27/11/2021
Ciencia

Zika: a la caza del mosquito

Un contagio del virus por vía sexual detectado en Estados Unidos confirma nuevos mecanismos de transmisión

Arantza Prádanos - 05/02/2016 - Número 20
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Zika: a la caza del mosquito
Una embarazada espera a ser atendida en el Hospital materno infantil de Tegucigalpa. ORLANDO SIERRA / AFP / Getty
De secundario irrelevante a villano estelar. De molestia benigna casi asintomática a “peligro global para la salud pública”, según definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En menos de dos meses el virus zika se ha encaramado a lo alto del ranking internacional de amenazas, desplazando de la primera línea de atención a otros virus similares transmitidos por mosquitos del género Aedes (aegypti, sobre todo) y causantes de fiebres en principio más severas como el dengue o chikungunya. La inesperada relación entre el zika y la epidemia de microcefalia en bebés declarada en Brasil —también hay casos en Colombia y en otros países—, así como posibles vínculos del virus con raros desórdenes neurológicos, no ha sido aún confirmada pero todo le señala como presunto culpable. La vía de transmisión sexual, de la que había pocos datos, se acaba de confirmar, y se apuntan incluso otras hipótesis sobre la acción combinada de varios patógenos. Mientras, el mapa del zika crece semana a semana. Su ritmo explosivo de propagación sigue sorprendiendo a los expertos. Hay una veintena larga de estados americanos y del Caribe con contagios activos in situ, además de Cabo Verde y Samoa, y se suman a goteo casos importados en otras regiones, incluidas Europa y España.

El zika es un viejo conocido de los virólogos. Fue identificado en 1947 en macacos de la región boscosa homónima, en Uganda, y desde los años 50 había asomado esporádicamente en distintos puntos de África sin demasiadas repercusiones, al menos para Occidente. Ya en este siglo el virus se globalizó, como todo. Primero se detectó en la isla de Yap (2007), en Micronesia, desde donde se expandió por el sudeste asiático, con epidemias en Camboya (2010), Tailandia (2012-13) y, más recientemente, en la Polinesia francesa (2013-14). El genotipo de la cepa causante del actual brote en las Américas está directamente emparentado con la que ha saltado de aquí allá en Oceanía. En su periplo de los últimos años el virus hizo escala en las islas Cook, Nueva Caledonia, luego en dirección este en la isla de Pascua (2014) y llegó al continente poco después, para asomar en el nordeste de Brasil en mayo de 2015. El resto es sabido.

De África al Caribe

La epidemia actual comenzó a expandirse cuando seguía activa en la región otra enfermedad vírica originaria de África, el chikungunya, que durante 2014 y 2015 afectó al menos a un millón y medio de personas en Latinoamérica y el Caribe. Ambas se han solapado en la práctica. La de zika habría sido otra virosis más, una nueva carga para los endebles sistemas públicos de salud de muchos de estos países, castigados además de forma endémica por el dengue y la fiebre amarilla —ambos del mismo género flavivirus que el zika—, de no haber coincidido en el tiempo y el espacio con un aumento exponencial de las malformaciones craneales en recién nacidos en Brasil, el país más afectado, justo en la región nordeste, la de mayor prevalencia del virus.

La OMS ha alertado esta semana del “peligro global para la salud pública” que supone el zika

A este factor se ha unido la aparición paralela de cuadros del síndrome de Guillain-Barré —una disfunción neurológica autoinmune causante de debilidad muscular y parálisis— observados en 2013 en la Polinesia francesa y ahora en Brasil. Parece poco creíble que la suma de tales anomalías sea fortuita. En todo caso, ambas circunstancias han cambiado radicalmente la naturaleza del problema. El zika ha pasado de ser una especie de gripe sin síntomas para tres de cada cuatro infectados, o leves molestias para el cuarto, a “emergencia para la salud pública”, en palabras de la directora general de la Organización Mundial de la Salud, Margaret Chan.

