15/10/2019
Análisis

Ventajas e inconvenientes de la diáspora

Cuesta hablar de pérdida de talento cuando la alternativa a salir fuera es quedarse desempleado en España

Enrique Fanjul - 11/12/2015 - Número 13
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Miles de españoles, en especial jóvenes, se han ido en los últimos años al extranjero en busca de las oportunidades de trabajo que no pueden encontrar en España. Es corriente leer y oír comentarios acerca de que esta nueva ola de emigración supone una gran “pérdida de talento” para España, que estaría perdiendo lo mejor de su capital humano.  Incluso se han establecido, o se planea establecer, programas de “retorno del talento”, destinados a incentivar el regreso de estos profesionales.

Parece difícil hablar de pérdida de talento cuando la alternativa a la marcha al extranjero es quedarse en España en situación de desempleo, sin tener ingresos, sin adquirir experiencia, sin progreso en una carrera profesional. Sin duda lo deseable sería que estos profesionales tuvieran la opción de elegir si se quedan o si prefieren irse al extranjero.  Pero no es el caso, esa opción no existe. Para numerosas personas la única vía para encontrar un trabajo ha sido marcharse fuera. No cabe hablar por tanto de pérdida de talento para la economía española, puesto que esta se ha mostrado incapaz de facilitar cauces para utilizar este talento.

La marcha al exterior de estos profesionales tiene unos claros elementos negativos. En primer lugar, para muchos de ellos es una opción forzosa, algo a lo que se ven empujados por la necesidad, en contra de sus preferencias vitales. En segundo lugar, España ha invertido un dinero en la formación de estos trabajadores; es una inversión desaprovechada, de la que se benefician en cambio los países que los reciben. En tercer lugar, muchos de estos profesionales se ven obligados a trabajar, en los países a los que emigran, en puestos por debajo de sus cualificaciones, bien porque no conocen suficientemente el idioma, bien porque las empresas que los contratan se aprovechan de sus condiciones (inseguridad, menor conocimiento del país, etc.).

La nueva diáspora implica, pues, diversos factores negativos. Pero también puede reportar a medio-largo plazo importantes efectos positivos, tanto para las personas que se han marchado a trabajar fuera como para la propia economía española.

Experiencias positivas

Cabría mencionar, de entrada, dos tipos de efectos. En primer lugar, la experiencia de trabajo en el extranjero contribuye a mejorar la formación de estos profesionales en diversas vertientes: no solo les permite adquirir nuevos conocimientos técnicos relacionados con su ocupación sino también experiencia en otras culturas y ambientes de trabajo. Ello supone un enriquecimiento de sus capacidades profesionales. Pensemos simplemente en su utilidad para superar esa maldición de la que España parece incapaz de librarse, el desconocimiento de idiomas.

Los jóvenes en el extranjero pueden ayudar al desarrollo de negocios entre España y sus países de residencia 

Durante los últimos años he residido en Holanda, donde he desempeñado el puesto de consejero comercial de la Embajada de España. En este tiempo he tenido ocasión de tratar con muchos profesionales españoles —jóvenes y no tan jóvenes— que habían ido a trabajar a ese país. En una gran mayoría de los casos lo que he escuchado de sus experiencias laborales han sido valoraciones muy positivas. Tanto en empresas holandesas como en multinacionales establecidas en Holanda, estos profesionales han tenido ocasión de participar en un sistema de trabajo bastante distinto al que estamos habituados en España y del que se pueden aprender muchas cosas.

“Aquí la cultura de trabajo es mucho más práctica que en España. La organización es menos jerárquica. Existe un espíritu igualitario que fomenta la participación de la gente. La comunicación es más directa, la gente dice lo que piensa sin el respeto o temor a los ‘jefes’ que tenemos en España. Eso impulsa la innovación. Se pierde mucho menos el tiempo en actividades que en España consumen muchas energías.” Este es el tipo de comentarios que escuché con frecuencia a muchos profesionales españoles durante mis cuatro años de destino en La Haya.

Como ha sucedido en otros países que han tenido fuertes flujos migratorios al exterior, una buena parte de estos profesionales regresará en el futuro a España y traerá consigo estos conocimientos y esta nueva mentalidad, que pueden contribuir positivamente a mejorar el funcionamiento de las empresas españolas.

Apoyo a la internacionalización

En segundo lugar, los trabajadores españoles en el extranjero pueden contribuir al desarrollo de negocios con España. Estos profesionales, asentados en sus países de emigración pero con conocimientos y contactos en España, están inmejorablemente situados para colaborar con empresas extranjeras que quieran desarrollar su actividad en España o para ayudar a empresas españolas que quieran desarrollar negocios en sus países de residencia. Pensemos, a modo de referencia, en el papel clave que han tenido las diásporas china e india en el proceso de internacionalización de las dos grandes potencias asiáticas.

España debería plantearse realizar un esfuerzo para movilizar y utilizar de alguna manera este importante activo con el que cuenta en muchos países: miles de profesionales españoles que están bien situados para hacer de puente entre empresas españolas y empresas de sus países de residencia.

Existen precedentes que pueden servir de inspiración a este respecto. Por ejemplo, los australianos han lanzado una iniciativa, Advance, cuyo objetivo es transformar al millón de australianos que vive en el extranjero en una fuente de conocimientos y contactos para la economía y las empresas australianas. Advance es una iniciativa público-privada, apoyada financieramente por el Gobierno central y los gobiernos de algunos estados australianos, así como por empresas. Opera en 90 países, en los que organiza regularmente actividades cuyo objetivo último es aprovechar y movilizar a la comunidad de profesionales australianos en el extranjero. Por otra parte, un 75% de los profesionales australianos que se marchan a trabajar a otros países regresan al cabo de unos años a Australia.

En resumen, lo ideal sería que España registrara altas tasas de crecimiento y que nadie se viera forzado a emigrar. Pero puesto que la realidad es como es, asumamos que la emigración no tiene solamente una vertiente negativa.