26/6/2019
Entrevista

«Si el proyecto europeo fracasara sería el fracaso de toda una generación»

Entrevista a Adam Michnik, fundador y editor de la Gazeta Wyborcza

AHORA / Ramón González Férriz - 15/07/2016 - Número 42
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«Si el proyecto europeo fracasara sería el fracaso de toda una generación»
Gazeta
Adam Michnik es una figura totémica en Polonia y el resto de Europa Central. Fue encarcelado varias veces por su oposición al comunismo y tuvo un papel crucial en las negociaciones que llevaron al Partido Comunista polaco a convocar unas elecciones que perdería, en 1989. Poco más tarde, Michnik abandonó su actividad política y se puso al frente de la Gazeta Wyborcza, un periódico progresista que sigue siendo uno de los más respetados en la región por su oposición a las tentaciones autoritarias que se han repetido allí y que ahora vuelven a estar en auge. Así lo reitera Michnik durante su intervención en el seminario “Europa en cuestión”, organizado por la Asociación de Periodistas Europeos en la Fundación Carlos de Amberes de Madrid. Su aversión al Gobierno de Ley y Justicia, sus reiteradas advertencias sobre el expansionismo de Putin y su afirmación de que esta crisis no es solo centroeuropea, sino que abarca a todo el continente, se repiten también en la conversación.

Hace más de 25 años del inicio de la democratización de Polonia y de la caída del Muro. ¿Qué balance hace de todo este tiempo?
Un cambio tan grande, un movimiento tectónico de esta magnitud, hace que la gente espere que el maná caiga del cielo. Por supuesto, nunca cae. Hubo diferentes fases de contestación a lo nuevo que surgió. La primera etapa fueron los dos o tres primeros años después del cambio. Parecía que todo iba a ir bien, pero no iba bien. Por un lado teníamos libertad, pero también desempleo. Iba a haber justicia, pero vimos que se ampliaban las desigualdades dentro de la sociedad. Además, tampoco se veían los efectos del desarrollo económico y aún no estábamos en la Unión Europea ni en la OTAN. Entonces, a mediados de los años 90, se produjo la primera ola de descontento y el resultado fue que en muchos países ganaron las elecciones los poscomunistas. Pero esos poscomunistas no volvieron al comunismo, sino que siguieron con el proceso de cambio aunque lo ralentizaran. Y la situación iba cambiando, poco a poco, pero a mejor. Los gobiernos cambiaban pero el proceso de transformación no se interrumpía. Cada nuevo gobierno seguía en el mismo camino de construcción de las instituciones democráticas, de la economía de mercado y el acercamiento hacia las instituciones europeas.

"En Polonia, además de la sensación de que el país estaba arruinado, ha habido una falta de comunicación entre las élites proeuropeas y la gente"

Pero las cosas volvieron a torcerse.
La segunda ola de contestación vino ya a principios del siglo XXI. Surgió una nueva generación política formada por personas que en el momento de la caída del Muro tenían 12 o 15 años. Era gente para la que muchas cosas eran obvias. Daban por sentada la existencia de las instituciones democráticas, los medios sin censura, que estuviéramos en Europa, que pudiéramos viajar libremente. Y su percepción era: ¿por qué si estamos así vivimos peor que los alemanes? Y esa pregunta la contestaban de dos maneras diferentes. Una respuesta era de tipo nacional católico: vivimos mal, se decía, porque nos alejamos de nuestras raíces y tradiciones, y nos acercamos a Europa, que es el reino de la droga, el aborto y la homosexualidad. La otra respuesta era la de las desigualdades sociales y decía que a nosotros no nos gustaba el sistema porque había desigualdades, paro y diferencias sociales que antes no existían. El nexo de unión de las dos respuestas era que ambas atribuían la culpa de todo a las élites y los políticos corruptos. Y, por supuesto, es verdad que hubo corrupción y que hubo sistemas oligárquicos, pero es innegable que Polonia, durante estos 25 años, ha dado un paso enorme en su desarrollo. El lema de esta oleada de contestación era que Polonia estaba arruinada. Y esto lo decían unos y otros. Y ese discurso fue al final el más fuerte, el mayoritario.
 
A pesar de que Polonia probablemente se encontraba en el momento más próspero de su historia.
Por supuesto. Pero la psicología de la gente es así. Nadie piensa que está bien. Piensa por qué no estoy tan bien como mi vecino. Y si él está mejor significa que es un ladrón. Y el resultado de ello en Polonia es que el partido que ganó las elecciones el año pasado, Ley y Justicia, solo obtuvo el 19% del voto del censo, pero gracias a la ley electoral tiene la mayoría absoluta en el Parlamento y no necesita a nadie para gobernar. Y paso a paso está cambiando un Estado democrático por un Estado autoritario. Por un lado hablan con el lenguaje rusófobo [tradicional en Polonia], pero por otro lado imitan el autoritarismo de Putin.

 “Ley y Justicia obtuvo el 19% del voto y está cambiando un Estado democrático por un Estado autoritario”

La entrada en Europa para los españoles de mi generación nos hizo pensar que el sistema democrático liberal ya no tenía vuelta atrás. ¿Cree que esto es distinto en Europa Central?
Los movimientos autoritarios también existen en España. De momento no tienen el apoyo suficiente, y yo deseo que nunca lo tengan. Polonia está dividida por la mitad entre demócratas y autoritarios, pero también está dividido Reino Unido después del Brexit. Creo que esta ola es común para toda Europa. Marine Le Pen ganó las elecciones al Europarlamento. Por no hablar de Estados Unidos, donde Trump es el candidato republicano.
 
¿Cree que se debe a la crisis económica, a un cierto agotamiento de la democracia tal como la entendíamos, a la crisis institucional europea?
A todo junto. Quien más se benefició de los fondos europeos en Polonia fue la gente del campo, y esa gente es la que más votó a Ley y Justicia, que es euroescéptico. Porque creen que el dinero de la UE es eterno. Pero la gente se va a dar cuenta de que les han engañado. En cuanto se formó el Gobierno, surgió un movimiento en contra de sus acciones. Apreciamos el aire cuando nos falta, cuando empezamos a ahogarnos. También se ha dado un fenómeno de falta de comunicación, porque las élites prooccidentales, proeuropeas, consideraron que, puesto que íbamos por buen camino —con la mejora de la economía, con la integración en Europa—, no teníamos que preocuparnos por decírselo a la gente.
 
¿Sigue teniendo esperanzas en el proyecto europeo?
Si el proyecto europeo fracasara sería un fracaso de todos los que luchamos para acabar con las dictaduras comunistas de la órbita soviética y por la democracia, sería el fracaso de toda una generación. Pero debo ser optimista. El pesimismo es muy aburrido.