Evidencias fiables

A pesar de la muy probable relación causal entre el zika y la microcefalia neonatal, que acarrea a los pequeños afectados defectos en la visión, el habla, retraso motriz o intelectual, según la parte del cerebro dañada, esta cuestión necesita “nuevas investigaciones” antes de considerarse irrefutable, según el organismo internacional.

Para Fernando de Ory, del Centro Nacional de Microbiología-Instituto de Salud Carlos III y vicepresidente de la Sociedad Española de Virología, el vínculo está “bastante claro”. Además de por el factor epidemiológico, “es que se ha detectado el virus. Hay evidencia directa”, afirma. “Seguramente —añade— no todos los casos en los que hay microcefalia se pueden asociar de manera inequívoca a la infección por el virus salvo que se identifique. Pero existe una evidencia absolutamente fiable de que el zika tiene un efecto teratógeno que produce microcefalia en los fetos y en los recién nacidos”.

Un especialista fumiga una casa en Venezuela, país que ha registrado 4.700 casos sospechosos de personas infectadas por el virus zika. Carlos becerra / ANADOLU / CONTACTO

Hasta el momento las autoridades sanitarias brasileñas han identificado entre 3.500 y 4.000 casos de malformaciones atribuibles al zika, bien porque el historial médico de la mujer consigna una infección similar en los primeros meses de la gestación, cuando se forma el feto, o porque se han encontrado rastros del virus en la madre, el feto —en el líquido amniótico y en algunos abortos—, o en ambos. Investigadores del Instituto Fiocruz de este país han certificado también la transmisión intrauterina del virus al analizar el tejido de la placenta de una mujer afectada de zika que abortó en el primer trimestre del embarazo.

El contagio fetal “es un fenómeno que ya se ha descrito antes con otras infecciones virales y no virales, como el virus de la rubeola, los virus herpes, la toxoplasmosis, etc. Es una consecuencia de infección congénita por determinados patógenos”, recuerda De Ory. No obstante, hasta la fecha no se había relacionado con otros flavivirus. Es una prueba más de que el zika presenta características específicas que lo distinguen de sus “congéneres” y, dado que no hay registros de brotes importantes antes de 2007, se sabe poco de las eventuales complicaciones de la enfermedad.

La cuestión sobre las otras vías de infección por zika cobra también nueva relevancia. La picadura del mosquito portador es el cauce principal, pero la confirmación del contagio materno-infantil obliga a mirar más allá. Hay nuevas evidencias de transmisión entre personas. Esta semana se constató un contagio del virus por vía sexual en Texas, entre una persona retornada de un país epidémico y un residente local. Al menos dos casos anteriores registrados en 2008 y 2013, entre Senegal y Estados Unidos el primero, y en Tahití el otro, certificaron la presencia del virus en el semen de los pacientes. Uno de ellos pasó el virus por vía sexual a su esposa, en una zona libre por completo de mosquitos. Parece ser otro rasgo singular del zika. Hasta la fecha son las únicas evidencias de un arbovirus —todos los transmitidos por insectos artrópodos— capaz de difundirse de esta manera.

La genética del virus y sus mecanismos de contagio centran la investigación en los laboratorios

“Estamos en ese momento en el que hay más dudas que otra cosa. En temas tan complejos, al principio siempre hay un poco de caos hasta que se recaba toda la información. Pasó en su día con el VIH, con el ébola… La comunidad científica está empezando a aprender ahora sobre el zika”, resume Javier Lucientes. Profesor de Parasitología de la Universidad de Zaragoza y miembro del grupo asesor del Ministerio de Sanidad para el estudio y control de vectores del género Aedes, viajó hace poco más de un mes a Cabo Verde, donde hay un brote activo de zika. “Allí no tenían gran preocupación por el tema en ese momento”, precisa. Aunque si llegara a confirmarse la relación causa-efecto entre el virus y la malformación craneal “es de esperar —añade— que dentro de unos meses empiecen a verse casos”.

