los que la Agencia es deficitaria”.