27/6/2019
Debate de investidura

En octubre, nuevo intento

Rajoy deja su investidura en manos del destino, en la posibilidad de que el PNV cambie su voto tras las elecciones del 25 de septiembre y en el posible éxito de las presiones internas y externas que arrecian sobre Sánchez

AHORA / Rosa Paz - 02/09/2016 - Número 49
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En octubre, nuevo intento
Rajoy durante la sesión de investidura del 31 de agosto. juan carlos hidalgo / eFE
Mariano Rajoy tendrá que esforzarse para conseguir los apoyos que le faltan si quiere ser reelegido presidente tras las elecciones gallegas y vascas del 25 de septiembre, pero sus intervenciones en la fracasada sesión de investidura de esta semana indican que no tiene mucha intención de hacerlo. A lo mejor es que no le importa que se repitan por tercera vez las elecciones porque cree que le irán mejor, aunque él atribuye ese deseo y esa expectativa al líder del PSOE, Pedro Sánchez, porque se niega a facilitarle la investidura.

El caso es que de lo escuchado en los últimos días en el Congreso se deduce que, más que en las negociaciones políticas, Rajoy sigue confiando en el destino, en que lo que ocurra en esos comicios autonómicos le pueda deparar el apoyo del PNV y en que, finalmente, las presiones que recibe Sánchez, de los notables y barones de su partido y de los poderes económicos, acaben por forzar un cambio del voto de los socialistas.

Misma estrategia

Nada hace pensar que Rajoy se vaya a alejar de la misma estrategia que ha seguido desde el 26-J, la de no molestarse en buscar acuerdos y esperar que los votos le lleguen por decantamiento natural, con el argumento de que representa al partido más votado en las elecciones. Porque incluso el pacto alcanzado con Ciudadanos fue gracias a que esa formación dio el paso de proponerlo para desbloquear una situación política que el presidente del Gobierno en funciones estaba prolongando con su inacción.

Los barones creen que Sánchez se ha enrocado y buscan convocar un comité federal para decidir la abstención

Para sorpresa de todos, en particular de los diputados de Ciudadanos, en el debate tuvo un tono desdeñoso con el apoyo que le otorgaron a su investidura —fallida—, equiparando, por ejemplo, los 32 votos de Albert Rivera con el de la diputada Ana Oramas de Coalición Canaria o diciéndole: “Nos vamos a llevar bien, señor Rivera, porque no nos queda otra”.



El desagrado de los de Rivera con el discurso y el tono de Rajoy no les llevará a cambiar el voto, pero sí a reforzar la idea de que actúan por una razón de Estado y no por el entusiasmo —nulo— que les produce el aspirante a la Presidencia. Ese ninguneo les lleva también a arreciar las presiones sobre Sánchez, para cerrar el círculo del desbloqueo. El líder de Ciudadanos pidió al del PSOE que se sume a su pacto con el PP e insinuó —igual que Rajoy— que si no lo hace es porque “piensa en las urnas, en intereses de partido o, incluso, en intereses personales”. Pero también trató de tentarle con la posibilidad de gobernar juntos desde el Parlamento, es decir, de imponerle al gobierno políticas y leyes.

“Déjennos gobernar”

Rivera fue más lejos que Rajoy, porque el presidente del PP explicó a Sánchez y a los diputados del PSOE que no pretende que le den su confianza —el artículo 99 de la Constitución especifica que el candidato a la Presidencia debe pedir la confianza de la Cámara—, “solo que nos dejen ustedes gobernar”. Unas veces argumentó esa petición en un “tengo 170 escaños” y otras “porque los españoles han querido que gobierne”. Otra vez insistió en su empeño en que tiene que gobernar el partido más votado aunque no logre los apoyos parlamentarios suficientes.

Tampoco hizo nada para conquistar el voto de los cinco diputados del PNV. Tras su alegato a la unidad de España del discurso de investidura, que el portavoz de ese grupo, Aitor Esteban, consideró de un “nacionalismo avasallador”, se limitó a decirles que le hubiera gustado que le votaran a favor “porque así tendría algunos votos más”.

Solo si el éxito está asegurado

Así que la incógnita es qué ocurrirá a partir de esta fallida investidura. En todos los partidos dan por supuesto que hasta el 25 de septiembre no se moverá nada a la espera de conocer los resultados en Galicia y País Vasco. Parece que después llegará un nuevo intento y que el candidato a la Presidencia será el mismo. Solo que en el PP admiten que Rajoy, que se ha sometido a regañadientes a una investidura en la que tenía garantizada la derrota, solo pedirá una segunda oportunidad si en esa ocasión sí tiene previamente asegurados los votos suficientes para la reelección.

Y para eso necesitará el apoyo o la abstención de nacionalistas vascos y catalanes —le han faltado seis síes u 11 abstenciones— o la abstención que lleva suplicando desde la noche del 26-J a los socialistas. Si tras las elecciones del 25 de septiembre al PNV no le bastara con el apoyo de los socialistas y precisara el del PP para gobernar en Euskadi, podría modificar su posición en la investidura de Rajoy. Pero la abstención de los nacionalistas catalanes, metidos de lleno en el proceso de desconexión de España, es aún más improbable.

La posibilidad de que sean los socialistas quienes faciliten la investidura también se ha ido alejando en las últimas semanas. Al menos si eso depende de la voluntad de Sánchez, a quien los críticos de su partido ven “enrocado en el no”. De hecho, los líderes territoriales que se oponen al actual secretario general sospechan que a este le tientan unas nuevas elecciones. “Alguien le ha convencido de que Podemos se hundirá y el PSOE mejorará el resultado”, asegura un veterano dirigente socialista. “El problema —añade— es que también el PP mejorará y podría tener mayoría absoluta.”

Rajoy solo irá a una nueva investidura si tiene garantizado el éxito, si no, habrá terceras elecciones

Parte de ese convencimiento deriva de la posición que mantuvieron al menos tres miembros de la ejecutiva del partido, entre ellos Patxi López, en la última reunión de ese órgano en la que afirmaron que “hay que desdramatizar unas terceras elecciones”. También de la negativa de Sánchez y de su núcleo duro a convocar una reunión del comité federal que analice una posible abstención.

Así que mientras Pablo Iglesias trata de convencer al líder socialista para que se sume a una alternativa de izquierdas a Rajoy, los barones socialistas críticos, que piensan que “eso no se atreverá a hacerlo”, buscan la manera de reunir ese comité federal —el máximo órgano de dirección del partido— para “reflexionar” sobre qué hacer ahora. Lo han sugerido en público los presidentes  de la Comunidad Valenciana, Ximo Puig, y de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, y es posible que en las próximas fechas se sumen más barones y notables a la petición.

Los que gobiernan y los que no

Los presidentes autonómicos del PSOE —solo la balear Francina Armengol apoya a Sánchez y un gobierno de la izquierda— apelan a que en esta situación de interinidad política no pueden siquiera elaborar sus presupuestos y han iniciado otra vía argumental que divide más aún a su partido, la de los que tienen responsabilidades de gobierno y los que no.

La realidad es que en vísperas de un congreso del partido en el que se tiene que decidir el liderazgo nadie se atreve a cargar con la responsabilidad de haber facilitado la permanencia de Rajoy en La Moncloa. Y de cómo se resuelva ese pulso interno de los socialistas va a depender la investidura de Rajoy o la convocataria de unas nuevas elecciones. De eso o de los nacionalistas. No hay más alternativas.