Vacunas lejanas

Dentro de la batalla contra el zika que se libra en los laboratorios, el principal reto ahora mismo no es otro que “conseguir un diagnóstico eficaz”, señala De Ory. Coordinador de ViroRed, una red iberoamericana de cooperación y respuesta ante virosis emergentes, recuerda que para medir la dimensión real de la epidemia “hay que conocer cuáles son los casos, y la forma es haciendo un diagnóstico de la infección y también el diagnóstico diferencial” que, entre otras cosas, permita discernir lo que es zika de lo que puede ser dengue o chikungunya, con síntomas muy similares y concentrados en el mismo entorno geográfico.

De forma más experimental, un grupo de microbiólogos, neurólogos y genetistas de la Universidad de Río y de otras instituciones científicas del país comenzará a experimentar en breve con “minicerebros” creados in vitro a partir de células madre embrionarias. Infectarán los orgánulos con el virus para recrear un contagio perinatal y poder determinar los mecanismos celulares capaces de provocar microcefalia y demás secuelas detectadas en bebés.

El cementerio Nueva Esperanza, en Lima, fumigado por un especialista. eRNESTO BENAVIDES / AFP / GETTY

Las vacunas están lejos en el horizonte. El Servicio Nacional de Salud de Estados Unidos trabaja en dos líneas de inmunización, una de ellas con material “reciclado” de los estudios sobre el virus del Nilo Occidental, y en Brasil hay en curso tres proyectos similares con colaboración internacional. Una vacuna eficaz, segura y asequible para economías precarias “tardará años”, reconocen todos los implicados.

De Brasil al mundo

Arantza Prádanos
Brasil se juega mucho en la crisis del zika: la salud de sus ciudadanos, imagen y cantidades ingentes de dinero. El Carnaval de Río comienza este fin de semana, los Juegos Olímpicos se celebran en agosto y el flujo de turistas esperado podría verse mermado si no se logra contener la amenaza del virus. El gobierno de Dilma Rousseff se lo ha tomado en serio. “Un mosquito no es más fuerte que un país entero”, reza el eslogan oficial. Campañas masivas de prevención, reparto de 400.000 repelentes gratuitos entre las embarazadas. La policía y el ejército desplegados con poderes especiales para fumigar casa por casa, con patada en la puerta si fuera preciso en las áreas más afectadas. El Aedes aegypti es un mosquito doméstico y cría en pequeños depósitos de agua, un jarrón, el plato de una maceta, el inodoro, casi todo le vale.

Colombia, con más de 20.000 casos de zika censados, opta por la sensibilización y la distribución de repelentes entre la población de riesgo, caso de las gestantes en curso. A las demás mujeres, el Ejecutivo les ha pedido retrasar la concepción al menos hasta julio de este año, cuando consideran que puede haber pasado el pico de contagios. Las autoridades de El Salvador desaconsejan embarazarse hasta 2017.

En España “existe un riesgo real de transmisión autóctona del virus zika”, admite el Ministerio de Sanidad. El mosquito tigre (Aedes albopictus) también es capaz de transmitir este y otros arbovirus como el dengue o el chikungunya y se ha adaptado bien en distintas áreas de la península. Hay gran afluencia de viajeros procedentes de países afectados, y la población española es susceptible a la infección al no haber estado en contacto previo con este patógeno. Si coinciden estas tres circunstancias en un momento y lugar dados, puede surgir un brote local. De momento se han detectado cuatro casos importados, dos en Cataluña y uno en Valladolid y Murcia, de viajeros procedentes de la zona epidémica. Sanidad calcula que llegarán a España entre 200 y 250 enfermos de zika contagiados fuera.

El ministerio ultima un Plan Nacional de Prevención y Respuesta ante Enfermedades Transmitidas por Vectores para dar respuesta a fiebres y síndromes lejanos que irán llegando cada cierto tiempo, con mayor o menor intensidad. Las enfermedades tropicales han dejado de serlo, su alcance es global y el riesgo cero pasó a la historia.